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Bertolt Brecht a la luz del sol naciente: La Judith de Shimoda
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Cabe imaginárselo así: ante su viejo escritorio de madera, rodeado de carpetas a punto de reventar con los apuntes y los fragmentos de no menos de media docena de manuscritos aún por elaborar. Bertolt Brecht acostumbraba a trabajar en varios proyectos de manera simultánea, rara vez daba por finalizados sus escritos y frecuentemente los empleaba como terreno de experimentación. La mayor parte de este material no ha sido publicado sino de manera póstuma y tal y como se encontraron los manuscritos, con una reverencia digna de mejor causa. Heiner Müller reconstruyó, años después, algunas de estas obras. El hundesalarios (1958), si bien no es propiamente una reconstrucción de una obra de Brecht, está notablemente inspirada en el fallido Garbe; la controvertida versión (terroristas de la RAF de por medio) de La caída del egotista Johann Fatzer (que fue el motivo de Fatzer ± Keuner, un ensayo de Müller sobre esta obra); y la ópera Los viajes del Dios Alegría, que no pudo completar. (En su informe redactó que «el fracaso de mi tentativa de terminar el esbozo de Brecht da algunas ideas del cambio de función de la literatura en un período de transición. Los escombros son, como los monumentos, materiales de construcción que vienen directamente de las canteras. El trabajo se reveló rápidamente imposible (para mí). Brecht empezaba poéticamente: un ángel de alas quemadas venía de la tierra martirizado por la guerra y despertaba al Dios Alegría; ese principio planteaba la cuestión sobre un terreno determinado, presuponía la imagen del mundo como un objeto esférico. Mi realidad de 1958 ya no podía, o aún no podía, ser representada de manera tan cerrada, mi globo terráqueo se componía de
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