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lunes, 23 de enero de 2012

FRANCISCO GOITIA: Algunos cuadros de este gran pintor mexicano.





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sábado, 17 de diciembre de 2011

EL ARTE EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA: NUESTROS MURALISTAS

copiado de MONTSERRAT: HISTORIA Y ARTE  http://historiarte-montserrat.blogspot.com

“El arte en la Revolución Mexicana: Nuestros Muralistas”
El desarrollo de la cultura y el arte mexicano durante el siglo XX estuvo indisolublemente ligado al movimiento armado de la Revolución Mexicana que no solo provocó profundos cambios políticos al terminar con la dictadura de Porfirio Díaz, también hizo posible la transformación de la sociedad mexicana. Las manifestaciones de este cambio se reflejaron prácticamente en todos los aspectos de la vida social de nuestro país y de manera muy explícita en las expresiones artísticas y culturales.
La Revolución (1910-1921) marca un periodo fundamental en la historia moderna de México. Los gobiernos que siguieron a la lucha armada se llamaban a si mismos “revolucionarios” porque proclamaron que ellos eran los depositarios y continuadores de los logros de la Revolución: Justicia Social, Participación del Pueblo en las Decisiones Políticas, Repartición de Tierras de Latifundios, Alternancia política, Lucha por la Independencia y Soberanía Económica, Mejoría en la Vida Laboral, entre otros.
Durante y después de la Revolución Mexicana se elaboraron imágenes plásticas que representan la lucha revolucionaria, sus logros o a los protagonistas de la contienda (Emiliano Zapata es uno de los mas retratados, pero también hay imágenes de Pancho Villa, Francisco I. Madero y otros). Sin embargo, no todas estas imágenes dicen lo mismo. Cada pintor tuvo su propia opinión de la Revolución según la experiencia que vivió durante esa época, y de acuerdo a la posición política y social en que se ubicó durante y después de 1921.
Hubo artistas que fueron testigos presenciales de la lucha revolucionaria (como José Clemente Orozco y Francisco Goitia), y hubo otros que no la vivieron porque estaban estudiando o viviendo fuera de México (como Diego Rivera). Algunos artistas se interesaron y se unieron a las causas populares que surgieron durante la lucha, otros no se identificaron con ellas y creían que el pueblo era manipulado por los caudillos. Unas cuantas imágenes revolucionarias se pintaron durante los años de lucha, pero la mayoría de ellas se realizaron una, dos, tres o mas décadas después de concluido el conflicto. En general, las obras contemporáneas a la lucha son más trágicas y desesperanzadas que aquellas que se hicieron posteriormente, en donde se idealizan algunos aspectos.
Finalmente, como en la escritura de la historia, cada artista tuvo su propia interpretación política, social o filosófica de lo que significó la Revolución para los mexicanos. Por ello, así como usamos fuentes documentales para estudiar este periodo de nuestra historia, así también podemos valernos de las imágenes artísticas para mostrar las distintas aproximaciones, en diferentes tiempos, a este mismo episodio histórico.

Analizaremos la vida y obra de los siguientes Muralistas Mexicanos:
a)      José Guadalupe Posada
b)      Gerardo Murillo
c)       Francisco Goitia
d)      José Clemente Orozco
e)      David Alfaro Siqueiros
f)       Diego Rivera
g)      Leopoldo Menéndez
h)      Fernando Castro Pacheco
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lunes, 18 de enero de 2010

FRANCISCO GOITIA: Vida y Obras

biografía y cuadros copiados de http://sepiensa.org.mx

Francisco Bollaín y Goitia García (1881-1960) fue un artista sui generis dentro del panorama cultural mexicano, ya que se mantuvo al margen de las costumbres sociales de su época y de la corriente pictórica oficial. Aunque perteneció a la llamada Escuela Mexicana de Pintura y Escultura —personificada por Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, entre otros—, no participó en el movimiento muralista iniciado en 1922.
La obra de Goitia se distingue de la de otros pintores de su generación por no tener tintes folklóricos ni políticos. Los tópicos más recurrentes de su pintura son el hambre, el tenebrismo, la miseria, la desolación, el aislamiento y el dolor humano.
Dos de las principales cualidades de Goitia eran su clarividencia y su capacidad de plasmar su entorno con realismo. La mayor parte de sus lienzos fueron producto de la contemplación y el análisis profundo de su vida y su entorno, y son un testimonio de varias etapas de la historia de México: la subsistencia de las personas en las haciendas durante el régimen de Porfirio Díaz, la Revolución de 1910, la Posrevolución, la Guerra Cristera y el ambiente cultural de la primera mitad del siglo XX.

Los primeros años de su vida

Francisco Goitia nació el 4 de octubre de 1882, en el rancho de Patillos, que pertenecía a la hacienda de Bañón, en el actual municipio de Fresnillo, Zacatecas. Fue bautizado con el nombre de Francisco por un doble motivo: por haber nacido el día de San Francisco de Asís y porque su padre y abuelo se llamaban del mismo modo. Este hecho fue definitivo porque Goitia siempre se sintió identificado con ese santo italiano.
Goitia fue hijo natural del administrador de una hacienda, Francisco Bollaín y Goitia, y de una sirvienta, doña Andrea Altamira García, a quien el pintor nunca conoció y de la que no se sabe nada. A los pocos días de nacido, el niño fue entregado a la indígena Eduarda Velásquez, quien lo crió en un ambiente rural y profundamente religioso que lo marcaría de por vida.
En ese lapso se arraigó su identificación con los indígenas y los indigentes, su religiosidad y su amor por la naturaleza. Estos elementos se evidencian en su obra y en la forma de vida que eligió siempre.
Goitia expresó de forma muy bella su amor por la naturaleza en pinturas como Manantial con árboles, Arboledas, Paisaje de Patillos y en el único manuscrito autobiográfico que se conoce: “Sin sospecharlo de mi parte, Patillos, con sus manantiales de agua rumorosa y la espesura de su bosque, había depositado en el subconsciente de mis primeros años el tesoro de un amor profundo por la Naturaleza [...] en aquellos días memorables [de mi infancia], a la hora del crepúsculo me sentía conmovido ante las grandes charcas de aguas inmóviles bordeadas de sauces. Comenzaban a nacer mis sueños quizá.”

* Artículo publicado originalmente en la revista Desarrollo académico (UPN), año 12, mayo-agosto de 2004, no. 33.




OBRAS 


Manantial con árboles


Arboledas



Paisaje de Patillos 


Bodegón




Ruinas del Foro de Roma




Patio de la Universidad de Barcelona




El Papa Inocencio III 


Baile de la revolución



La bruja



El ahorcado



El desesperado 

Indio triste



Muchacha indígena con chal bordado




Danza indígena




El velorio




Niño indígena sentado




Pirámide del Sol de Teotihuacan 


El viejo en el muladar



Esclavo en guiñapos




Caballo famélico