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martes, 17 de agosto de 2010

AUGUSTO ROA BASTOS: Cuento, "El trueno Entre las Hojas"

copiado de LA JIRIBILLA  http://www.lajiribilla.cu




El trueno entre las hojas




Augusto Roa Bastos (Asunción, Paraguay, 13 de junio de 1917 - 26 de abril de 2005)








El ingenio se hallaba cerrado por limpieza y reparaciones después de la zafra. Un tufo de horno henchía la pesada y eléctrica noche de diciembre. Todo estaba quieto y parado junto al río. No se oían las aguas ni el follaje. La amenaza de mal tiempo había puesto tensa la atmósfera como el hueco negro de una campana en la que el silencio parecía freírse con susurros ahogados y secretas resquebrajaduras.
En eso surgió de las barrancas la música del acordeón. Era una melodía ubicua, deshilachada. Se interrumpía y volvía a empezar en un sitio distinto, a lo largo de la caja acústica del río. Sonaba nostálgica y fantasmal.
-¿Y eso qué es? -preguntó un forastero.
-El acordión de Solano -informó un viejo.
-¿Quién?
-Solano Rojas, el pasero ciego.
-Pero, ¿no dicen que murió?
-Él sí. Pero el que toca agora e' su la'sánima.
-¡Aicheyarangá, Solano! -murmuró una vieja persignándose.
La mole de la fábrica flotaba inmóvil en la oscuridad. Un perro ladró a lo lejos, como si ladrara bajo tierra. Dos o tres críos desnudos se revolvieron en los regazos de sus madres, junto al fuego. Uno de ellos empezó a gimotear asustado, quedamente.
-Callate, m'hijo. Escuchá a Solano. E'tá solito en el Paso.
El contrapunto de un guaimingüé que rompió con su tañido la quietud del monte, volvió aún más fantasmal la melodía. El acordeón sonaba ahora con un lamento distante y enlutado.
-Así suena cuando no hay luna -dijo el viejo encendiendo su cigarro en un tizón en el que se quemaba un poco de noche.
-La debe andar buscando todavía.
-¡Pobre Solano!


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