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domingo, 21 de marzo de 2010

DON BENITO JUÁREZ GARCÍA ( 21 DE MARZO DE 1806-18 DE JULIO DE 1872): Don Benito, México y América Latina te necesitan hoy más que nunca.




DON BENITO JUAREZ GARCIA

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Don Benito Juarez, nació en San Pablo Guelatao, Oaxaca, el 21 de Marzo de  1806. Sus padres fueron: Marcelino Juârez y Brígida García.

De extracción indígena, habló solamente zapoteco durante gran parte de su niñez.

En la ciudad de Oaxaca, vivió con su hermana Josefa, quien servía en la casa de don Antonio Maza.

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Estudió en el Seminario de Santa Cruz, único plantel de secundaria que existía en Oaxaca.

Posteriormente, Juárez estudió Derecho en el Instituto de Ciencias y Artes.

Fue regidor del Ayuntamiento de Oaxaca en 1831 y diputado local en 1833.

Durante algún tiempo, vivió de su profesión, defendiendo comunidades indígenas.

Al ser derrocado de la presidencia el general Paredes Arrillaga, Juárez resultó electo diputado federal, y le correspondió aprobar el préstamo que Gómez Farías había solicitado a la Iglesia (1847) para financiar la guerra contra Estados Unidos de América.

Como gobernador de su estado natal (1847) procuró el equilibrio económico y realizó obras públicas: caminos, fundación de Escuelas Normales, levantamiento de una carta geográfica y del plano de la ciudad de Oaxaca; reorganizó la Guardia Nacional y dejó excedentes en el tesoro.

Al volver Santa Anna al poder, muchos liberales, entre ellos Juárez, fueron desterrados.

Juárez se fue a Nueva Orleans, donde, sin descuidar su actividad política, desempeñó diversos oficios para ganarse la vida.

Mientras tanto en México,se proclamó el Plan de Ayutla,que desconocía a Santa Anna como presidente.

Al caer Santa Anna y llegar Juan Alvarez a la presidencia, nombró a Juárez Ministro de Justicia e Instrucción Pública (1855). Desde este ministerio, expidió La Ley sobre Administración de Justicia y Orgánica de los Tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios (Ley Juárez), con la que fueron abolidos los fueros, privilegios que tenían los militares y el clero por encima de otras personas.

Desde este ministerio, expidió La Ley sobre Administración de Justicia y Orgánica de los Tribunales de la Nación, del Distrito y Territorios (Ley Juárez), con la que fueron abolidos los fueros, privilegios que tenían los militares y el clero por encima de otras personas.

Nombrado gobernador de Oaxaca, convocó a elecciones; como resultado de ellas, fue reelecto.

Benito Juarez, promulgó en su estado la Constitución de 1857.

Se le nombró ministro de Gobernación (1857) y posteriormente fue elegido presidente de la Suprema Corte de Justicia, durante el gobierno del presidente Comonfort. Al desconocer Comonfort la Constitución de 1857, y dar un golpe de Estado, encarceló a diversos ciudadanos, entre ellos Juárez.

Este acto de Comonfort desencadenó la Guerra de Reforma. Al ser liberado (11 de enero de 1858), Benito Juarez, asumió la presidencia en Guanajuato por ministerio de ley.

En julio de 1859, con apoyo del grupo liberal, expidió las Leyes de Reforma, que declaraban la independencia del Estado respecto de la Iglesia, la ley sobre matrimonio civil y sobre registro civil; la de panteones y cementerios, y el paso de los bienes de la Iglesia, a la nación.

Benito Juarez , murió el 18 de Julio de 1872.

Algunas de sus frases mas conocidas fueron:

  • “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.”

  • “Nada de contemporizaciones con los hombres viciados y con los que se han acostumbrado a hacer su voluntad como moros sin señor.”

  • “Siempre he procurado hacer cuanto ha estado en mi mano ,para defender y sostener nuestras instituciones. He demostrado en mi vida pública, que sirvo lealmente a mi patria y que amo la libertad. Ha sido mi único fin proponeros lo que creo mejor para vuestros más caros intereses, que son afianzar la paz en el porvenir y consolidar nuestras instituciones.”

  • “El principio de no intervención es una de las primeras obligaciones de los gobiernos, es el respeto debido a la libertad de los pueblos y a los derechos de las naciones”.

  • “El gobierno tiene el sagrado deber de dirigirse a la Nación, y hacer escuchar en ella la voz de sus más caros derechos e intereses”.

  • “Mi deber, es hacer cumplir la ley, no sólo con medidas del resorte de la autoridad, sino con el ejemplo, para atentar a los que con un escrúpulo infundado se retraían de usar el beneficio que les concedía la ley”.

  • “Como hijo del pueblo, nunca podría olvidar que mi único fin, debe ser siempre su mayor prosperidad”.

  • “Libre, y para mi sagrado, es el derecho de pensar… La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos”.

  • “Bajo el sistema federativo, los funcionarios públicos, no pueden disponer de las rentas sin responsabilidad.

  • “No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala”.

  • “Los hombres no son nada, los principios lo son todo”.

jueves, 18 de marzo de 2010

Jan van Eyck, Massaccio, Durero, Alonso Sánchez Coello, Artemisia Gentileschi, Bernini, Rembrandt, Fragonard, David,Gustav Klimt: Diez maneras de expresarse el alma humana a través del Arte de la Pintura durante 500 años.



El decálogo del Arte 2


MassaccioLa Trinidad (1425?-1428?)
Artemisia GentileschiJudith decapitando a Holofernes (h.1620)
BerniniEl éxtasis de Santa Teresa (1647-1651)
Gustav KlimtEl beso (1907-1908)

domingo, 7 de marzo de 2010

GRANDES DISCURSOS: MARTIN LUTHER KING, CHE GUEVARA, FIDEL CASTRO, SALVADOR ALLENDE


MARTIN LUTHER KING: I HAVE A DREAM



FIDEL CASTRO RUZ SOBRE LA REVOLUCIÓN Y POR LA MUERTE DEL CHE






CHE GUEVARA EN LA O.N.U.



SALVADOR ALLENDE ANTES DE MORIR ASESINADO


sábado, 6 de marzo de 2010

HOWARD ZINN SE HA IDO: Oh, Diosito, ¡te estás llevando a muchos buenos hijos tuyos!¿Qué vamos a hacer sin Zinn, sin Carlos Montemayor?Aquí, los que dicen representarte se andan encargando de acosar a niños, apoyar a gobiernos opresores, a apoyar a terratenientes a quitarle la tierra a los campesinos. ¡Ten piedad de nosotros!

tomado de LA JORNADA  www.jornada.unam.mx


La cultura, único lugar donde la gente goza de alguna libertad: legado de Howard Zinn
La comunidad artística estadunidense lo recuerda como si uno de los suyos hubiera fallecido
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 6 de marzo de 2010, p. 32
Nueva York, 5 de marzo. La amplia gama de reconocidos artistas estadunidenses que expresaron su pésame por el fallecimiento del historiador Howard Zinn –desde el actor Matt Damon al músico Eddie Vedder (vocalista de Pearl Jam); la autora Alice Walker (de la novela El color púrpura) o la actriz Jane Fonda, entre decenas más– constató su enorme impacto sobre el mundo cultural y la admiración que generó entre actores, músicos, escritores y poetas que trabajaron con él o que fueron inspirados por su trabajo.
De hecho, nadie recuerda a otro historiador tan elogiado por artistas, casi como si uno de los suyos hubiera fallecido. Y es que, en cierto sentido, fue uno de ellos: Me gusta llamar arte a lo que hago, declaró alguna vez Zinn, el gran historiador rebelde.
Su famoso texto de historia, A people’s history of the United States(La otra historia de Estados Unidos), ha sido mencionado en películas comoGood Will Hunting (guión de Matt Damon y Ben Affleck premiado con el Óscar), hasta en Los Simpson (donde se muestra a uno de los personajes femeninos leyendo un ejemplar), y sus trabajos han figurado en canciones de Pearl Jam, System of a Down y otros.
Zinn llevó su pasión por la historia al arte. Además de haber sido trabajador en astilleros y después en almacenes industriales en Nueva York, bombardero en la Segunda Guerra Mundial, estudiante, profesor y participante en movimientos por los derechos civiles, contra las intervenciones y por la paz, y autor de unos 20 libros, más ensayos y artículos críticos, también fue dramaturgo, autor de obras de teatro como Marx en Soho y Emma (sobre Emma Goldman).
Al final de su vida se había dedicado a su proyecto The people speak (El pueblo habla), donde diversos artistas, poetas y músicos daban lectura a selecciones de textos de voces rebeldes a lo largo de la historia estadunidense, como también canciones, con Zinn ofreciendo contexto histórico para cada uno, creando así, de algo muy simple, un tipo de obra dramática poderosa. De esto recién se produjo una versión en video que fue transmitida por History Channel y ahora está a la venta como dvd. Los participantes en estos esfuerzos incluyeron actores como Matt Damon, Danny Glover, Josh Brolin, Marisa Tomei, Viggo Mortensen, músicos desde Bob Dylan y Bruce Springsteen hasta Steve Earle, el hiphopero Mos Def y Eddie Vedder, así como varios poetas y hasta cineastas como John Sayles, entre decenas más. Así, su vida concluyó llevando la historia al arte y voces rebeldes hechas contemporáneas por artistas.
“Las artes son el lugar para un tipo de guerra de guerrillas, en el sentido que las guerrillas, en una situación totalitaria, buscan aperturas y oportunidades donde pueden tener algún efecto. Cuando se derrocan las tiranías… todo empieza en la cultura, el único lugar donde la gente goza de alguna libertad. Empieza con literatura y poesía y música, porque no representan amenazas directas al establecimiento. Son sutiles e indirectas, y las autoridades establecidas apuestan a que no llevarán a nada amenazante, pero suelen perder esa apuesta”, comentó en un intercambio con Thom Yorke, de la banda de rock Radiohead, en 2003.
Historiador y rockero, un dueto extraño a primera vista que, conociendo a Zinn, era de lo más natural. El tema siempre era la rebelión contra la imposición del poder, o sea, la esencia del rock.
Comentó: Es cierto que mucho del idioma político es feo. Tenemos que apreciar a escritores políticos cuyo lenguaje es bello, como Arundhati Roy o Barbara Kingsolver, incluyendo aquellos cuyo lenguaje político es chistoso, como Michael Moore. Y es posible reaccionar a tal fealdad diciendo que la música no debería de ser abiertamente política porque perdería su belleza. Pero eso no tiene que ocurrir. Vean a Dylan, muy fuerte políticamente, pero poético.
Indicó que es más difícil para los artistas rebelarse ahora que en la era de Dylan y los Beatles, porque el control por los medios, por el gobierno es abrumador. Más difícil, pero no imposible. Veo a Bruce Springsteen, Eddie Vedder, Ani DiFranco y las Dixie Chicks desafiando a las autoridades y expresándose contra la guerra.
En su libro Artistas en tiempos de guerra, Zinn sugiere que “el papel del artista es transcender la sabiduría convencional, transcender la palabra de las autoridades establecidas, transcender la ortodoxia, de ir más allá y escaparse de lo que dicta el gobierno o lo que dicen los medios… Atreverse a decir cosas que nadie más diría”.
En El arte de la revolución, su prólogo al libro Anarchy and order, de Herbert Read, publicado en 1970, Zinn vincula su interés sobre el anarquismo con el mundo cultural: “El anarquista ve al cambio revolucionario como algo inmediato, algo que debemos hacer ahora mismo, donde estamos, donde vivimos, donde trabajamos. Implica deshacernos de relaciones autoritarias y crueles a partir de ahora mismo. Tal acción revolucionaria no puede ser suprimida como un levantamiento armado. Ocurre en la vida cotidiana, en los huecos... ocurre en cientos de miles de lugares a la misma vez, en familias, en las calles, en los barrios, en lugares de trabajo. Es una revolución de la cultura entera… Tal revolución es un arte. Eso es, requiere la valentía no sólo de resistencia, sino de la imaginación”.
Por todo esto, los artistas sí perdieron a uno de los suyos. Eddie Vedder, de Pearl Jam, escribió en su sitio de Internet:Hemos perdido una verdadera luz brillante y una sabiduría aparentemente sin paralelo. Afortunadamente nos dejó una obra de trabajo tan extraordinaria que será fuente por los siglos venideros.
Agregó que el historiador y escritorfue una fuente verdadera y constante de inspiración para mí e innumerables más. Para mí fue la encarnación verdadera de la esperanza.
Springsteen ha expresado, citado por la revista Rolling Stone, que el texto de historia de Zinn tuvo un enorme impacto sobre mí. Me colocó en un lugar que podía reconocer y que sentía que podía hacer mío... Me hizo sentir que yo tenía un papel en este momento de la historia, como todos, y que este momento de historia era mío... de alguna manera, para hacer lo que pudiera. Me hizo sentir como parte de la historia y me dio vida como participante.
Mi amigo, el gran historiador Howard Zinn, murió en su hotel en Santa Mónica el 27 de enero. Iba a cenar con él el próximo domingo, escribió Fonda en su sitio de Internet, donde dejó un amplia cita de su trabajo.
Dave Eggers, uno de los más influyentes escritores contemporáneos en este país escribió en el sitio de Internet de la revista The New Yorker que “Zinn era la encarnación del término ‘leyenda viviente’ y su efecto sobre cómo percibimos y enseñamos historia no se puede medir… Fue un tipo asombroso; es difícil pensar cómo se verá el paisaje sin él”.
Otros como los hiphoperos Talib Kweli y Q-Tip también expresaron su dolor ante la pérdida, al igual que Jon Stewart, el famoso locutor del noticiero ficticio The Daily Show, quien le dedicó un segmento en su programa. También lo recordó el músico Willie Nelson. Desde raperos, pasando por El Jefe hasta un jefe de country, desde actores de Hollywood a poetas neoyorquinos, estos artistas recuerdan al hombre que los invitó a participar en, y a cambiar, la historia.

BATALLA DEL "CERRO DE SAN PEDRO": Continuará esta batalla hasta el triunfo, en honor de Carlos Montemayor y la Justicia. ¡Fuera la depredadora empresa minera canadiense!


tomado de LA JORNADA   http://www.jornada.unam.mx


Desfiladero
Carta a una mariposa
Jaime Avilés
C
arlos Montemayor estaba en todo. Nada de lo humano le era ajeno. Era experto en disciplinas tan disímbolas y complementarias como la guerra, la poesía, la música y las lenguas vivas, muertas y en vías de extinción. Poeta, novelista, periodista, ensayista, activista, traductor, cantante de ópera, lo mismo daba conferencias magistrales en los salones del Estado Mayor, para explicar a los generales las razones de ser de los movimientos guerrilleros del siglo XX, que fungía como mediador entre el EPR y la Secretaría de Gobernación, participaba en congresos literarios, grababa discos y escribía sin descanso.
Tenía 23 años en 1971 cuando ganó el premio Xavier Villaurrutia por Las llaves de Urgell. Yo acababa de cumplir 19 cuando en 1973 lo conocí en Filosofía y Letras de la UNAM, y lo miraba hacia arriba: ya era un grande. Una mañana me salí de la aburrida clase de un profesor tan orejón y calvo como antipático, que daba Siglo de Oro, para ir a tomar café al Sanborns de San Ángel, con los poetas Marco Antonio Campos, Luis Chumacero (hijo de Alí), los cuentistas Carlos Chimal y Bernardo Ruiz, y desde luego Montemayor.
Quizá porque a pesar de sus tempranos laureles, todavía era un joven norteño que se sentía intimidado por la gran ciudad, Montemayor mezclaba el lenguaje coloquial con términos untados de prosopopeya que lo hacían hablar de una manera un poco rara. Aquella vez en Sanborns, por ejemplo, me dijo:Pásame esa cuchara, parece que está impoluta. En 1991 me invitó a presentar su novela Guerra en el paraíso, en la casa-museo de la guerrilla mexicana, que entonces dirigía el ex combatiente de la Liga Comunista 23 de Septiembre, y también escritor, Salvador Castañeda.
Guerra en el paraíso, como todas y todos sabemos, aborda la lucha encabezada en la sierra de Guerrero por Lucio Cabañas Barrientos, quien murió peleando en 1974. Para componer esa obra, Montemayor no se limitó a recabar los testimonios de los campesinos que sobrevivieron a la furia represiva, sino que investigó en los archivos de la Secretaría de la Defensa y consultó documentos, hasta entonces desconocidos, que detallaban las operaciones del Ejército a lo largo del conflicto. Allí acrecentó, sin duda, su admirable erudición en asuntos militares.
Decir que la desaparición de Montemayor deja un enorme vacío que será imposible llenar es algo muy cierto, pero hay una página de su abultada agenda de temas sociales en la que podemos contribuir a paliar su ausencia. Durante los últimos años de su vida, Carlos defendió con tesón a los defensores del histórico Cerro de San Pedro (y aquí la palabra Cerro va con mayúscula, porque no se refiere a un sustantivo sino a un nombre propio), donde en 1600 se pactó el final de la guerra chichimeca, que había estallado medio siglo antes, cuando los conquistadores españoles abrieron un camino directo entre Zacatecas y Querétaro para traer a México la plata de las minas del norte.
Al invadir el desierto de lo que ahora se llama San Luis Potosí, fueron atacados por los grupos nómadas que lo habitaban, despectivamente llamadoscara de perro (chichimecas) por los mexicas, que jamás pudieron conquistarlos. Las caravanas de carretas y mulas cargadas de piedras pletóricas de oro, plata, plomo, tungsteno y muchos minerales más, empezaron a ser saqueadas sistemáticamente, y quienes las conducían, muertos mediante certeros flechazos. Aquellos indígenas desnudos, que se dibujaban la piel con exóticos colores, sembraron el pánico en la región y obligaron a Felipe II a enviar tropas de refuerzo. La estrategia militar –óyelo Felipe, y escúchalo Calderón– no sirvió de nada. La guerra duró cinco décadas y llegó a su fin cuando la corona española confiscó las cuentas bancarias de los chichimecas y encarceló a todos los políticos (incluso al virrey) y a los grandes empresarios que los protegían y ayudaban a lavar dinero... ¿Qué?
Foto
Perdón, perdón, rectifico, no sé en qué estaba pensando: la guerra chichimeca terminó cuando los españoles entendieron que los indios, en realidad, saqueaban las caravanas porque tenían hambre y frío, así que en lugar de seguir construyendo fuertes en el desierto (que hoy son ciudades como Irapuato, Celaya, Matehuala, etcétera) aplicaron otra política económica, y lograron concretar la paz cuando los rebeldes recibieron alimentos y cobijas, sin saber que de tal modo se condenarían a vivir por los siglos de los siglos venideros en la miseria, la esclavitud y la más feroz de las explotaciones.
En 1600, los ganadores de la guerra fundaron la ciudad de San Luis Potosí, con sus siete barrios (incluido el de San Miguelito, que sale en los corridos de Jorge Negrete, y otros en donde fueron agrupados los indios), a escasos kilómetros (entonces leguas) del Cerro de San Pedro, al que dibujaron en su escudo de armas como emblema y seña de identidad. Pero al mismo tiempo, en ese hermoso promontorio, formado por más de 80 mil toneladas de roca, descubrieron un riquísimo yacimiento de plata que, entre otras cosas, financió el desarrollo de la deslumbrante arquitectura barroca potosina.
Cuando la plata y el oro, que siempre nace asociado a ella, se agotaron en la primera mitad del siglo XX, el otrora floreciente lugar cayó en el olvido y, como todos los enclaves mineros que en su día conocieron la abundancia, se volvió, casi, un pueblo fantasma. A principios de la década anterior, para su desgracia, el sitio fue redescubierto por la empresa canadiense New Gold-Minera San Xavier que, repartiendo dinero a manos llenas, obtuvo permiso para explorarlo y llegar a la conclusión de que, a cierta profundidad, debajo de la base del cerro, hay todavía inmensas reservas de oro.
Entonces, para adueñarse de esos filones de oro, a los depredadores canadienses no se les ocurrió nada mejor que volar el cerro con dinamita, removiendo las 80 mil toneladas de roca que le dan cuerpo (por eso conocemos ese dato exacto, ¿verdad?, no es que uno vaya por el mundo sabiendo el peso y la talla de los montes). La monstruosa idea no sólo constituye una amenaza para la flora y la fauna de la región –porque el oro que ya están sacando es lavado en tinas de lixiviación, al aire libre, que después filtran sus desechos venenosos al subsuelo–, sino también para las joyas arquitectónicas de San Luis Potosí, situadas a 30 kilómetros de distancia, porque las explosiones ponen en riesgo su integridad.
Aunque la lógica más elemental aconsejaría que para proteger la biodiversidad, el patrimonio cultural y la salud de las personas bastaría con expulsar a Minera San Xavier, el gobierno de Vicente Fox le dio el más rotundo espaldarazo, para que siguiera adelante, y la espantosa y asesina caricatura del gobierno actual la sigue apoyando con sumisión inquebrantable.
Además de escribir poemas, novelas, traducciones y artículos de prensa, además de cantar ópera y gozar la vida luchando en numerosos frentes a la vez, Carlos Montemayor defendió con ahínco al Frente Amplio Opositor (FAO) potosino, que combate jurídica y políticamente a Minera San Xavier, y no cejará hasta echarla de México. Si bien el vacío que deja Montemayor es irreparable, Desfiladero recoge desde hoy la estafeta que la muerte le arrebató de la mano a nuestro querido amigo, y se compromete a seguir, en su nombre, la batalla por el Cerro de San Pedro.
Esto le decía la otra noche a una mariposa de alas rojas a la que prometí escribirle esta carta, porque fue el primer animalito que vi, después de saber que ya está entre nosotros Valentina, la hija de Karina Avilés y Miguel Ángel Velázquez. ¡Bienvenida!

domingo, 16 de agosto de 2009

WILLIAM BURROUGHS: A 50 años de "El Almuerzo Desnudo"

copiado de LA JORNADA SEMANAL www.jornada.unam.mx



Foto de Richard Gwin, tomada de www2.ljworld.com


Medio siglo de El almuerzo desnudo de Burroughs

Eduardo Espina

William S. Burroughs (1914–1997) era flaco y alto. Es como lo recuerdo. Con su sombrero onda Dick Tracy parecía incluso tener mayor estatura. Un globetrotter blanco. Fue una emoción tenerlo un rato al lado, una experiencia rara por decir poco, aunque no tanto como las experiencias extremas que tan campantes salen de sus libros. Era la historia de una fecha que, tal como entonces lo supuse bien, duraría para siempre. La historia de ese día había en verdad comenzado la noche anterior. St. Louis, Missouri, y febrero de 1984. Mi finado amigo, el pintor Bill Cohn (un grande), me había invitado a la premier de Burroughs, documental de ochenta y cuatro minutos sobre la vida del autor de Almuerzo desnudo, quien, como T. S. Eliot y Tennessee Williams (y varios otros: Miles Davis, Chuck Berry, Marianne Moore, etcétera) nació en la ciudad calma a orillas del río Mississippi. Sin embargo, a diferencia de los ilustres mencionados, Burroughs amaba su ciudad aunque hubiera vivido gran parte de su vida fuera, en África y Nueva York, y volvía cada vez que podía, aunque no podía mucho. Hasta entonces.

Por lo tanto, la premier de la película tenía rasgos de homenaje, tal como lo fue. La sala estaba llena a pesar de que había nevado mucho. Al final, todo el público aplaudió de pie, no sólo porque el escritor se encontraba presente, sino porque es un buen documental, uno de los mejores que he visto sobre escritores. Tras unas breves palabras que no tuvieron demasiada importancia, Burroughs se sentó detrás de una mesa a firmar libros. Su paciencia fue extraordinaria, pues firmó uno por uno los ejemplares que le traían, y algunos venían hasta con dos o tres de sus obras. Parecía un robot alimentado con mezcalina, aunque ya para entonces había dejado las drogas y hasta casi completamente el alcohol. Es una de las pocas cosas buenas de la vejez: obliga a tomarse al cuerpo en serio.


William Burroughs saludando a el agente Mugwump (en la película Naked Lunch de David Cronenberg)

Como yo era el penúltimo de una interminable fila de muchos, pensé que sería de mal gusto darle otro libro para autografiar, después de haber tenido que satisfacer con su pluma a tanta gente, por lo que decidí esconder el que llevaba. De pronto me tocó el turno y ya estaba allí, parado frente a quien tanto había leído, y no hice más que quedarme callado. Burroughs ante una tapia. Sin embargo, tras un breve silencio que el escritor presintió como importante, aunque no lo fuera tanto, me animé a preguntarle si podía verlo al día siguiente, pues como fiel lector suyo tenía unas preguntas para hacerle desde hacía tiempo. Burroughs, sorprendido por el pedido, me dijo que hablara con su secretario, parado detrás. Éste me sugirió que estuviera “mañana a las 11 en la librería Left Bank”, porque allí también firmaría libros.

El día amaneció con nieve y yo con una gripe tremenda. Salir hubiera sido un peligro. Con la fiebre que tenía me arriesgaba a contraer una pulmonía. Para peor, no tenía seguro de salud. Me metí nuevamente en la cama. A los ocho minutos tuve una corazonada. Pensé que una oportunidad así no se repetiría y, aunque podría haber sido el último acto de mi vida, salí. Para mi sorpresa, en Left Bank, una de las pocas librerías independientes que todavía quedan en este país, había poca gente, gente además parca. Apenas les firmaba el libro que habían traído, se iban sin decir nada aparte de thank you, como si la cuota diaria de fetichismo literario quedara satisfecha tan fácilmente. Burroughs me vio y no dijo nada, tampoco saludó. Su inexpresividad era literaria. Miraba por una ventana que daba a la calle Euclid, como si el mundo alrededor suyo, ese día blanco y helado, no importara. Me hubiera gustado estar en sus ideas, en la topografía mental de donde salía ese silencio, intimidante. Uno que, raro, no duró mucho.

Burroughs no paraba de mirar a lo lejos, pero hacia dentro. De pronto, cuando ya había decidido irme por respeto al escritor y más que nada al espectral silencio que emitía, su secretario, con quien había hablado la noche anterior, me sorprendió diciéndome: “En veinte minutos vamos a ir a tomar algo al café de enfrente, si quiere puede acompañarnos.” La invitación fue un mantra. Un momento Kodak fuera del libreto, el que vino después. Un café con Burroughs, y con su silencio, aunque yo terminé tomando un té con miel para la garganta. La gripe se me fue apenas nos sentamos y Burroughs me preguntó si Uruguay quedaba lejos de Perú. Hubiera querido cooperar mejor con su curiosidad. En ese momento quise que fueran países vecinos, que Uruguay tuviera incas y montañas, pero igual le expliqué dónde estábamos. Me dijo que Allen Ginsberg le había recomendado que conociera Perú. Pensé en dos de mis amigos, fanáticos lectores de Burroughs, uno en Argentina y el otro en Uruguay. Cuando les dijera que había estado por casi una hora con el delirante beatnik pensarían que era joda. La foto que nos tomamos, en la cual él luce con menos edad y yo con más pelo, demuestra que la joda fue verídica. Miércoles 8 de febrero, 1984: ni Burroughs ni yo aparecemos riendo. El fotógrafo no dijo “whisky”.


Escena de la película Naked Lunch
dirigida por David Cronenberg

Nunca publiqué la entrevista porque nunca hubo tal cosa, apenas una conversación intensa y cortada (sobre todo por los ratos en que Burroughs se quedaba callado y yo debía escuchar lo que decían sus ojos) que duró cincuenta y dos minutos y terminó cuando ya era la hora del almuerzo, aunque no desnudo, porque ese día hacía mucho frío. Hablamos de la buena reacción de la gente ante la película y aproveché para preguntarle qué pensaba de la opinión de su hermano Mortimer, quien había dicho: “Intenté leer Almuerzo desnudo, pero me quedé por la mitad y luego tiré el libro.” Impávido, como si hubiera escuchado un elogio, Burroughs respondió: “Quiero mucho a Mortimer.” Reconoció que haber matado a su esposa Joan fue un acto insano (estaban jugando a Guillermo Tell en un hotel de Ciudad de México, ella se puso una manzana en la cabeza pero el tiro de Burroughs, quien estaba alcoholizado, impactó en la cabeza, no en la fruta) y que ya no quería volver a Nueva York, en donde había pasado la mayor parte de su vida, en un apartamento sin ventanas, al cual llamaba “bunker”. Desde 1981 Burroughs vivía en Lawrence, Kansas, un pueblo, para algunos idílico, situado a no muchas horas de su ciudad natal, en donde murió y pasó los últimos años practicando tiro en el fondo de su casa, después de su rigurosa siesta, y antes de tomarse un martini, batido, no revuelto.

El escritor que tan estereotipadamente fue considerado sórdido y amoral, ejemplo sentimental del desastre, ha sido también un profeta del cannabis bien empleado, esto es, para escribir literatura de la que se sigue hablando incluso después de la muerte de su usuario. Su libro más reconocido, aunque no sé si el mejor, Almuerzo desnudo, del cual se cumplen en estos días cincuenta años de su publicación, es un caso de caos controlado, de experiencia única y transgresiva del lenguaje. Durante la conversación, hablando de lo tan mutuamente involucradas que han estado su vida personal y su carrera literaria, Burroughs comentó, sin afán profesoral: “El mérito no se consigue con lo que uno hace con su vida, sino con su trabajo, con lo que escribe.” Ese mérito ha sido conseguido, pues la historia de la literatura todavía rinde pleitesía a los resultados literarios de una “mente insana” que vivió boicoteando con actos y palabras la realidad. Además, en esa reverencia está la aceptación implícita de que cualquiera, si lo intenta con la misma persistencia de los días, puede llegar a ser diferente.

La conversación continuó hasta que el secretario, quien había permanecido callado todo el tiempo, advirtió mirando el reloj: “William, tenemos que irmos.” Burroughs pagó la cuenta y en el libro, las cartas entre él y Allen Ginsberg, escribió una dedicatoria: “A Eduardo Espina, el mejor poeta uruguayo.” Le dije que el elogio era inexacto, pues yo era el único poeta uruguayo que conocía. Burroughs, sin dudar, respondió: “No tengo tiempo para conocer a otros.”

lunes, 27 de julio de 2009

JORGE CAFRUNE: "El Día que yo me Canse"

tomado de FILOSOFÍA DIGITAL www.filosofiadigital.com

EL DÍA QUE YO ME CANSE, por Jorge Cafrune

July 21, 2009


”El tiempo nos va matando; y, a veces, los sueños mueren sin florecer”.

Gaucho

Yo soy el dueño de todo,
pero nunca tengo nada.
Yo hago la luz, hago el fuego,
hago el viento y hago el agua.

Mis manos a la madera,
le hacen hacer maravillas.
Yo soy quien templa el acero,
y quien echa la semilla.

Yo hago la silla y la mesa,
y no tengo ande sentarme.
Total, si ya no me queda,
ni el derecho de cansarme.

Yo hago el palacio y mis hijos,
duermen en ranchos de lata.
Soy martillo, hacha, tenaza,
pinza, cuchara y azada.

Yo soy el dueño de todo,
pero nunca tengo nada.
El día en que yo me canse,
¡van a arder las llamaradas…!

JORGE CAFRUNE

* * *

En el festival de Cosquin, en 1978, y durante el gobierno militar de Videla, ante la solicitud del público para que cantara ZAMBA DE MI ESPERANZA, de Luis Morales, Jorge Cafrune dijo: “Aunque no está en el repertorio autorizado, si mi pueblo me la pide, la voy a cantar”. Ese mismo año murió en un extraño accidente que fue considerado por muchos como una represalia de la dictadura, a modo de advertencia para otros.

Cuando muere un cantor, mueren sus sueños. Pero, cuando lo matan se avivan, en el corazón del pueblo, las llamaradas de la libertad que, tarde o temprano, habrán de reducir a cenizas todas las tiranías. [FD, 08/03/2008]



jueves, 23 de julio de 2009

CÉSAR LORA: Caudillo y mártir obrero boliviano...


César Lora
Caudillo y mártir obrero

por Víctor Montoya
____________________________

Junto a un puñado de tierra que traje desde Bolivia, me traje también tu fotografía, que pasó de manos del dirigente minero Cirilo Jiménez a manos de mi madre, y de ella a las mías. Desde entonces no he dejado de mirarte todos los días, pues te tengo en el sitio preferido de mi escritorio. Tú me acompañas en las largas horas de encierro y eres el primero en leer todo cuanto escribo; más todavía, tu imagen me persigue desde la infancia, desde cuando vivía en Siglo XX, donde el sol caía a plomo y los ventarrones hacían volar los techos por los aires. Quizá por eso, mientras escribo estas líneas, siento el olor a copagira*.

En esta fotografía, captada en la gerencia de la Empresa Minera Catavi, llevas orgulloso tu vestimenta de minero: overol con tiradores y bolsillos amplios a la altura del pecho, camisa de bayeta percudida por el sudor y el polvo, chaqueta gris manchada por las grasas de la perforadora y un guardatojo* salpicado por las gotas de sílice.

Tu imagen, que desprende una aureola de caudillo, parece esculpida en mole de granito, donde los rasgos de tu rostro se muestran en detalle. Me impresiona la vivacidad de tus ojos sesgados, cuya mirada penetrante está clavada en algún punto fijo del entorno, en tanto tus labios entreabiertos, que parecen decir algo, dejan entrever unos dientes apretados y menudos; la sombra de tus bigotes es negra como el arco de tus cejas, y tu mandíbula firme se ensancha allí donde aparece el naciente de tu cuello, más abajo de la patilla de tu abundante pelo rebelde, casi hirsuto, que escapa por debajo del guardatojo.

Tenías una aguda inteligencia y el don de la palabra, pues en las reuniones y asambleas se hacía un repentino silencio apenas se alzaba tu figura y se escuchaba tu voz, dispuesta a manifestar las preocupaciones de la conciencia, en momentos en que hablar era un peligro y cuando los conflictos laborales eran ya una llama encendida; eras de mediana estatura, pero tu fortaleza física la forjaste desde niño, desde cuando te hiciste amo de las montañas y los riscos de Panacachi la vieja propiedad agrícola de tu padre, donde te dedicabas a criar jilgueros y a cuidar el ganado, mientras gozabas con las lecturas de Don Quijote; unas veces sentado en la rama del árbol y otras tendido en las márgenes del río. Tenías la agilidad de felino y la velocidad del venado; cogías al zorro despavorido en plena carrera, domabas al potro más salvaje o volteabas al toro por las astas, con la misma fuerza y facilidad con que atrapabas a un chivo, lanzándole a las patas dos boleadoras de piedra atadas por una cuerda.

Desde niño compartiste la mesa y la cama con los pongos de tu padre, quien jamás puso en duda tu amor desmedido por los humildes. Poseías un corazón noble, una bondad sin límites y una modestia que, entre los tuyos, se trocaba en generosidad y entrega. Regalabas tu ropa entre quienes la necesitaban y distribuías tu dinero entre quienes te lo pedían. Como bien dijo tu hermano mayor: «Mostrabas un total desinterés por el dinero y las comodidades materiales. Vivías como un monje y dabas la impresión de haber nacido para ser un apóstol».

Tu deseo de justicia, que clamaba con energía volcánica desde tu interior, te enfrentó a las fuerzas del orden y al autoritarismo castrense. Mas el desacato a la autoridad y la constante fricción con tus superiores te costó muy caro, pues el comando del regimiento te envió castigado a la inhóspita región de Curahuara de Carangas, donde te amotinaste junto a los soldados más belicosos contra la jerarquía castrense. Luego vinieron las torturas en los calabozos. Fuiste sometido a un Consejo de Guerra y condenado a dos años de prisión, sin más consuelo que una payasa de paja brava y un plato de comida.

Cuando ingresaste a trabajar en el interior de la mina, entre penumbra y roca dura, eras el único minero capaz de trepar los piques* llevando al hombro una perforadora y el único que se atrevía a cruzar los buzones de un brinco. En el trabajo demostrabas una voluntad de hierro y en el combate un coraje indomable, actitud que te permitía descollar como líder nato, a la cabeza de un piquete de obreros armados con fusiles y cachorros de dinamita.

En los días en que el frío y el viento eran recios, y en las tardes en que el ocaso se escondía detrás de los cerros para dar paso a la noche desangrándose en estrellas, te refugiabas en el paraje del Tío*.

Aunque tus dichos y hechos estaban en armonía con los principios del Materialismo, te sentabas junto al Tío, bebías sorbos de aguardiente y mascabas hojas de coca, no tanto por hacer más leve el cansancio ni tener la mente proclive a las supersticiones, sino tan sólo para compartir las creencias de tus compañeros de ascendencia indígena, quienes, intuitivamente, supieron advertir tu inteligencia y revelar los sentimientos más profundos que escondías en el alma.

Poco después de la contrarrevolución protagonizada por René Barrientos Ortuño, en noviembre de 1964, tu vida cambió de rumbo; abandonaste la mina tras la persecución desatada por el gobierno contra sus opositores y encontraste refugio en un pequeño caserío del norte de Potosí, donde te aguardaban ya tus asesinos, prestos a cumplir las órdenes emanadas por la Junta Militar y la CIA.

Isaac Camacho, el fiel compañero y testigo ocular del acto, nos ha dejado el vivo testimonio del día y la hora en que fuiste victimado: «El 29 de julio de 1965 te encontrabas en las proximidades de Sacana, que está a tres leguas de San Pedro de Buena Vista. Cuando llegaste a la confluencia de los ríos Toracarí y Ventilla, chocaste con un piquete de civiles que estaba al mando de Próspero Rojas, Eduardo Mendoza y otro a quien llamaban Osio. Enrique Moreno, que te alquiló la mula, se encargó de delatarte. Una vez apresado, estabas siendo conducido hacia San Pedro, pero en el camino, a pocos metros del mencionado cruce de ríos, comenzaron a golpearte y, de súbito, se escuchó un tiro de revólver». Fue entonces cuando caíste de bruces, la sangre estalló en tu cabeza y tu corazón dejó de latir. El disparo, seco y certero, te mató en el acto.

Cuando los asesinos se marcharon por el mismo camino por donde habían llegado, Isaac Camacho, postrado de rodillas y sosteniéndote en los brazos, constató que el proyectil te penetró por la ceja derecha y te salió por la parte posterior del cráneo. Te mataron a los escasos 38 años de edad, que lo mismo podían haber sido 60 ó 90, puesto que tú vivías contra el reloj y enfrentado a tu propio destino.

Tus restos fueron trasladados a Siglo XX y velados en la sede del sindicato, donde la gente más humilde desfiló al pie de tu ataúd. Los campesinos, de rostros adustos y enfundados en ponchos negros, acudieron en caravanas desde sus lejanas comunidades para darte sepultura; en tanto los mineros, con la mirada de furia y el puño en alto, montaron guardia noche y día, hasta que llegó la hora en que tu ataúd, levantado en vilo sobre el hombro de los mineros más jóvenes, empezó a recorrer por las calles, abriéndose paso entre la muchedumbre que asistió a tus funerales.

En la Plaza de Llallagua y en la puerta del cementerio se concentró una multitud en estado de furia y se alzaron ovaciones más rotundas que imaginarte puedas. Los mineros y campesinos, a quienes les dedicaste tu lucha y tu vida, te rindieron un justo homenaje y se despidieron con discursos que prometían vengar tu muerte; de los corazones brotaron lágrimas de tristeza y de los labios palabras de mucha pesadumbre.

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* Copagira: agua mezclada con residuos minerales, de color amarillo o plomizo, proveniente de la mina.
* Guardatojo: casco de protección.
* Piques: excavaciones verticales.
* Tío: deidad del mal y el bien, amo y señor de las riquezas minerales.


tomado de: http://www.margencero.com



miércoles, 22 de julio de 2009

JOSÉ OLAYA: Un gran ejemplo de solidaridad, de heroísmo y amor a la patria


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tomado de APIA VIRTUAL



La resistencia y el coraje de un patriota

José Silverio Olaya Balandra ( 1782-1823)


“Si tuviera mil vidas, gustoso las perdería antes de denunciar
a los patriotas o traicionar a mi patria” (José Olaya)


Hijo de un humilde pescador chorrillano, patriota profundo y sencillo, sirvió con generosidad y sacrificio la causa de nuestra independencia. Los ideales de libertad e independencia de Olaya no se doblegaron en los momentos más difíciles. Es él el ejemplo de un hombre íntegro y valeroso que amó a su patria hasta el punto de ofrendar por ella su vida misma.

Un amor que no se agota

Los grandes ideales deben estar presentes en el imaginario colectivo de las sociedades y de los individuos.

Los grandes ideales y utopías son necesarios e importantes para alimentar la esperanza de los individuos y pueblos en el futuro. Constituyen compromisos con causas nobles que trascienden lo individual y nos llenan de fortaleza para luchar con tesón y desprendimiento por el bien común.


Para llegar a este nivel, los individuos deben tener en claro que su misión está inspirada por la solidaridad y el servicio a los demás y que además tienen un valor como individuos únicos e irrepetibles, por tanto irremplazables en la construcción de la historia.
¿Es posible diferenciar los ideales y el amor? El amor se ubica siempre en el interior de quien ama. Es un sentimiento que inclina el ánimo hacia el objeto de cariño que es especial para uno. El ideal es lo que se desea, es más externo, es la perfección suprema que sólo existe en la imaginación, pero también puede referirse a las ideas o creencias de alguien.
¿Será posible concebir grandes ideales sin amor? Los límites entre ambos son imperceptibles y es muy probable que no puedan existir el uno sin el otro. Es decir: los grandes ideales deben estar inspirados por sentimientos de solidaridad y compromiso orientados al bienestar de los otros. Los grandes ideales de justicia, libertad y fraternidad que inspiraron la Revolución Francesa, así como los valores fundamentales de igualdad, justicia, libertad y solidaridad que animan la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sólo pueden explicarse través del amor a los demás. Un amor que está lleno de esperanzas, con expectativas y búsqueda de realizaciones en la sociedad.


Si un ideal merece la pena por su grandeza, los corazones nobles y generosos se lanzarán a conseguirlo aunque el precio sea la vida misma. Hacer realidad un ideal exige un esfuerzo constante, sacrificios diversos y a veces resultan inalcanzables, pero el proceso fortalece y hace más generosos a los hombres y a las mujeres.
Para las actuales y futuras generaciones, José Olaya siempre será un ejemplo de la fe en un futuro diferente. Es la constatación de hasta dónde puede llegar la convicción de un peruano sencillo en el ideal de una patria libre y soberana. La grandeza de sus ideales residió en el amor a la libertad y en los sentimientos de solidaridad y compromiso con la causa por la Independencia de nuestra patria.


BIOGRAFÍA (tomada de la Wikipedia).

José Silverio Olaya Balandra,(*Chorrillos, 1782 - † Lima, 29 de junio de 1823), fue un mártir en la lucha de la independencia peruana.

Biografía

José Olaya nació en Chorrillos en el año de 1782.


En la lucha por la independencia de Perú, el prócer participó como emisario secreto llevando mensajes entre el gobierno (Callao) y los patriotas (Lima) a nado. Fue descubierto, apresado y sometido a tormento y condenado a muerte; a pesar de las torturas, nunca reveló su misión.

La independencia del Perú, declarada por primera vez en Huaura el mes de noviembre 1820 y el 28 de julio 1821 en Lima, solamente se había hecho efectiva en Lima y en el norte; pero Cusco, la sierra central y el sur aún estaban bajo el dominio del ejército realista. Cuando José de San Martín reconoce el poco apoyo que le dan las fuerzas políticas y militares, renuncia ante el Congreso Constituyente de 1822. El congreso nombra como presidente de la República a José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete y presidente del Congreso era, Francisco Javier de Luna Pizarro. El ejército realista, aprovechando que las tropas patriotas se encontraban lejos, toma Lima, obligando a los miembros del Congreso a refugiarse en la Fortaleza del Real Felipe en el Callao.

Es en este escenario, donde José Olaya, pescador de oficio, no dudó en servir de nexo entre las naves de la Escuadra Libertadora y los soldados de las fuerzas patriotas ubicadas en Lima, aunque eso significara recorrer campos y cruzar el mar nadando.

Apresado por el ejército realista, lo torturaron con el fin de obtener información sobre las fuerzas patriotas. José Olaya Balandra no se amilanó ante el dolor. Sufrió los 200 palazos que le aplicaron, no cediendo aún cuando le arrancaron las uñas.

Finalmente, en la mañana del 29 de junio de 1823 fue fusilado en el pasaje de la Plaza de Armas de Lima que ahora tiene su nombre: Pasaje Olaya.

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