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lunes, 27 de enero de 2014

JOSÉ EMILIO PACHECO: poema, "INDESEABLE"


copiado de http://amediavoz.com/pacheco.htm#ALTA TRAICIÓN

INDESEABLE

No me deja pasar el guardia.
He traspasado el límite de edad.
Provengo de un país que ya no existe.
Mis papeles no están en orden.
Me falta un sello.
Necesito otra firma.
No hablo el idioma.
No tengo cuenta en el banco.
Reprobé el examen de admisión.
Cancelaron mi puesto en la gran fábrica.
Me desemplearon hoy y para siempre.
Carezco por completo de influencias.
Llevo aquí en este mundo largo tiempo.
Y nuestros amos dicen que ya es hora
de callarme y hundirme en la basura.


jueves, 16 de enero de 2014

JUAN GELMAN: poema, "Torcazas"

TORCAZAS 

Se pasa de inocente a culpable 
en un segundo. El tiempo 
es así, torcazas 
que cantan en un árbol cansado. 
La carne piensa y no llora. Pensar 
es ver la nada que nota 
en una cucharada de sopa. 
El dolor no se olvida 
de uno. Sombras ahí, 
distancias, superficies, 
olor a sospechas podridas, congojas 
que no mueven los pies. 
El tiempo borra el sudor frío 
del alma y si hace falta el alma. Pega con 
el leve sonido a compañeros 
colgados en la noche, son 
urgentes, hacen 
un país que nadie conoce 
en el camino que empieza 
donde acaba la lengua del empujado. 
Están tendidos en las jaulas 
de la sensación. Hay miedo 
en la memoria prohibida, el sabor 
del día que se distrajo y abre 
de repente los deseos de ayer. Una 
luna enorme finge acompañamientos. Vuela 
la pérdida ojos adentro como 
la longura de un pájaro azul. Los 
compañeros, ¿están despiertos para 
que pregunte quién soy? ¿No duermen 
en lo que es no es? Las calles 
sucias de amanecer son un error. La 
emoción entre mi vida y 
la conciencia de mi vida 
es una continuidad que no 
me pertenece. Agradezco 
el saltito del pájaro en la rama 
que abriga cuando 
el cuarto que abandono navega 
en sales, brumas, el espanto y 
mi pecho metido en el polvo. 
Y yo al revés.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

JORGE TEILLIER: "En Cualquier Lugar del Mundo", poema.






Salgo de la casa a orillas del río
El cartero me ha traído periódicos de 1935
Saludo a los pescadores a lienza
Llego al Restaurant al aire libre del pueblo
Todos los clientes
Están siempre vestidos de Domingo
Todos se conocen pero nadie saluda a nadie
La iglesia está cerrada a piedra y lodo
Ha vuelto el Astrólogo que escribe en los muros:
"Un sueño sin estrellas es un sueño olvidado"
A lo lejos hay soldados que encienden hogueras
Que empañan la tarde
Ellos pronto empezarán a luchar
Ellos nunca entrarán a este pueblo
Donde nadie ha sido marcado
Llega una procesión de niñas vestidas de Primera Comunión
Que dejan sus muñecas en las sillas vacías
Más tarde aparecen prostitutas de ojos almendrados
Que traen brazadas de flores silvestres
Todas se van
Los basureros recogen las muñecas y las flores
Y en sus carretillas las llevan a los sitios vacíos
Nuestras casas se abren
Entramos solitarios a ellas
Llueve por primera vez sobre la tumba del hermano muerto
Mañana será el mismo día que mañana.


En Antología destartalada

viernes, 29 de noviembre de 2013

ÍTALO CALVINO: Cuento, "La Distancia de la Luna"


La distancia de la luna

por Ítalo Calvino


Hubo un tiempo, según Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujándola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energía.


¡Claro que lo sé!, exclamó el viejo Qfwfq, ustedes no pueden acordarse, pero yo sí. La teníamos siempre encima, a la Luna, desmesurada; en plenilunio noches claras como de día, pero con una luz color manteca, parecía que iba a aplastarnos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuernos tan bajos que parecía a punto de ensartar la cresta de un promontorio y quedarse allí anclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de la de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las órbitas, y la inclinación de no recuerdo qué; además, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los había a cada rato, imagínense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a la otra.

LEER TEXTO COMPLETO:

martes, 19 de noviembre de 2013

WISLAWA SZYMBORSKA, un poema, "Retrato"


copiado de GACETA FCE 

Retrato

Wislawa Szymborska
Traducción de Gerardo Beltrán

Si los elegidos de los dioses mueren jóvenes,
¿qué hacer con el resto de la vida?
La vejez es un abismo
ya que la juventud es la cima.
Yo no me muevo de aquí.
Aunque sea de una pierna seguiré siendo joven.
Me aferro al aire
con una especie de bigotes de ratón.
En esta posición vuelvo a nacer constantemente.
No conozco otro truco.
Pero siempre serán yo:
los guantes mágicos,
el cotillón en cruz de la primera mascarada,
el falsete de los manifiestos juveniles,
el rostro del sueño de la costurera con el crupier,
los ojos arrancados que me gustaba pintar
esparciéndolos como garbanzos desde la vaina,
porque ante este espectáculo temblaban los muslos muertos
de la rana pública.
Sorpréndanse también ustedes.
Sorpréndanse hasta cien toneles de Diógenes,
que le gano en ideas.
Conjuren
un eterno comienzo.
Esto que tengo en los dedos
son arañas que mojo en la tinta
y arrojo al lienzo.
De nuevo estoy en el mundo.
Florece un nuevo ombligo
en el vientre del artista.

Hans Magnus Enzensberger, dos poemas




EL PRESO

Sepultado en mi carne
hay un hombre con manos de león
de tiernos y formidables ojos
que respira en mi esqueleto
un anciano
que no muere
un niño perseverante
que no teme
sumergido en mi sangre
un preso que obedece
sepultado en mi carne
que espera y desespera
y envía mensajes en clave
tierno y formidable
en mis oídos que zumban
habita entre guijarros ardientes
perseverante como el picapedrero
que no teme
firme y claro como el hielo
que se liberará
con mano de león
y dictará como una sentencia
erguido como un viento potente
que no muere
que respira en mi esqueleto
y que lo destrozará


EL OTRO

Uno que no ríe
que se acongoja
que alza su rostro con piel y pelo bajo el cielo
que hace salir de mi boca palabras rodando
uno que tiene dinero y miedo y un pasaporte
uno que lucha y ama
uno que se mueve
que patalea
pero yo no
yo soy el otro
que no ríe
que no tiene su rostro bajo el cielo
ni palabras en su boca
que es desconocido para sí y para mí
yo no: el otro: siempre el otro
que no vence ni es vencido
que no se acongoja
que no se mueve
el otro
que es indiferente
del que no sé
del que nadie sabe quién es
que no me conmueve
ese soy yo

jueves, 2 de mayo de 2013

GUY DE MAUPASSANT: Cuento, "El Amigo Paciencia".


copiado de http://www.jornada.unam.mx/2013/04/28/sem-guy.html

Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 28 de abril de 2013 Num: 947

 
El amigo
Paciencia
Guy de Maupassant

Max Ernst, collage para Una semana con Sade
Críticos y estudiosos coinciden en que es un clásico, pero no abundan en otros juicios. Existe como un velado o doloroso pudor alrededor del escritor. Provenía de familia de alcurnia venida a menos, y trabajó en los ministerios de Marina y de Educación por varios años, hasta que se dedicó por completo a escribir. Contemporáneo de Chéjov, Mauppassant escribió más de trescientos cuentos en todos los géneros, la mayoría publicados en los periódicos Gil Blas y Le Gaulois. Familiar y discípulo de Flaubert, por su conducto trabó amistad con Turguéniev y Zola. Autor también de varias novelas, sus cuentos constituyen la parte más significativa de su obra y son muchos los atributos de su literatura, en la que domina la ironía y cierto pesimismo. Tuvo una vida breve y brillante. Su hermano Hervé murió en un manicomio y el mismo Guy intentó suicidarse en 1892. Su muerte fue atroz, pero antes padeció los estragos de la cruel enfermedad (sífilis) que lo abatió. En julio próximo se cumplirán ciento veinte años de su muerte. El cuento pertenece a una especie que usualmente envejece temprano. “El amigo Paciencia”,
sin embargo, conserva todos los elementos que lo mantienen actual y bien puede ser uno de los más representativos de Mauppassant.
L.A.
El amigo Paciencia
¿Sabes qué fue de Leremy?
Es capitán en el 6º de Dragones.
¿Y Pinson?
Subprefecto.
¿Racollet?
Murió.
Buscamos otros nombres que recordasen nuestra juventud, calados con quepí y galones de oro. A poco, habíamos repasado a varios camaradas barbudos, calvos, casados, padres de varios niños y esos recuerdos nos produjeron escalofríos desagradables, mostrándonos qué corta es la vida, cómo todo pasa, cómo cambia todo.
Continúa mi amigo, ¿y Paciencia, el gordo Paciencia? 
Emití una especie de rugido.
¡Ah! Paciencia... Escucha esto... Hace cosa de cuatro o cinco años me hallaba en Limoges, en un viaje de inspección. Aguardaba la hora de cenar sentado en el gran café de la plaza del Teatro y me aburría sin remedio. Los comerciantes entraban en grupitos de dos, de tres o cuatro, bebían ajenjo o vermut, conversaban en voz alta de sus asuntos y de los ajenos y reían ruidosamente o bajaban el tono para comunicarse las cuestiones importantes y delicadas.

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martes, 9 de abril de 2013

FAUSTO ALZATI FERNÁNDEZ: Se fueron. Y seguimos


copiado de AL SERVICIO DE QUIZÁS  http://ataraxiamultiple.blogspot.mx.




Esta es para ustedes, culeros;
los que no regresaron.

Y va porque va, compas,
porque
tuve que abrazar el cuerpo entumido de sus madres,
temer el abismo terrenal de sus ojos, ya
sin flama, ni nada que ver
con el curso del mundo. 
Tuve que sostenerles la mano
fría. Y quise
suavizar el gesto congelado en sus caras
-el botox y el trauma maternos-,
porque los extrañan, a ustedes
culeros. Pasar frente al féretro
y no dar crédito
de que aún parecían burlarse con el sarcasmo habitual, y encontrar más
ternura en sus caras del que los supe capaces. Casi demasiado, era. Incrédulo
 ante su semblante final, sin querer admitir
que el opio fuese capaz
de eso: dejarlos
sin chiste. A ti
y a tu linda novia. Como la frase de remate
de una broma pesada; y el tarolazo que nunca llega.

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MANUEL MEJÍA VALERA: "El Discípulo", cuento.



EL DISCÍPULO

de Manuel Mejía Valera

JAVIER DOBLÓ EL PERIÓDICO, MIENTRAS en su cara se esbozaba un gesto de malestar.
   _No es posible, no es posible _murmuró.
   Sabedora de los estados de ánimo de su joven esposo, María Eugenia le interrogó diligente:
   _ ¿Qué pasa, amor mío?
   _Ha muerto el poeta Cyril Marko en un accidente de aviación. Aunque personalmente apenas lo conocí, bien sabes cómo ha influido su poesía y su vida en mi obra. La última vez que lo vi fue cuando viajaba a Europa: parecía inquieto y me extrañó mucho que su esposa y las niñas no fueran a despedirlo.
   _ ¡Qué lamentable! _dijo María Eugenia despreocupada.
   Javier se limpió involuntariamente la húmeda frente. Se puso de pie y como un sonámbulo fue al lavabo. El agua sobre el rostro alivió en algo su angustia. Se acarició la cara delante del espejo. Había que afeitarse antes de hacer cualquier cosa. Después iría al trabajo. La compañía de sus amigos, y quizá unos tragos, le harían bien.
   Javier frecuentó los bares, durante meses, incapaz de ocuparse de nada. Al comienzo le brindaron una atención entusiasta: entre prosaico y lírico, relataba los infortunados azares de su maestro muerto. Pero la atención de los otros tocó sus límites, y a poco Javier advirtió un ir y venir silencioso, y cierto día la deserción total de sus oyentes.
   Para escapar de aquel estado _y aconsejado por uno de sus amigos, que como todos se aburría escuchando a diario el tema obsesivo_  decidió escribir la biografía del maestro.
   María Eugenia asistía con alarma a esta etapa febril de su esposo, confinado en la luminosidad gris y apagada de su escritorio.  
   _Me parece que lo estoy perdiendo_  le confesó a una amiga.
   Entretanto, la exhumación de documentos, encuestas, entrevistas, cartas, colmaban el tiempo de Javier, al paso que le revelaban coincidencias extrañas: nacidos el mismo día, aunque con quince años de diferencia (según el horóscopo ambos estaban regidos por Capricornio), sus años de infancia, su temprano interés por la poesía, la edad en que publicaron su primer libro (a los diecinueve años), su inclinación por el alcohol, la fecha de matrimonio, el mismo número de hijas, establecían entre Javier y el poeta biografiado una coincidencia singular. Una colección de fotografías comprobó el sorprendente parecido físico entre ambos poetas. Desde luego, esto agudizó la pasión de Javier en su tarea. 

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miércoles, 3 de abril de 2013

BLAS DE OTERO: 5 POEMAS SELECTOS


copiado de A MEDIA VOZ   http://www.amediavoz.com/otero

AIRE LIBRE
 
Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles...
También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.
Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de los tundras
y las medallas de los similares,

salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.

 AQUÍ TENÉIS, EN CANTO Y ALMA, AL HOMBRE...
 
Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad.  Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.

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viernes, 29 de marzo de 2013

FLANNERY O'CONNOR: "El Tren" (cuento)





De tanto pensar en el camarero casi se había olvidado de la litera. Le tocaba una de arriba. El hombre de la estación había dicho que podía darle una de las de abajo y Haze le había preguntado si no tenía de las de arriba. Al acomodarse en el asiento, Haze se había fijado en que, encima de su cabeza, el techo era redondeado. Ahí estaba la litera. Bajaban el techo y ahí estaba, y para subirte tenías que usar una escalera. No había visto ninguna escalera por ahí; supuso que las guardarían en el armario. El armario estaba justo por donde se entraba. Cuando se subió al tren había visto al camarero de pie, delante del armario, poniéndose la chaqueta del uniforme. Haze se había parado justo en ese instante, justo donde estaba.
La forma en que movía la cabeza era igual, y la nuca era igual, y el brazo lo tenía igual de corto. Se apartó del armario y miró a Haze, y Haze le vio los ojos y eran iguales; eran idénticos... así, de entrada, idénticos a los del viejo Cash, pero después eran diferentes. Se volvieron diferentes mientras los miraba; se endurecieron por completo.
—¿A... a qué hora bajan las camas? —farfulló Haze.
—Falta mucho todavía —contestó el camarero, y volvió a buscar otra vez dentro del armario.
Haze no supo qué más decirle. Se fue para su compartimento.
El tren era ahora una mancha gris que avanzaba rauda dejando atrás atisbos de árboles, campos veloces y un cielo inmóvil que se oscurecía mientras se alejaba. Haze reclinó la cabeza en el respaldo y miró por la ventanilla, la luz amarillenta del tren lo bañaba con su tibieza. El camarero había pasado dos veces: dos veces hacia atrás y dos veces hacia delante, y la segunda vez que había pasado hacia delante le había echado a Haze una mirada severa, y luego había seguido su camino sin decir nada; Haze se había dado la vuelta para verlo marchar tal como había hecho la vez anterior. Hasta su forma de andar era igual. Todos los negros de la quebrada se parecían. Eran unos negros de un tipo muy personal, pesados y calvos, pura roca. En sus tiempos, el viejo Cash había pesado noventa kilos, sin un gramo de grasa, y no levantaba más de metro cincuenta y cinco del suelo. Haze quería hablar con el camarero. ¿Qué le comentaría el camarero cuando él le dijese: «Soy de Eastrod»? ¿Qué le diría él?

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jueves, 28 de marzo de 2013

CHINUA ACHEBE HA MUERTO: Las letras africanas y del mundo están de luto


copiado de REBELIÓN  http://www.rebelion.org


Ha muerto un titán de las letras africanas: Chinua Achebe
The Guardian

Traducido para Rebelión por LB.

Chinua Achebe, fallecido [el pasado 21 de marzo] a los 82 años de edad, fue el novelista más conocido de África y el padre fundador de la ficción africana. La publicación en 1958 de su primera novela, Things Fall Apart (Todo se desmorona), no sólo impugnó los relatos europeos de temática africana sino que desafió las creencias tradicionales sobre la forma y función de la novela. Su creación de un híbrido que combina los modos orales y literarios y su remodelación del idioma inglés para transmitir voces y conceptos ibo, estableció un modelo y sirvió de inspiración a otros novelistas en todo el continente africano.
Las cinco novelas y los relatos breves que publicó entre 1958 y 1987 ofrecen una crónica de la turbulenta historia de Nigeria desde el comienzo de la dominación colonial británica. Asimismo, crean una serie de vívidos personajes que buscan de diferentes maneras tomar el control de su propia historia. Como editor fundador de la influyente serie Heinemann de escritores africanos, supervisó la publicación de más de 100 textos que permitieron que la buena literatura escrita por autores africanos fuera accesible en todo el mundo en ediciones asequibles.
Nacido Nigeria oriental en la aldea tradicional ibo de Ogidi unos 40 años después de la llegada a la región de los primeros misioneros, Achebe fue bautizado como Albert Chinualumogu por sus padres convertidos al cristianismo. Más tarde, en un ensayo autobiográfico titulado Named for Victoria, Queen of England, contó cómo también él, igual que la reina Victoria, "perdió su Albert".

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lunes, 21 de enero de 2013

JUAN CARLOS ONETTI: "Jacob y El Otro"


copiado de MATERIAL DE LECTURA  http://www.materialdelectura.unam.mx


Jacob y el otro
 
1. Cuenta el médico

Media ciudad debió haber estado anoche en el Cine Apolo, viendo la cosa y participando también del tumultuoso final. Yo estaba aburriéndome en la mesa de poker del club y sólo intervine cuando el portero me anunció el llamado urgente del hospital. El club no tiene más que una línea telefónica; pero cuando salí de la cabina todos conocían la noticia mucho mejor que yo. Volví a la mesa para cambiar las fichas y pagar las cajas perdidas.

Burmestein no se había movido; baboseó un poco más el habano y me dijo con su voz gorda y pareja:

—En su lugar, perdone, me quedaría para aprovechar la racha. Total, aquí mismo puede firmar el certificado de defunción.

—Todavía no, parece —contesté tratando de reír. Me miré las manos mientras manejaban fichas y billetes; estaban tranquilas, algo cansadas. Había dormido apenas un par de horas la noche anterior, pero esto era ya casi una costumbre; había bebido dos cognacs en esta noche y agua mineral en la comida.

La gente del hospital conocía de memoria mi coche y todas sus enfermedades. Así que me estaba esperando la ambulancia en la puerta del club. Me senté al lado del gallego y sólo le oí el saludo; estaba esperando en silencio, por respeto o por emoción, que yo empezara el diálogo. Me puse a fumar y no hablé hasta que doblamos la curva de Tabarez y la ambulancia entró en la noche de primavera del camino de cemento, blanca y ventosa, fría y tibia, con nubes desordenadas que rozaban el molino y los árboles altos.

—Herminio —dije—, ¿cuál es el diagnóstico?

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sábado, 19 de enero de 2013

OCTAVIO PAZ: "Los Reinos de Pan"







La realidad sensible siempre ha sido para mí una fuente de sorpresas. También de evidencias. En un lejano artículo de 1940 aludí a la poesía como el testimonio de los sentidos. Testimonio verídico: sus imágenes son palpables, visibles y audibles. Cierto, la poesía esta hecha de palabras enlazadas que despiden reflejos, visos y cambiantes: ¿lo que nos enseña son realidades o espejismos? Rimbaud dijo: Et j'ai vu quelquefois ce que L'homme a cru voir. Fusión de ver y creer. En la conjunción de estas dos palabras esta el secreto de la poesía y el de sus testimonios: aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio. El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo. Los sentidos, sin perder sus poderes, se convierten en servidores de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible. ¿No es esto, por lo demás, lo que ocurre en el sueno y en el encuentro erótico? Lo mismo al sonar que en el acoplamiento, abrazamos fantasmas. Nuestra pareja tiene cuerpo, rostro y nombre pero su realidad real, precisamente en el momento más intenso del abrazo, se dispersa en una cascada de sensaciones que, a su vez, se disipan. Hay una pregunta que se hacen todos los enamorados y en ella se condensa el misterio erótico: ¿quien eres? Pregunta sin respuesta... Los sentidos son y no son de este mundo. Por ellos, la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes.

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viernes, 11 de enero de 2013

LOS SIETE SUEÑOS: Cuentos mayas de Feliciano Sánchez Chan (español/maya)


copiado de OJARASCA   http://www.jornada.unam.mx

Los siete sueños   
Feliciano Sánchez Chan
 
Sueño primero
(El origen) Soy la Ceiba Sagrada
donde penden tus hijos madre,
si los reclamas a ti
antes que sus granos sazonen.
Soy la vértebra que une
las trece capas del cielo
y los nueve niveles del inframundo
donde transitan los espíritus.
Soy los senos de tu hija, madre
donde amamanta el anciano
que riega sus canas
en los cuatro rumbos
del universo,
y camina desnudo
por tus cielos
para que lo arropes
con tus lágrimas
A mí encomendaste
la vida de tus hijos, madre
en mi tronco se ve
la marca de sus pies.
Soy la Ceiba,
soy la Ceiba Sagrada.
YÁAX WAYAK'
(U káajbal) Teen le kili'ich X-ya'ache'
tu'ux ku ch'uytal a paalal
wa ka bisiko'ob ta wiknal
ma'ayli' k'anak
u yi'ijo'obo'o in na'.
Teen a baakel nupik
óoxlajun u yáalal ka'an
yetel bolon u yáalal metnal
tu'ux ku xíimbal pixano'ob.
Teen u yiim a x-lóo'bayan aal
tu'ux ku chu'uch le nuxib
ku jayik u sakil u pool
tu kanti'itzil yóok'ol kaab,
yetel ku xíimbal chaknuul
ta ka'anil ti'al ka' a búukt
yetel u ja'il a wicho'ob
Ti' teen a k'ubeetmaj
u kuxtal a paalal in na',
ti' yaan u pe'echak'o'ob tin nak'e'
teen X-ya'axche'
teen kili'ich X-ya'axche'.

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miércoles, 2 de enero de 2013

ALBERTO MORAVIA: "El amante rechazado", cuento.


copiado de http://www.ciudadseva.com

El amante rechazado
[Cuento: Texto completo]
Alberto Moravia
La calle se mostraba como una especie de túnel bajo una bóveda de diminuto y plumoso follaje verde y amarillo. Sostenían esta nube de hojas otoñales determinados árboles cuyos troncos eran de una negrura violenta y como carbonizada, que parecían empapados por toda la lluvia de los días anteriores. Innumerables hojas verdes y amarillas derribadas por el agua sobre el pellejo negro y graso del asfalto habían quedado adheridas haciéndolo parecer manchado como la piel de la pantera. En un sitio se había formado un gran montón de esas hojas; el verde y el amarillo, mezclándose y reluciendo por el agua, daban la ilusión de un oro copioso vomitado por la rotura de un cofre; y era una extraña visión, casi digna de ser deplorada como una gran riqueza inexplicablemente abandonada y despreciada. Yo no padecía, pero sabía que si hubiese tenido un dolor aquellos colores tan fuertes me habrían hecho sufrir, como todo detalle de excesiva evidencia al que una sensibilidad herida atribuye inmediatamente un significado. Así, en cuanto salimos de la casa, le hice notar a Livio el color de esas hojas y de esos troncos. Pero él meneó la cabeza y contestó que no tenía la mente como para eso. A continuación, con un tono suplicante, me pidió que no lo dejara: quería estar conmigo algo más.
Empezamos a caminar delante y atrás sobre aquellas hojas, a lo largo de aquellos troncos en el aire ahumado y azulado del crepúsculo otoñal. 

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MAX AUB: "Hablaba y hablaba", minicuento


copiado de BIBLIOTECA DIGITAL CIUDAD SEVA  http://www.ciudadseva.com

Hablaba y hablaba...

[Minicuento. Texto completo]

Max Aub

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.
FIN

miércoles, 19 de diciembre de 2012

KJELL ASKILDSEN: "Allí está enterrado el perro" (narrativa noruega)



26 de abril de 2012 ·





El invierno soltó sus garras a principios de marzo. Llegó un viento templado, casi cálido, del sudeste y la nieve, que reposaba en una capa muy gruesa desde antes de Navidad, se desplomó y derritió.
Un viernes por la tarde, tres días después del cambio de tiempo, Jakob E. agarró una pala de nieve del garaje y fue hacia la parte posterior de la casa. Se puso a quitar la nieve de la trampilla del sótano. Las últimas dos o tres veces que había bajado allí, había notado un vago aunque desagradable olor, cuyo origen no era capaz de explicarse. Ahora tenía la intención de abrir la trampilla y la puerta del sótano y ventilarlo todo bien tras el invierno.
Cuando al cabo de un rato dejó la pala y abrió la trampilla, se topó a la vez con la visión y el olor. Dio un grito, soltó el asa, y la trampilla volvió a caer en su sitio con un gran estruendo. Gritó otra vez, se estremeció y dio unos rápidos pasos hacia atrás, como si alguien lo estuviera persiguiendo.
Poco a poco fue disminuyendo el pánico y pensó: Eso es imposible. Clavó la mirada en la trampilla del sótano y siguió pensando: Eso es imposible. Un perro muerto, es imposible.
Pero allí estaba el pestilente y descompuesto cuerpo de un gran perro de pelo negro. Tendría que hacer algo con él, pero no sabía qué.

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sábado, 15 de diciembre de 2012

EL KALÉVALA: La Epopeya Nacional de Finlandia


LA EPOPEYA NACIONAL DE FINLANDIA


Versión castellana  de ALEJANDRO CASONA
EDITORIAL  LOSADA, S.  A.

ISBN: 950-03-0412-0
Diseño de tapa: ALBERTO DIEZ
Digitalizado por Anelfer
Octubre 2002

PRÓLOGO

El Kálevala —título que significa la tierra de los héroes— es el poema nacional de Finlandia. Estricta­mente es una colección de cantares épicos tradiciona­les, reunidos bajo apariencia de poema. Su origen se remonta a los siglos VI a XIV, desde que los hombres de lengua finesa se establecieron en el territorio que hoy se llama Finlandia hasta la invasión de los suecos. Desde luego, al transmitirse de siglo en siglo, estos cantos sufrían alteraciones, pero en conjunto repre­sentan bien aquella época lejana.
El idioma de Finlandia pertenece a la familia finno-úgrica, muy distinta de la indo-europea, cuyas lenguas ocupan la mayor parte del territorio de Europa y parte del de Asia (principalmente la India, la Persia, la Ar­menia, la Siberia). Los principales representantes del grupo finno-úgrico, cuyos orígenes se sitúan hipotéti­camente en la cuenca del Volga, son —además del fin­landés— el estonio, el lapón y el húngaro. El finlandés recibe desde el final de la Edad Media la influencia del sueco: conquistada Finlandia por Suecia, se impone allí como oficial el idioma de la nación dominadora y se difunde como medio de expresión literaria; pero la lengua popular se mantuvo, y a ella se tradujo la Bi­blia desde el siglo XVI. En los campos, sobre todo, persistían los viejos cantos del pueblo finlandés, y apa­recían siempre nuevos poetas.
En 1822, Zacharias Topelius recogió y publicó unos pocos cantares finlandeses sobre las leyendas de los hijos de Káleva (Finlandia). Después, el doctor Elías Lönnrot se dedicó a reunir todos los cantares sobre esas leyendas: para ello recorrió el país, penetrando hasta regiones muy apartadas, durante varios años, desde 1828; después los organizó en serie, de manera que constituyesen una especie de poema, y con el título de Relévala los publicó en 1835. La importancia de esta publicación fue tal, que en Finlandia se celebra como fecha fausta el 28 de febrero, día en que circularon los primeros ejemplares del libro de Lönnrot. Desde ese momento, el idioma finlandés adquirió prestigio litera­rio en las ciudades, y los hijos del país se dedicaron a su cultivo, abandonando en parte el sueco. La moderna literatura finlandesa, data, pues, de la publicación del Kálevala.
En la primera forma que le dio Lönnrot, el poema contenía 12.000 versos, divididos en doce runos o can­tos. Pero el gran folklorista no se detuvo ahí: continuó recogiendo cantares, y en 1849 publicó una nueva edi­ción, ampliada hasta 22.793 versos, divididos en cin­cuenta runas. Después de la muerte de Lönnrot, A. V. Forsman publicó una edición en 1887 con adiciones nuevas.
El Kálevala está escrito en versos de ocho sílabas; no tienen rima, pero sí aliteración, o sea repetición de fonemas iniciales o importantes dentro de cada verso; además, se emplea el paralelismo de imágenes o de ideas.
La versión que damos aquí, en traducción del dis­tinguido escritor D. Alejandro Casona, procede de la síntesis hecha por Charles Guyot (París, 1926) sobre la base de la traducción francesa del doctísimo Léouzon Le Duc (1868).

I

EL MARAVILLOSO NACIMIENTO DE WAINAMOINEN


He aquí que en mi alma se despierta un deseo, que en mi cerebro surge un pensa­miento: quiero cantar, quiero modular mis palabras entonando un canto nacional, un canto familiar. Las frases se derriten en mi boca, los discursos se atropellan; desbordan mi lengua, se expanden alrededor de mis dientes.
Antaño, mi padre me ha cantado esas mismas palabras tallando el mango de su hacha; mi madre me las enseñó haciendo girar el huso. Yo entonces no era más que un niño, una pobre criatura inútil que se arrastraba por el suelo a los pies de la no­driza, con la barbilla goteante de leche. Pero hay otras palabras además: palabras que yo he recogido en las fuentes de la ciencia, encontrado a lo largo de los cami­nos, arrancado entre las malezas, desgajado de los árboles en las altas ramas y amon­tonado al borde de los senderos, cuando en mi infancia iba a guardar los rebaños entre los pastizales con arroyos de miel y las co­linas de oro.
También el frío me ha cantado versos y la lluvia me trajo sus runas[1]; los vientos del ciclo y las olas del mar me han hecho oír su poema; los pájaros me enseñaron su trino, y los árboles desmelenados me han invitado a sus conciertos.
¡Sí! Yo cantaré un canto magnífico, un canto espléndido, cuando haya comido el pan de centeno y haya bebido la áspera cer­veza. Y si la cerveza me falta, mi lengua seca invocará al rocío; y cantaré para ale­grar la noche, para celebrar el esplendor del día. ¡Cantaré hasta la aurora para bri­zar la salida del sol!

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lunes, 10 de septiembre de 2012

NOCHE EN EL TREN, cuento de Jorge López Páez

copiado de LITERATURA UNAM  http://www.materialdelectura.unam.mx


Noche en el tren


               ¿Entra en el torso del tren, con su silbido. Un
               espectro anacrónico. Duele como una flecha,
               ciega y sin rumbo, un mal recuerdo. Pero
               luego se pierde su voz a la distancia y se
               vuelve indoloro.

EDUARDO LIZALDE

Para Eduardo Lizalde


El ambiente en la casa se hizo tenso. En una ocasión, al llegar yo interrumpió mi padre una llamada telefónica. Después sorprendí a mi papá pensativo, con el ceño fruncido. No duró esta situación más de una semana. El domingo, antes de que saliéramos, nos llamó mi padre a todos los hermanos. En esta ocasión no se sentó frente a nosotros, como solía hacerlo cuando había un problema que discutir, ni tampoco estuvo presente mi madre, sino que, paseándose por la estancia, nos informó que mi madre, a su edad, estaba embarazada, con problemas graves, y sería necesario practicarle un aborto, el cual presentaría riesgos. Dos días después iba a ser operada. A la mañana siguiente iba a llegar de Guadalajara el abuelo Carlos; deberíamos ir Gabriel, mi hermano mayor, y yo a recogerlo a la estación del ferrocarril. Tendríamos a nuestra disposición el coche de papá. Rosaura, nuestra hermana, tendría que irse a su escuela en lo que pudiera. Después nos exhortó a actuar con naturalidad, a prescindir en esos días de nuestras actividades sociales, ya que se necesitarían los esfuerzos de todos y cada uno. También tendríamos la ayuda de sus cuñadas, o sea nuestras tías, quienes ya tenían sus permisos en sus respectivos trabajos para no asistir.
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