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viernes, 14 de septiembre de 2012

HISTORIA DE CHIAPAS: HOY 14 DE SEPTIEMBRE, A 188 AÑOS DE SU ANEXIÓN A MÉXICO




La palabra Chiapas según algunos autores viene de los nahoas, se puede descomponer así: Chi que quiere decir abajo o debajo; atl, agua y pan que quiere decir sobre; es decir Chi-atl-pan; el lugar que está sobre el agua de abajo, tomando este de la cercanía de los indios Chiapas que se establecieron en la margen izquierda del Río grande conocido como el cañón del sumidero.

 Prehispánica 
Las organizaciones de los distintos habitantes de nuestro estado, y el aspecto de sus pueblos y ciudades, han ido cambiando con el tiempo.
Los cambios se dieron desde el momento mismo en que llegaron los primeros hombres a nuestra región, de los que se sabe muy poco, se cree que seguramente pasaron del sureste de Asia al continente americano a través del estrecho de Behring, en persecución de los animales que cazaban hace aproximadamente 40 mil años.
Con el paso del tiempo surgieron algunos grupos que avanzaron hacia tierras situadas mas al sur.
Se sabe que los primeros hombres eran cazadores nómadas, pues se trasladaban de un lugar a otro, siguiendo las manadas de caballos, mastodontes, bisontes, elefantes, camellos, mamutes, entre otros animales para obtener carne y pieles para comer y vestirse.

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lunes, 30 de julio de 2012

ENTRE EL INDIO MUERTO Y EL INDIO VIVO




Entre el indio muerto y el indio vivo
Ana Paula Pintado
La gran utopía de la conquista de México consistía en crear una nación fuerte, vigorosa y homogénea; cultural y racialmente. El indio era la pieza que debía de encajar en esta gran utopía. A través del trabajo misional, primero el bautismo y luego la doctrina, se buscaba recuperar su “naturaleza humana” y “reorientar su destino”.
Paradójicamente, al mismo tiempo que se rechazaba al indio vivo, los criollos acogieron los símbolos prehispánicos para usarlos como emblema de una nación en construcción; una nación que ya buscaba su independencia frente a la Corona Española. Tal es el caso del arco triunfal que en 1680 Sigüenza y Góngora, por encargo del cabildo de la capital, ejecutó. El objetivo era mostrar el poder del virreinato y para ello se plasmaron, además de otras imágenes, dos tlatoanis mexicas. Pero eso nada tenía que ver con la realidad que se estaba viviendo en esos momentos con los indígenas, pues ni su poder ni su idiosincrasia eran respetados. Era sólo una estrategia política. Como fray Servando Teresa de Mier, que durante los festejos del 12 de diciembre de 1794 declaró que los mexicas ya eran cristianos antes de que llegaran los españoles. Intentaba mostrar a la Corona Española que no eran esos “salvajes” con creencias extrañas. Este es el momento donde comienza no sólo la muerte del indio vivo, sino también la ruptura entre su imagen y su significado y, más allá de esto, entre nosotros mismos.
La estrategia colonialista tocó varios puntos, pues no sólo se debía convencer a los españoles de la “verdadera identidad del indio”, sino había que transformar el pensamiento indígena. Al descubrir que la debilidad de los aztecas era el temor al fin del mundo, los españoles transformaron el significado de los dioses prehispánicos, temidos y venerados, en dioses que buscaban la paz, mandando un mensaje opuesto al del fin del mundo. El ejemplo más conocido es el de la Virgen de Guadalupe. Sabemos que el lugar donde se le aparece a Juan Diego era el sitio sagrado de Tonantzin, Cihualcóatl o Coatlicue, la mujer culebra. Según el mito prehispánico, Tonantzin fue la primera mujer en dar a luz, era la protectora de los partos y de las mujeres muertas al parir. Era venerada y a la vez temida (como muchas deidades prehispánicas o contemporáneas), pero cuando aparece la Virgen de Guadalupe, la Tonantzin ya no es la mujer culebra, pues ahora su misión era mantener la paz entre los españoles y los indígenas y crear una nueva identidad, la del mexicano.

Indios echados a los perros, grabado europeo

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lunes, 19 de diciembre de 2011

LISTA DE PRESIDENTES DE MÉXICO. DESDE AGUSTÍN DE ITURBIDE HASTA LÓPEZ OBRADOR/FELIPE CALDERÓN

copiado de ALUMNOSONLINE.COM  http://www.alumnosonline.com



1821-1823 Agustín de Iturbide
1823-1824 Pedro Celestino Negrete
1824-1829 Guadalupe Victoria
1829 Vicente Guerrero
1829 José María Bocanegra
1829 Pedro Vélez
1830-1832 Anastasio Bustamante
1832 Melchor Múzquiz
1832-1833 Manuel Gómez Pedraza
1833 Valentín Gómez Farías

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lunes, 25 de abril de 2011

MITOLOGIA Y POPOL VUH de Federico González

copiado de http://americaindigena.com/

MITOLOGIA Y POPOL VUH 
FEDERICO GONZALEZ

Alfonso Caso ha señalado especialmente la creación de la ciudad celeste, precediendo a la terrestre, evidente en varias culturas de México. En ese sentido, esta ciudad celeste se encuentra habitada por los antecesores míticos, sus ancestros, los cuales constituyen una genealogía de nombres presentes, por ejemplo, en ciertos códices mesoamericanos. Estas 'genealogías' no son estrictamente históricas en el sentido limitado y exclusivamente político que hoy le otorgamos al término. Son míticas y simbólicas, aunque no tienen por qué contraponerse con la historia.1  Estos nombres 'genealógicos' se hallan empapados de un sentido numérico, lingüístico, astronómico, mágico, rítmico y cíclico, etc. Actualmente los grupos Triquis, comunidad cerrada y tradicional de Oaxaca veneran a sus antepasados, a su 'linaje', al que entroncan directamente con la ciudad celeste, u otro mundo donde viven, venerándolos especialmente el día de los difuntos cristianos. La ciudad celeste es un espacio distinto, un país que coexiste con el nuestro, una patria de cuerpo espiritual en donde habitan los dioses, y los difuntos. Una realidad impalpable que ya conocían los egipcios:  
 
    "¿Ignoras, oh tú Asclepio, que Egipto es la imagen del cielo y la proyección en este mundo de todo el ordenamiento de las cosas celestes?" (Hermes Trismegisto, Corpus Hermeticum.) 
 
Lo que la ciudad celeste es al simbolismo espacial, las genealogías o los antepasados lo son al temporal y ambas confluyen para cimentar la realidad y la vida tribal. Coexisten en el mundo de las Ideas platónico y conforman el arquetipo. Algunos místicos como Swedenborg nos cuentan sus experiencias en esa ciudad habitada a la que conocen perfectamente hasta en sus particularidades más triviales. Se refieren al reino de los Inmortales, llamado así por la condición de sus habitantes. Casi todas las tradiciones han sentido que son herederas en esta tierra de aquella ciudad del cielo y descendientes de sus moradores, y de allí que hayan pensado, invariablemente, que su patria constituía el centro del mundo; o sea, un lugar especialmente 'cosmizado', en donde las energías del cielo y la tierra, de los vivos y los muertos se conjugaban permitiendo el desarrollo de la vida y de esa comunidad en el tiempo.  La India para los hindúes y el Celeste Imperio para los chinos son, o han sido, símbolos claros de lo anterior aunque esta pretensión se encuentra en todos los pueblos y culturas de modo universal, los que igualmente han rendido invariable culto a su linaje. Agregaremos que esta ciudad y sus habitantes también son vistos desde una perspectiva escatológica: se trata de la Nueva Jerusalén, la ciudad que 'vendrá' al fin de los tiempos, la Jerusalén Celeste de la que nos da testimonio San Juan en el libro de la Revelación. 
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martes, 4 de enero de 2011

CAMILO CHÁVEZ: Un gran luchador mexicano olvidado


copiado de LA JORNADA   www.jornada.unam.mx


Camilo Chávez, el metalúrgico rojo
Luis Hernández Navarro
Desde hace más de seis años la prensa nacional reporta regularmente conflictos dentro del sindicato minero y luchas de sus trabajadores. De la tragedia de Pasta de Conchos a las huelgas de Cananea y Lázaro Cárdenas, los obreros del sector y sus familias han protagonizado una resistencia ejemplar contra la voracidad patronal y la injerencia gubernamental en la vida de su sindicato.
Esa lucha tiene dentro del gremio antecedentes muy importantes y sobresale un dirigente excepcional, injustamente condenado al olvido por la mayor parte de la izquierda mexicana: Camilo Chávez Melgoza. Jornalero agrícola, bracero, obrero metalúrgico, organizador de fábrica, líder sindical y dirigente comunista, su biografía parece sacada de una novela de realismo socialista.
Camilo Chávez nació en Coeneo, Michoacán, el 13 de agosto de 1913. Fue el menor de una familia de seis vástagos. Hijo de Agustín Chávez, indígena y escribano, y de Rebeca Melgoza, quedó huérfano de padre a los 73 días de nacido. Su vida siempre fue de trabajo. Comenzó a laborar a los seis años, cuidando vacas en el monte, recogiendo leña y carbón para vender y acarreando agua. Fue alzador en las escardas, atajador de recuas y ayudante de carrero.
Tuvo su primera experiencia de lucha siendo un muchacho en el aserradero de Las Canoas. Junto a 100 trabajadores se sublevó para pedir el pago completo de salarios atrasados. Esta vivencia lo marcó para el resto de sus días.
En 1926 emigró a California, Estados Unidos. Allí fue a la escuela, donde aprendió rápidamente a hablar y leer inglés. A pesar de que en México sólo había cursado hasta segundo de primaria, obtuvo las mejores calificaciones. Durante las vacaciones, cuando cumplió 15 años, trabajó en la cosecha de fruta o aseando corrales y gallineros.

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domingo, 12 de septiembre de 2010

LA PARTICIPACIÓN INDÍGENA EN LAS GUERRAS INSURGENTES DE LA NUEVA ESPAÑA

copiado de  SCIELO    http://www.scielo.org.ar

Memoria americana

versión On-line ISSN 1851-3751

Mem. am.  n.17-2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./dic. 2009

 

ARTÍCULOS ORIGINALES
La participación indígena en las guerras insurgentes de la nueva España. Guerra y política en el caso de las Huastecas.
Indigenous participation in new Spain's war of Independence . War and politics in the Huastecas
Antonio Escobar Ohmstede

Centro en Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), México. E-mail: ohmstede@ciesas.edu.mx

Resumen
El análisis de la segunda década del siglo XIX, momento en que se dan las guerras insurgentes en la Nueva España y comienza la proliferación de ayuntamientos en las zonas rurales debido a la expedición de la Constitución gaditana, ha sido marcado por la historiografía mexicanista a partir de un análisis separado de ambos procesos, sin embargo, ambos influenciaron a las sociedades del México republicano. De esta manera el objetivo de este artículo es observar la manera en que la creación de ayuntamientos en algunos pueblos de las Huastecas, no respondió forzosamente a un hecho político o social sino a una geografía militar por parte de los comandantes realistas, con el fin de acceder a hombres, bastimentos y control de territorios. Aspecto que no descarta las implicaciones del surgimiento del ayuntamiento en los pueblos de indios, donde se readecuaron las jurisdicciones territoriales y políticas-administrativas, además que planteó la reducción de los gobiernos indios.
Palabras claves: Indígenas; Constitución; Ayuntamientos; Elites; Conflictos armados.

Abstract
The analysis of the second decade of the Nineteenth Century, the time when there were wars of independence in New Spain and the beginning of the proliferation of ayuntamientos in rural areas because of the Gaditan Constitution, marked the Mexican historical narratives as if they were different processes. Nevertheless, both influenced republican Mexico. The purpose of this article is to observe how the creation of ayuntamientos in some town in the Huastecas didn't respond to a political or social fact but to a military geography well known by the royal commanders so they could men, food, and territorial control. All those aspects also helped to the creation of the indigenous ayuntamientos where the territorial jurisdictions and local administrative policies were reshaped and the indigenous governments reduced.
Key words: indigenous people; constitution; ayuntamiento; elites, conflict.

Introducción
A fines de la primera década del siglo XX, las diversas autoridades locales, regionales y nacionales en México, así como los Colegios de profesionales e individuos fueron considerando y planeando qué tipo de actividades se desarrollarían para festejar el Centenario de la "gesta heroica" llevada a cabo por Miguel Hidalgo y José María Morelos, que llevó a la independencia a una de las más ricas colonias que había poseído España en la América (Mayagoitia 2001). El gobierno liberal y positivista de Porfirio Díaz (1876-1910) difundió algunos planteamientos de cómo se deberían desarrollar las celebraciones, formándose Juntas encargadas de coordinar tal acontecimiento. Los Colegios organizaron reuniones para evaluar lo hecho anteriormente en diversas materias, sosteniendo que el gobierno porfirista era el parteaguas en la historia de la "naciente" nación en términos jurídicos, económicos, políticos y sociales. México vivía, desde la perspectiva de muchos intelectuales y de los hombres del gobierno, un momento de progreso y tranquilidad, visión que en 1910 se confrontaría con una realidad muy diferente, cuando se inició la que se ha considerado la primera revolución social del mundo, llamativamente 100 años después que se levantaran las huestes encabezadas por Hidalgo y Morelos.
Los procesos independentistas de los diversos países que hoy conforman la América Latina han sido profusamente estudiados desde décadas1; en México no solamente por las obras de aquellos considerados como los historiadores decimonónicos: Lucas Alamán, Lorenzo de Zavala, Carlos María de Bustamante, Niceto de Zamacois y la historia positivista que produjo México a través de los siglos2, sino por la historiografía contemporánea mexicanista (Ávila y Guedea 2007). Paulatinamente se han ido dejando los modelos de la historia nacional y los diversos estudiosos comenzaron a buscar explicaciones en lo "regional", teniendo como marco los procesos generales de la independencia. Lo que podemos considerar ahora es que realmente no hubo una independencia en lo que posteriormente conoceremos como México, sino muchas y con diversos matices, aunque varios autores prefieren hablar de "guerras de independencia". No debemos dejar de lado que las estructuras mentales de aquellos actores sociales que vivieron las primeras tres décadas del siglo XIX habían sido formadas durante el periodo colonial tardío y, aunque fueron sensibles a los cambios de la época, los discursos y concepciones de la realidad o de las realidades fueron poco cambiantes.
Con base en lo anterior, el objetivo de este artículo es mostrar una explicación regional respecto a lo acontecido en las primeras décadas del siglo XIX en torno al papel de los indígenas en la insurgencia y la formación de ayuntamientos emanados de la Constitución de 1812, tomando como escenario las actuales Huastecas hidalguense, potosina y veracruzana, ubicadas al noreste de la capital mexicana (véase mapa). Se encuentra dividido, por lo tanto, en tres apartados que mostrarán una visión sobre cómo se ha abordado la temática en la historiografía, el tipo de población y finalmente el estudio de caso.
Debo aclarar que la idea antes mencionada, con sus respectivos matices, ha sido abordada por Antonio Annino (1995), Claudia Guarisco (2003), Virginia Guedea (1996), Moisés Guzmán (2000 y 2003) y José Antonio Serrano (1999 y 2001), quienes han mostrado la necesidad de vincular lo acontecido en el momento gaditano (1812-1814 y 1820-1821) con la guerra, las condiciones materiales de la Nueva España , el comercio, la conformación de una "nueva" cultura política y la autonomía. Sin embargo, habría que matizar la insistencia sobre la búsqueda de la autonomía, palabra que parece abarcar cualquier intento de control de los recursos naturales, procesos y estructuras políticas, actividades económicas, etc., por parte de los actores sociales; en sí, el concepto de autonomía abarca cualquier aspecto de separación más no de independencia. Hay que considerar que en los pueblos de indios, las formas de gobernabilidad en muchos casos estaban fuera del control y acceso por parte de los funcionarios reales locales, por lo que administraban sus bienes y sus formas de gobierno con bastante "autonomía" aun antes de las implicaciones del proceso gaditano, la reorganización y nueva jerarquización territorial y de los conflictos armados dados en la Nueva España.


Las Huastecas en el periodo colonial tardío Elaborado por: Ricardo A. Fagoaga Hernández

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domingo, 8 de agosto de 2010

El movimiento estudiantil de 1968 Autor: CLEP - CEDEP

copiado de MILITANTE http://www.militante.org, y este a su vez de:  http://cedep.org/el-movimiento-estudiantil-de-1968

El movimiento estudiantil de 1968

Autor: 
CLEP - CEDEP
“…las perspectivas de desarrollo  del movimiento que ustedes encabezan  están en los trabajadores (…) cuando en las grandes manifestaciones que ustedes realizan, el pueblo les lanza desde los edificios pedazos de plástico o de papel para cubrirse de la lluvia; cuando gentes pobres, que muestran en su indumentaria que apenas disponen de lo necesario para sobrevivir, se acercan a los manifestantes, los aplauden, acoge su propaganda y trata de corresponder repartiendo entre ellos pan o fruta, cuando esto sucede, es porque el pueblo, aún sin el control de sus organizaciones, aún sin la posibilidad de hacer oír su gran voz, buscan los canales para expresarles su apoyo (…) ¡Oíd al pueblo, estudiantes!” (Periodista mexicano Víctor Rico Galán, carta al movimiento del 68 desde la cárcel del Lecumberri)
“…las perspectivas de desarrollo  del movimiento que ustedes encabezan  están en los trabajadores (…) cuando en las grandes manifestaciones que ustedes realizan, el pueblo les lanza desde los edificios pedazos de plástico o de papel para cubrirse de la lluvia; cuando gentes pobres, que muestran en su indumentaria que apenas disponen de lo necesario para sobrevivir, se acercan a los manifestantes, los aplauden, acoge su propaganda y trata de corresponder repartiendo entre ellos pan o fruta, cuando esto sucede, es porque el pueblo, aún sin el control de sus organizaciones, aún sin la posibilidad de hacer oír su gran voz, buscan los canales para expresarles su apoyo (…) ¡Oíd al pueblo, estudiantes!” (Periodista mexicano Víctor Rico Galán, carta al movimiento del 68 desde la cárcel del Lecumberri)
“Parecía que la huelga hubiese querido tener unas cuantas experiencias al azar para abandonarlas pronto he irse. Pero no era sino una apariencia. En realidad la huelga iba a desplegarse en toda su amplitud (…) La huelga domina la situación y sintiéndose en terreno seguro, anula todas las decisiones tomadas hasta entonces por el espíritu de moderación (…) A medida que el número de huelguistas aumenta, su seguridad  se hace mayor.” (León Trotsky, 1905) 

Introducción
Dentro de unos días se estarán cumpliendo 40 años de lo que se reconoce como el movimiento estudiantil del 68, en el cual miles de jóvenes salieron a las calles a luchar por derechos democráticos que los gobiernos autoritarios de la burguesía no les respetaban. Es el periodo en que el corporativismo obrero tenia bajo su control a más de 3 millones de trabajadores, cuando las organizaciones juveniles habían sido cooptadas, ya sea por soborno o por represión, por el partido en el poder (PRI) y cuando a nivel internacional,  ante los fulgores de la revolución en Francia,  se había llegado a tocar la cabeza de algunos dirigentes estudiantiles.
La fuerza y velocidad con que se desenvolvió la movilización sorprendió no nada más al gobierno, sino al mismo movimiento. Todas las escuelas de la UNAM, el Poli, Chapingo e incluso muchas de las escuelas privadas en el DF fueron puestas bajo control de los comités de huelga formados a partir del decreto de la huelga indefinida.

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domingo, 1 de agosto de 2010

MÉXICO: La nación mexicana está viviendo unas de las horas más tristes de su historia

copiado de LA JORNADA  www.jornada.unam.mx


Las horas tristes
Rolando Cordera Campos
L
a marcha del país, de por sí lenta y tortuosa, se verá obstruida de nuevo en los próximos días y meses por las decisiones del gobierno en materia de política económica. Se comprobará, a un alto costo, que el peso de las ideas muertas que inspiran la gestión gubernamental de nuestra economía política es mayor que lo que la evidencia nacional e internacional indicaría. De convertirse en ley (de ingresos) y decreto (de Presupuesto de Egresos), el dogma osificado que marca el paso del gobierno y, por lo visto, de las elites de la economía y el dinero, pondrá a la sociedad en una ruta de mayor deterioro y de irremediable colisión distributiva que en el estancamiento no puede sino devenir una guerra sin cuartel de todos contra todos. La majadería actual en torno a las pensiones del IMSS será juego de niños para lo que puede venir a partir de septiembre.
Leer texto completo dando click al enlace de abajo:

jueves, 25 de marzo de 2010

LOS DIOSES SE MUDAN EN EL SOL Y LA LUNA: Texto en Náhuatl y Español


copiado de   MEXICA   http://mexica.ohui.net




1. Mitoa in ok youayan, in ayamo tona, in ayamo tlatui, kilmach, mosentlalike, mononotske in teteo in umpa Teotiuakan, kitoke, kimoluike:
1. Dicen que cuando aún es de noche, cuando aún no sale el Sol, cuando no amanece, dizque se juntaron en uno, se convocaron los dioses allá en Teotihuacan, dijeron, se dijeron unos a otros:
—Tla xi ualuian, teteoé, ¿akin tlatkis, akin tlamamas in tonas, in tlatuis?
—Venid acá, dioses, ¿quién tomará el trabajo, quién se echará a cuestas el hacer salir el sol, el hacer amanecer?
2. Au niman ye ik yeuatl unkan ontlatoa, onmixketsa in Tekusistekatl, kito:
2. Y luego por cierto por allá habla aquel, se presenta delante Tecuciztecatl, dijo:
—Tetetoé, ka neuatl niyes.
—¡Dioses, yo tengo que ser!
3. Okseppa kitoke in teteu:
3. Una vez más dijeron los dioses:
—¿Akin okse?
—¿Quién otro más?
4. Niman ye ik nepanotl mota, kimottitia, kimoluia:
4. Luego por esto juntos, se ponen a ver, se miran unos a otros, se dicen:
—¿Ken onyes ji, ken tonyeske?
—¿Cómo ha de ser esto? ¿Cómo seremos nosotros?
5. Ayac motlapaloya, in occe onmixquetzaz; zan muchi tlacatl momauhtiaya, tzinquetzaya. Auh amo onnezticatca in ce tlacatl.
5. Nadie se atrevía para presentarse como otro más: sólo todas las personas tenían miedo, retrocedían. Y no se estaba presentando delante de otra persona.
6. Nanahuatzin uncan tehuan tlacacticatca in nenonotzalo: niman ic yehuatl connotzque in teteo, quilhuique:
6. Nanahuatzin allí junto a ellos estaba oyendo lo que se determinaba: luego pues a este llamaron los dioses, le dijeron:
—Tehuatl tiyez, Nanahuatzé.
—Tú tienes que ser, Nanahuatzin.
7. Niman quicuitihuetz in tlatolli, quipaccaceli, quito:
7. Luego él vino en tomar la orden, la recibió de buena gana, dijo:
—Ca ye cualli, teteoé, oannechmocnelilique.
—Está bien, dioses, vosotros me habéis hecho una gracia.
8. Niman ic compehualtique in ye tlamacehua, mozauhque nahuiilhuitl omextin in Tecuciztecatl.
8. Al punto, pues, comenzaron a hacer penitencia, ayunaron cuatro días ambos, él y Tecuciztecatl.
9. Auh niman no icuac motlali in tletl, ye tlatla in uncan tlecuilco, quitocayotia in tlecuilli teutexcalli.
9. En seguida por consiguiente se encendió fuego, ya arde allá en el fogón, y el fogón tenía el nombre de “roca divina".
10. Auh in yehuatl Tecuciztecatl in ipan tlamacehuaya muchi tlazotli: in iacxoyauh, quetzalli; in izacatapayol, teocuitlatl; in ihuitz, chalchihuitl; in ictlaezhuilli tlaezzotilli, tapachtli, auh in icopal, huel yeh in copalli.
10. Ahora bien, aquello con que Tecuciztecatl hacía penitencia, todo precioso: sus ramas de abeto, plumas de quetzal; sus bolas de grama, oro; sus espinas, jades; sus cosas ensangrentadas, sus sangramientos, coral, y su incienso un muy buen incienso.
11. Auh in Nanahuatzin in iacxoyauh mochiuh zan zacatl xoxouhqui, acaxoxouhqui, eein tlalpilli, tlacuitlalpilli, nepan chicunahui ye muchi; auh in izacatapayotl, zan yeh in ocozacatl; auh in ihuitz, zan ye no yeh imehuitztli auh in ic quezhuiaya huel yeh in iezzo, auh in icopal, zan yeh in inanahuauh concocolehuya.
11. Pero por lo que toca a Nanahuatzin, sus ramas de abeto se redujeron a cañas verdes, cañas tiernas, en manojos, gavillas, diversas atadas, todas ellas nueve, y sus bolas de grama, solo (eran) hoja seca de pino, y sus espinas no (eran) sino verdaderas espinas de agave y lo que se sangraba bien (era) en verdad su sangre, y su incienso, no más que la raedura de sus llagas de que estaba doliente.
12. In omextin hin cecentetl intepeuh mochiuh, in umpa ontlamaceuhtinenca nauhyohual (mitoa yin axcan tetepe tzacualli: itzacual tonatiuh, ihuan itzacual metztli), auh in ontzonquiz nauhyohual in tlamacehualiz, niman quitlatlazato, quimamayahuito in imacxoyauh ihuan ye muchi ipan otlamaceuhque. In hin mochiuh ye in neehualco, icuac in yehualyohua tlacotizque, teotizque.
12. A cada uno de estos se le hizo su monte, en donde estuvieron haciendo penitencia cuatro noches (dicen, por cierto, ahora a estos montes, “pirámides”: la pirámide del sol y la pirámide de la luna). Y cuando acabó el (término) de cuatro noches, de hacer penitencia, luego echaron por el suelo, arrojaron sus ramas de abeto y todo aquello con que habían hecho penitencia. Esto se hizo en el término de levantar la penitencia, cuando ya anochece para ponerse a su oficio, para hacerse dioses.
13. Auh in icuac ye on aci yohualnepantla, niman ye ic quintlamamaca, quinchichihua, quincencahua: in Tecuciztecatl quimacaque iaztacon mimiltic ihuan ixicol; auh in Nanahuatzin, zan amatl, inic contzonilpique concuailpique, itoca iamatzon, ihuan iamaneapanal, ihuan iamamaxtli.
13. Y cuando llega la media noche luego pues les reparten, les atavían, les engalanan: a Tecuciztecatl le dieron su morrión de plumas de garza, cónico, y su chaleco; pero a Nanahuatl sólo papel: aquello con que liaron su cabeza se llama su cabellera de papel, y su tiara de papel y su braguero de papel.
14. Auh in ye yuhquin in ohuelacic yohualnepantla, in muchintin teteu quiyahualotimomanque in tlecuilli, in motenehua teutexcalli, in uncan nahui—ilhuitl otlatlac tletl, nenecoc motecpanque; auh nepantla quimonmanque quimonquetzque in omextin hi motenehua in Tecuciztecatl ihuan Nanahuatzin, quixnamictimoquetzque in tlecuilli.
14. Y así pues, cuando hubo llegado la media noche, todos los dioses se pusieron a rodear el fogón, el llamado "roca divina", en el cual por cuatro días había ardido el fuego, de uno y otro lado se pusieron en fila, y en medio colocaron, hicieron poner de pie a los dos llamados Tecuciztecatl y Nanahuatzin; los pusieron vuelta la cara, parados con la cara hacia el fogón.
15. Auh niman ye ic tlatoa in teteu, quilhuique in Tecuciztecatl:
15. Al punto pues mandan los dioses, dijeron a Tecuciztecatl:
—¡O tlacuele, Tecuciztecatlé, xon huetzi, xon momayahui in tleco!
—Ea pues, Tecuciztecatl, échate, arrójate al fuego.
16. Niman ye ic yauh momayahuiz in tleco. Auh in itech acito totonillotl, in amo ixnamiquiztli, in amo yecoliztli, amo ihiyohuiliztli, inic cenca huel oxoxotlac tlecuilli, ohuelhualantimotlali, ohuelmotlatlali in tletl. Ic zan ommixmauhtito, onmotilquetzato, hualtzinquiz, hualtzinilot. Ye noceppa yauh tlayehecoz ixquich caana ic momotla, quimomaca in tletl.
16. Al punto va a arrojarse al fuego. Pero, cuando a él llegó el ardor, que (era) insoportable, insufrible, intolerable, como que mucho había estado ardiendo el fogón, se había hecho un fuego abrasador, se había hecho un gran montón de brasas, no hizo más que sentir miedo a su vista, pararse a medio camino, retroceder y volver atrás. Una vez más fue a intentar arrojarse, poniendo todas sus fuerzas, para lanzarse con ímpetu, para dar consigo en el fuego.
17. Auh zan ahuel motlapalo, in ye no itech onaci totonqui, zan ahual tzinquiza, hualtzincholoa, amo ontlayecoa: ulnappa, tlaelnappa in yuh quichiuh in moyeheco, zan niman ahuel onmomayauh in tleco: ca zan ye uncan tlatenehualli in napan. Auh in ontlaquixti nappa; niman ye ic yeh contzatzilia in Nanahuatzin, quilhuique in teteu:
17. Sin embargo, no pudo atreverse: no bien alcanzó a llegar a él el ardor, no pudo más que retroceder, echarse a huir: no era para sufrirlo. Hasta cuatro veces hizo otro tanto y no sufrió, sino que no pudo echarse al fuego. Sólo que allí era el mandato de cuatro veces. Y por tanto, había intentado cuatro veces: luego por esto gritan a Nanahuatzin y le dijeron los dioses:
—Oc tehuatl, occuel tehuatl. ¡Nanahuatzé, mayecuel!
—Aun tú, aún para bien tú, Nanahuatzin, ¡ea pues!
18. Auh in Nanahuatzin zan cen in hualmotlapalo, quihualcentlami, quihuallancua in iyollo, hualixtetenmotzolo; amo tle ic mixmauhti, amo mo quequetz, amo motilquetz, amo tzinquiz; zan niman onmotlaztihuetz, onmomayauhtihuetz in tleco, zan ic cenya; niman ye ic tlatla, cuecuepoca, tzotzoyoca in inacayo.
18. Ahora bien, Nanahuatzin de una vez fue a atreverse, se hizo violencia, esforzó su corazón, cerró los ojos por no tener miedo; por nada se amedrentó, no se paró en la carrera, no retrocedió, sino que al punto se dejó caer, se fue a arrojar al fuego de una vez: al punto, pues, ya arde, chisporrotea y chilla (en el fuego) su carne.
19. Auh in icuac oquittac Tecuciztecatl in ye tlatla quinicuac zan tepan ipan onmomayauh, niman ye no ic tlatla.
19. Pues así que vio Tecuciztecatl que ya ardía, al momento también él se arrojó en él, con lo cual al punto ardía.
20. Auh in yuh conitoa, quilmach, niman no ic onehuac in cuauhtli, quimontoquili, onmotlaztihuetz in tleco, onmotlecomayauh, oc yehuatl nohuellalac ipampan ihuiyo cuichehuac, cuichectic.
20. Y según dicen, dizque también entró el Águila, los siguió ella, por cuya causa su plumaje es oscuro y requemado.
21. Auh zan ontlatzacui in océlotl, aocmo cenca huellala in tletl huetzito, ic za motlecuicuilo, motletlecuicuilo, motlechichino, aocmo cenca huellalac, ipampan zan cuicuiltic, motlilchachapani, motlilchachapatz.
21. Igualmente se metió el Tigre, aun no mucho se quemó cuando cayó en el fuego, con él sólo se chamuscó, se pintó con el fuego, se medio quemó, del todo bien no se quemó, por lo cual sólo manchado, manchado de tinta, manchado o salpicado.
22. Auh in ye yuhqui in omextin onmomamayauhque tleco, inicuac ye otlatlaque. Niman ic quichixtimotecaque in teteu in campa yeh quizaquiuh in Nanahuatzin in achto onhuetz tleco inic tonaz, inic tlathui.
22. Ahora bien, así que ambos se hubieron echado al fuego, inmediatamente se quemaron del todo. Luego se pusieron a esperar los dioses por dónde había de salir Nanahuatzin, el que primeramente se echó al fuego, para ser sol y para amanecer.
23. Inicuac ye huecauhtica onoque mochixca onoque teteu, niman ye ic pehua in tlachichilihui nohuiyanpa tlayahuallo in tlahuizcalli in tlatlahuilotl. In yuh conitoa nimanye ic motlancuaquetza in teteu inic quichiezque in campa yeh quizaquiuh Tonatiuh omochiuh, nohuiyanpa tlachizque, ahuicpa tlachie—momalacachotinemi. Ahcan huel centetix in intlatol in innemachiliz, atle ihuelyaca in quitoque.
23. Cuando ya hubo pasado largo tiempo, cuando los dioses hubieron estado esperando, luego comienza a ponerse rojo, por todas partes rodea la aurora, la claridad de la luz. Según dicen, luego se arrodillan los dioses para esperar por dónde ha de salir el que se había hecho sol; hacia todas partes fijaron los ojos, hacia (ellas) fijaban los ojos dando vuelta alrededor. En parte alguna se puso de acuerdo su palabra, su pensamiento, nada bien fijo lo que dijeron.
24. Cequintin momatque ca Mictlampa in quizaquiuh, ic umpan itztimomanque; cequintin Cihuatlampa, cequintin Huitztlampa itztimomanque, nohuiyanpa motemachique ipampa in zan tlayahualo tlatlahuillotl. Auh in cequitin huel umpa itztimomanque in tlauhcopa, quitoque:
24. Algunos opinaron que del norte había de salir, por lo cual hacia allá estuvieron mirando; algunos que del poniente, algunos que del sur; hacia allá estuvieron mirando; por todas partes opinaron (que saldría) por razón de que la claridad rodeada estaba. Pero algunos bien estuvieron viendo hacia el oriente, dijeron:
—Ca yeh umpa hin, yeh uncan hin in quizaquiuh Tonatiuh.
—Por cierto que por aquí, por allí ha de salir el sol.
25. —Yehuantin huel neltic in itlatol in umpa tlachixque in umpa mapiloque. Yuh quitoa yehuantin in umpa tlachixque Quetzalcoatl, ic ontetl itoca Ehécatl, ihuan Totec, anozo Anahuatl itecu, ihuan Tlatlahuic—Tezcatlipoca, no yehuantin in motenehua Mimixcoa, in amo zan tlapoaltin, ihuan cihua nahuin: Tiacapan, Teicu, Tlacoyehua, Xocoyotl.
25. Muy verdadera (fue) la palabra de los que allá estuvieron viendo, de los que allá señalaron con el dedo. Así se llaman aquellos que hacia allá estuvieron mirando: Quetzalcoatl, que por otro nombre, es Ehécatl, y Totec, o sea Anahuatlitecu (“el señor del anillo”), y Tezcatlipoca el rojo, como también los llamados “Serpientes de Nube, "que no tienen número, y cuatro mujeres: Tiacapan (“Nuestra hermana mayor”), Teicu, Tlacoyehua y Xocoyotl (“la que sigue; la de en medio, la menor”).
26. Auh inicuac oquizaco in omomanaco Tonatiuh, yuhquin tlapalli monenecuilotimani, amo huel ixnamico, teixmimicti, cenca tlanextia, motonameyotia, in itonameyo nohuiyampa aacitimoquetz, auh in itonalmiyo nohuiyampa cacalac.
26. Y cuando vino a salir el sol, cuando se presentó delante, como pintado de rojo, se estuvo contoneando de un lado a otro, no era posible verle cara a cara, le mortificaba a uno los ojos, mucho brillaba, lanzaba rayos de luz (y) su irradiación fue a llegar a todas partes, su calor entró a todas partes.
27. Auh zatepan quizaco in Tecuciztecatl quihualtocatia zan ye no umpa in tlauhcopa itloc onmomanaco in Tonatiuh; auh in yuh onhuetz que tleco, zan no yuh hualquizque, hualmotocatiaque.
27. En seguida vino a salir Tecuciztecatl (que) lo iba siguiendo en el mismo punto del oriente junto a aquel se presentó que era el sol: tal como cayó en el fuego, de igual manera salieron, se fueron siguiendo.
28. Auh in yuh conitoa tlatlanonotza tezazazanilhuia, zan neneuhqui in itlachieliz mochiuh, inic tlanextiaya; inicuac oquimittaque teteu in zan neneuhqui in itlachieliz, niman ye noceppa ic nennotzalo, quitoque:
28. Ahora bien, según cuentan los que refieren y narran hablillas a la gente, se hizo igual su luz con que resplandecían; cuando los vieron los dioses que era igual su luz luego al punto de nuevo se hizo reunión (y) dijeron:
—¿Quen yez que hin, teteuhé? ¿Cuix onteixtin ontlatocazque, onteixti yuh tlanextizque?
—¿Cómo será?, ¿Cómo esto? Dioses, ¿Acaso ambos han de ir uno en pos de otro? ¿Ambos han de lucir y brillar igualmente?
29. Auh in tetu muchintin huallatzontecque quitoque:
29. Y todos los dioses dieron su fallo, dijeron:
—Yuh yez hin, yuh muchihuaz hin.
—Así será esto, así se hará esto.
30. Niman ic ce tlacatl omotlalotiquiz in teteu, ic conixhuihuihuitequito in tochin in yehuatl Tecuciztecatl, ic conixpopoloque ic conixcomictique in yuhqui axcan ic tlachie.
30. Luego una persona de los dioses salió corriendo, hirió la cara con un conejo a aquel Tecuciztecatl, con lo cual le estragó la cara, le hirió en la cara, tal como hasta ahora se ve.
31. Auh in ye yuhqui inicuac ye omomanaco onteixtin, ye no cueleh ahuel olini, ahuel otlatoca, zan momanque, motetenmanque.
31. Ahora bien, así que ambos se presentaron, tampoco podían moverse, no podían seguir su marcha, sino que sólo estuvieron en pie, se mantuvieron en firme.
32. Ic ye noceppa quitoque in teteu:
32. Por tanto, de nuevo dijeron los dioses:
—¿Quen tinemizque? Amo olini in Tonatiuh. ¿Cuix tiquinnelotinemizque in macehualti: auh in hin ma toca mozcalti, ma timuchintin timiquican?
—¿Cómo hemos de vivir, no se mueve el sol? ¿Hemos de vivir acaso mezclados con los plebeyos (hombres)? Antes bien, por nuestra obra resuciten y medren, aun cuando todos nosotros muramos.
33. Niman ic yeh itequiuh in Ehécatl, ye quimiquita in teteu. Auh in yuh conitoa, Xólotl amo miquitlania.
33. Al punto hizo su oficio Ehécatl (el viento) y da muerte a los dioses. Pero, según dicen, Xólotl no quería morir.
34. Quimilhui in teteu:
34. Dijo a los dioses:
—Macamo nimiqui, teteuhé.
—¡No muera yo, oh dioses!
35. Ic cenca chocaya, huel ixpopozahuac ixcuatolpopozahuac. Auh in yeh itech onaci Miquiztli, zan teixpampa yehuac, cholo, toctitlan calactihuetz, ipan omixeuh ic mocueptihuetz in tochtli ome mani, maxaltic in quitocayotia millaca—xolotl.
35. Por esto mucho lloraba, bien se le hincharon los ojos, se le hincharon los párpados. Pero llegó hasta él la Muerte y no hizo más que huir ante ella, se ausentó, entre cañas de maíz verde se fue a meter, tomó el aspecto, se convirtió en caña que en dos permanece, cuyo nombre (es) doble, “doble labrador"(nr. El 1o. ).
36. Auh in uncan ittoc in toctitlan, ye noceppa teixpampa yehuac, ye no cuele metitlan calactihuetz, no ic onmocueptihuetz in metl ome mani in itoca mexolotl. Ye noceppa ittoc ye no cuele atlan calactihuetz axolotl mocuepato ye huel umpa canato inic conmictique.
36. Pero allí entre las cañas fue visto. Otra vez ante su cara huyó, y bien se fue a meter entre los magueyes, se convirtió también en maguey que dos permanece, cuyo nombre es “maguey doble”. También otra vez fue visto. Otra vez bien se fue a meter en el agua, se convirtió en ajolote (amblystoma): empero allí lo cogieron, con lo cual le dieron muerte.
37. Auh quitoa in manel muchintin teteu onmicque, zannel amo huel ic olim, amo huel ic otlatocac in teutl tonatiuh ic itequiuh onmochiuh Hécatl, moquetz in Hécatl, cenca molhui, totocac in ehecac, quin yehuatl huel colini, niman ye ic otlatoca.
37. Y dicen que aunque todos los dioses habían muerto, sin embargo no pudo moverse, no pudo seguir su marcha el dios para hacer su oficio. Ehécatl, se paró el viento, mucho empujó, hizo ímpetu con viento, (y) en seguida pudo moverse y luego ya por esto va siguiendo su marcha.
38. Auh in ic icaiac ye otlatoca, zan umpa oninocauh in meztli; quinicuac in ocalaquito icalaquian Tonatiuh, ye no cuele ic hualehuac in meztli: ic umpa mopatilique, motlallotilique inic ce ceppa hualquiza; tlacemilhuiltia in Tonatiuh, auh in meztli yohual tequitl quitlaza, ce yohual quitlaza, yohualtequi.
38. Y cuando ya él va siguiendo su marcha, allá se quedó la Luna; cuando salió su salida el sol también le fue siguiendo la luna: con lo cual allí se apartaron, hicieron diferente derrotero cada vez que van a salir: dura todo el día el sol, pero la luna de noche hace su oficio, cada noche pone su cargo, de noche trabaja.
39. Ic oncan hin neci mitoa ca yehuatl Tonatiuh yezquia in meztli Tecuciztecatl intla ye achto onhuetzini tleco, ipampa ca yehuatl achto mixquetz inic muchi tlazotli ipan tlamaceuh.
39. De ahí aparece esto que se dice que aquel la luna Tecuciztecatl hubiera sido el sol si primero se hubiera echado al fuego, por la razón de que él primero se presentó (y) todo precioso con lo que hizo penitencia.
40. Nican tlami inin nenonotzalli zazanilli in ye huecauh ic tlatlanonotzaya huehuetque in impiel catca.
40. Aquí acaba este mito, fábula que hace largo tiempo narraban los viejos que eran sus guardianes.







Origen :
Códice Florentino , libro VII , capítulo 2Códice Matritense de Real Palacio , folio 161 v y siguiente
Náhuatl :
Paleografía de Angel María GARIBAY, en Llave del náhuatl
Español :
Trad. de Angel María GARIBAY, en Llave del náhuatl