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viernes, 29 de noviembre de 2013

ÍTALO CALVINO: Cuento, "La Distancia de la Luna"


La distancia de la luna

por Ítalo Calvino


Hubo un tiempo, según Sir George H Darwin, en que la Luna estaba muy cerca de la Tierra. Las mareas fueron poco a poco empujándola lejos, esas mareas que ella, la Luna, provoca en las aguas terrestres y en las cuales la Tierra pierde lentamente energía.


¡Claro que lo sé!, exclamó el viejo Qfwfq, ustedes no pueden acordarse, pero yo sí. La teníamos siempre encima, a la Luna, desmesurada; en plenilunio noches claras como de día, pero con una luz color manteca, parecía que iba a aplastarnos; en novilunio rodaba por el cielo como un paraguas negro llevado por el viento, y en cuarto creciente se acercaba con los cuernos tan bajos que parecía a punto de ensartar la cresta de un promontorio y quedarse allí anclada. Pero todo el mecanismo de las fases marchaba de una manera diferente de la de hoy, porque las distancias del Sol eran distintas, y las órbitas, y la inclinación de no recuerdo qué; además, eclipses, con Tierra y Luna tan pegadas, los había a cada rato, imagínense si esas dos bestias no iban a encontrar manera de hacerse continuamente sombra una a la otra.

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RICHARD FORD: Cuento "ENCUENTRO"


MIÉRCOLES, NOVIEMBRE 27, 2013





“Encuentro”


de Richard Ford









Cuando vi a Mack Bolger, se encontraba al pie de las escaleras de mármol que utilizan los transeúntes para entrar y salir de la terraza interior del vestíbulo principal de la estación de Grand Central. Fue antes de la Navidad del año pasado, cuando tuvimos un clima tan templado y lluvioso que el espíritu parecía hallarse en otra estación.

Yo atajaba por la terminal, algo que hacía a menudo para volver a casa de la editorial en la que trabajaba, en la calle Cuarenta y uno. De hecho, iba a reunirme con un nuevo amigo en Billy's. Eran las cuatro de la tarde de un viernes, y la inmensa estación estaba abarrotada de personas camino de alguna parte, cargadas con un montón de equipaje y valiosísimos paquetes, que gritaban saludos y adioses, agitaban los brazos, se abrazaban, se agarraban unas a otras con alegría. Otras estaban, simplemente, de pie, como Mack Bolger cuando le vi, con la vista perdida en el gentío, como si por alguna razón no hubiera venido la persona que estaba esperando. Mack es un hombre de elevada estatura, apuesto, bien proporcionado, que parece verlo todo desde la cima de la altura. Llevaba un abrigo largo y ajustado de una sarga verde oliva: un abrigo caro, pensé, italiano. Sus zapatos marrones relucían de lustrosos; la vuelta de los pantalones los rozaba con una caída perfecta. Y como no llevaba sombrero parecía aún más alto de lo que era, quizá uno noventa. Llevaba las manos en los bolsillos del abrigo, y mantenía la tersa barbilla levemente elevada tal como lo haría un hombre de mediana edad si pensara que así resultaba extremadamente visible en aquel lugar. El pelo le raleaba un poco por delante, pero lo llevaba muy bien cortado, y se le veía bronceado, lo que hacía que su cara cuadrada y su frente prominente tuvieran un aspecto grave, casi artificial, como si el hombre que estaba viendo no fuera Mack Bolger, sino una hermosa efigie situada precisamente allí para llamar mi atención.

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jueves, 2 de mayo de 2013

GUY DE MAUPASSANT: Cuento, "El Amigo Paciencia".


copiado de http://www.jornada.unam.mx/2013/04/28/sem-guy.html

Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 28 de abril de 2013 Num: 947

 
El amigo
Paciencia
Guy de Maupassant

Max Ernst, collage para Una semana con Sade
Críticos y estudiosos coinciden en que es un clásico, pero no abundan en otros juicios. Existe como un velado o doloroso pudor alrededor del escritor. Provenía de familia de alcurnia venida a menos, y trabajó en los ministerios de Marina y de Educación por varios años, hasta que se dedicó por completo a escribir. Contemporáneo de Chéjov, Mauppassant escribió más de trescientos cuentos en todos los géneros, la mayoría publicados en los periódicos Gil Blas y Le Gaulois. Familiar y discípulo de Flaubert, por su conducto trabó amistad con Turguéniev y Zola. Autor también de varias novelas, sus cuentos constituyen la parte más significativa de su obra y son muchos los atributos de su literatura, en la que domina la ironía y cierto pesimismo. Tuvo una vida breve y brillante. Su hermano Hervé murió en un manicomio y el mismo Guy intentó suicidarse en 1892. Su muerte fue atroz, pero antes padeció los estragos de la cruel enfermedad (sífilis) que lo abatió. En julio próximo se cumplirán ciento veinte años de su muerte. El cuento pertenece a una especie que usualmente envejece temprano. “El amigo Paciencia”,
sin embargo, conserva todos los elementos que lo mantienen actual y bien puede ser uno de los más representativos de Mauppassant.
L.A.
El amigo Paciencia
¿Sabes qué fue de Leremy?
Es capitán en el 6º de Dragones.
¿Y Pinson?
Subprefecto.
¿Racollet?
Murió.
Buscamos otros nombres que recordasen nuestra juventud, calados con quepí y galones de oro. A poco, habíamos repasado a varios camaradas barbudos, calvos, casados, padres de varios niños y esos recuerdos nos produjeron escalofríos desagradables, mostrándonos qué corta es la vida, cómo todo pasa, cómo cambia todo.
Continúa mi amigo, ¿y Paciencia, el gordo Paciencia? 
Emití una especie de rugido.
¡Ah! Paciencia... Escucha esto... Hace cosa de cuatro o cinco años me hallaba en Limoges, en un viaje de inspección. Aguardaba la hora de cenar sentado en el gran café de la plaza del Teatro y me aburría sin remedio. Los comerciantes entraban en grupitos de dos, de tres o cuatro, bebían ajenjo o vermut, conversaban en voz alta de sus asuntos y de los ajenos y reían ruidosamente o bajaban el tono para comunicarse las cuestiones importantes y delicadas.

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martes, 9 de abril de 2013

MANUEL MEJÍA VALERA: "El Discípulo", cuento.



EL DISCÍPULO

de Manuel Mejía Valera

JAVIER DOBLÓ EL PERIÓDICO, MIENTRAS en su cara se esbozaba un gesto de malestar.
   _No es posible, no es posible _murmuró.
   Sabedora de los estados de ánimo de su joven esposo, María Eugenia le interrogó diligente:
   _ ¿Qué pasa, amor mío?
   _Ha muerto el poeta Cyril Marko en un accidente de aviación. Aunque personalmente apenas lo conocí, bien sabes cómo ha influido su poesía y su vida en mi obra. La última vez que lo vi fue cuando viajaba a Europa: parecía inquieto y me extrañó mucho que su esposa y las niñas no fueran a despedirlo.
   _ ¡Qué lamentable! _dijo María Eugenia despreocupada.
   Javier se limpió involuntariamente la húmeda frente. Se puso de pie y como un sonámbulo fue al lavabo. El agua sobre el rostro alivió en algo su angustia. Se acarició la cara delante del espejo. Había que afeitarse antes de hacer cualquier cosa. Después iría al trabajo. La compañía de sus amigos, y quizá unos tragos, le harían bien.
   Javier frecuentó los bares, durante meses, incapaz de ocuparse de nada. Al comienzo le brindaron una atención entusiasta: entre prosaico y lírico, relataba los infortunados azares de su maestro muerto. Pero la atención de los otros tocó sus límites, y a poco Javier advirtió un ir y venir silencioso, y cierto día la deserción total de sus oyentes.
   Para escapar de aquel estado _y aconsejado por uno de sus amigos, que como todos se aburría escuchando a diario el tema obsesivo_  decidió escribir la biografía del maestro.
   María Eugenia asistía con alarma a esta etapa febril de su esposo, confinado en la luminosidad gris y apagada de su escritorio.  
   _Me parece que lo estoy perdiendo_  le confesó a una amiga.
   Entretanto, la exhumación de documentos, encuestas, entrevistas, cartas, colmaban el tiempo de Javier, al paso que le revelaban coincidencias extrañas: nacidos el mismo día, aunque con quince años de diferencia (según el horóscopo ambos estaban regidos por Capricornio), sus años de infancia, su temprano interés por la poesía, la edad en que publicaron su primer libro (a los diecinueve años), su inclinación por el alcohol, la fecha de matrimonio, el mismo número de hijas, establecían entre Javier y el poeta biografiado una coincidencia singular. Una colección de fotografías comprobó el sorprendente parecido físico entre ambos poetas. Desde luego, esto agudizó la pasión de Javier en su tarea. 

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viernes, 29 de marzo de 2013

FLANNERY O'CONNOR: "El Tren" (cuento)





De tanto pensar en el camarero casi se había olvidado de la litera. Le tocaba una de arriba. El hombre de la estación había dicho que podía darle una de las de abajo y Haze le había preguntado si no tenía de las de arriba. Al acomodarse en el asiento, Haze se había fijado en que, encima de su cabeza, el techo era redondeado. Ahí estaba la litera. Bajaban el techo y ahí estaba, y para subirte tenías que usar una escalera. No había visto ninguna escalera por ahí; supuso que las guardarían en el armario. El armario estaba justo por donde se entraba. Cuando se subió al tren había visto al camarero de pie, delante del armario, poniéndose la chaqueta del uniforme. Haze se había parado justo en ese instante, justo donde estaba.
La forma en que movía la cabeza era igual, y la nuca era igual, y el brazo lo tenía igual de corto. Se apartó del armario y miró a Haze, y Haze le vio los ojos y eran iguales; eran idénticos... así, de entrada, idénticos a los del viejo Cash, pero después eran diferentes. Se volvieron diferentes mientras los miraba; se endurecieron por completo.
—¿A... a qué hora bajan las camas? —farfulló Haze.
—Falta mucho todavía —contestó el camarero, y volvió a buscar otra vez dentro del armario.
Haze no supo qué más decirle. Se fue para su compartimento.
El tren era ahora una mancha gris que avanzaba rauda dejando atrás atisbos de árboles, campos veloces y un cielo inmóvil que se oscurecía mientras se alejaba. Haze reclinó la cabeza en el respaldo y miró por la ventanilla, la luz amarillenta del tren lo bañaba con su tibieza. El camarero había pasado dos veces: dos veces hacia atrás y dos veces hacia delante, y la segunda vez que había pasado hacia delante le había echado a Haze una mirada severa, y luego había seguido su camino sin decir nada; Haze se había dado la vuelta para verlo marchar tal como había hecho la vez anterior. Hasta su forma de andar era igual. Todos los negros de la quebrada se parecían. Eran unos negros de un tipo muy personal, pesados y calvos, pura roca. En sus tiempos, el viejo Cash había pesado noventa kilos, sin un gramo de grasa, y no levantaba más de metro cincuenta y cinco del suelo. Haze quería hablar con el camarero. ¿Qué le comentaría el camarero cuando él le dijese: «Soy de Eastrod»? ¿Qué le diría él?

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lunes, 21 de enero de 2013

JUAN CARLOS ONETTI: "Jacob y El Otro"


copiado de MATERIAL DE LECTURA  http://www.materialdelectura.unam.mx


Jacob y el otro
 
1. Cuenta el médico

Media ciudad debió haber estado anoche en el Cine Apolo, viendo la cosa y participando también del tumultuoso final. Yo estaba aburriéndome en la mesa de poker del club y sólo intervine cuando el portero me anunció el llamado urgente del hospital. El club no tiene más que una línea telefónica; pero cuando salí de la cabina todos conocían la noticia mucho mejor que yo. Volví a la mesa para cambiar las fichas y pagar las cajas perdidas.

Burmestein no se había movido; baboseó un poco más el habano y me dijo con su voz gorda y pareja:

—En su lugar, perdone, me quedaría para aprovechar la racha. Total, aquí mismo puede firmar el certificado de defunción.

—Todavía no, parece —contesté tratando de reír. Me miré las manos mientras manejaban fichas y billetes; estaban tranquilas, algo cansadas. Había dormido apenas un par de horas la noche anterior, pero esto era ya casi una costumbre; había bebido dos cognacs en esta noche y agua mineral en la comida.

La gente del hospital conocía de memoria mi coche y todas sus enfermedades. Así que me estaba esperando la ambulancia en la puerta del club. Me senté al lado del gallego y sólo le oí el saludo; estaba esperando en silencio, por respeto o por emoción, que yo empezara el diálogo. Me puse a fumar y no hablé hasta que doblamos la curva de Tabarez y la ambulancia entró en la noche de primavera del camino de cemento, blanca y ventosa, fría y tibia, con nubes desordenadas que rozaban el molino y los árboles altos.

—Herminio —dije—, ¿cuál es el diagnóstico?

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miércoles, 2 de enero de 2013

ALBERTO MORAVIA: "El amante rechazado", cuento.


copiado de http://www.ciudadseva.com

El amante rechazado
[Cuento: Texto completo]
Alberto Moravia
La calle se mostraba como una especie de túnel bajo una bóveda de diminuto y plumoso follaje verde y amarillo. Sostenían esta nube de hojas otoñales determinados árboles cuyos troncos eran de una negrura violenta y como carbonizada, que parecían empapados por toda la lluvia de los días anteriores. Innumerables hojas verdes y amarillas derribadas por el agua sobre el pellejo negro y graso del asfalto habían quedado adheridas haciéndolo parecer manchado como la piel de la pantera. En un sitio se había formado un gran montón de esas hojas; el verde y el amarillo, mezclándose y reluciendo por el agua, daban la ilusión de un oro copioso vomitado por la rotura de un cofre; y era una extraña visión, casi digna de ser deplorada como una gran riqueza inexplicablemente abandonada y despreciada. Yo no padecía, pero sabía que si hubiese tenido un dolor aquellos colores tan fuertes me habrían hecho sufrir, como todo detalle de excesiva evidencia al que una sensibilidad herida atribuye inmediatamente un significado. Así, en cuanto salimos de la casa, le hice notar a Livio el color de esas hojas y de esos troncos. Pero él meneó la cabeza y contestó que no tenía la mente como para eso. A continuación, con un tono suplicante, me pidió que no lo dejara: quería estar conmigo algo más.
Empezamos a caminar delante y atrás sobre aquellas hojas, a lo largo de aquellos troncos en el aire ahumado y azulado del crepúsculo otoñal. 

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MAX AUB: "Hablaba y hablaba", minicuento


copiado de BIBLIOTECA DIGITAL CIUDAD SEVA  http://www.ciudadseva.com

Hablaba y hablaba...

[Minicuento. Texto completo]

Max Aub

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.
FIN

lunes, 10 de septiembre de 2012

NOCHE EN EL TREN, cuento de Jorge López Páez

copiado de LITERATURA UNAM  http://www.materialdelectura.unam.mx


Noche en el tren


               ¿Entra en el torso del tren, con su silbido. Un
               espectro anacrónico. Duele como una flecha,
               ciega y sin rumbo, un mal recuerdo. Pero
               luego se pierde su voz a la distancia y se
               vuelve indoloro.

EDUARDO LIZALDE

Para Eduardo Lizalde


El ambiente en la casa se hizo tenso. En una ocasión, al llegar yo interrumpió mi padre una llamada telefónica. Después sorprendí a mi papá pensativo, con el ceño fruncido. No duró esta situación más de una semana. El domingo, antes de que saliéramos, nos llamó mi padre a todos los hermanos. En esta ocasión no se sentó frente a nosotros, como solía hacerlo cuando había un problema que discutir, ni tampoco estuvo presente mi madre, sino que, paseándose por la estancia, nos informó que mi madre, a su edad, estaba embarazada, con problemas graves, y sería necesario practicarle un aborto, el cual presentaría riesgos. Dos días después iba a ser operada. A la mañana siguiente iba a llegar de Guadalajara el abuelo Carlos; deberíamos ir Gabriel, mi hermano mayor, y yo a recogerlo a la estación del ferrocarril. Tendríamos a nuestra disposición el coche de papá. Rosaura, nuestra hermana, tendría que irse a su escuela en lo que pudiera. Después nos exhortó a actuar con naturalidad, a prescindir en esos días de nuestras actividades sociales, ya que se necesitarían los esfuerzos de todos y cada uno. También tendríamos la ayuda de sus cuñadas, o sea nuestras tías, quienes ya tenían sus permisos en sus respectivos trabajos para no asistir.
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lunes, 20 de agosto de 2012

ALLÁ ESTÁN LOCOS, de Vicente Alfonso


copiado de EL SÍNDROME DE ESQUILO  http://elsindromedesquilo.blogspot.mx/


Crecí escuchando lo difícil que podía ser la vida en el distrito federal: temblores y asaltos. Ríos de personas como autómatas ciegos en los túneles del metro. Manifestaciones. Laberintos de asfalto donde los coches se quedaban varados por horas. Secuestros. Familias completas viviendo en un cuarto de azotea. Un cielo venenoso y gris que en los peores días dejaba sobre las banquetas un reguero de pájaros muertos.

        Con todo, era la capital del país. Me tocó visitarla por primera vez a los  ocho años, cuando mi padre decidió que ya podía acompañarlo a una reunión de trabajo. En ese tiempo no había de otra: ir de Torreón a México implicaba pasar la noche en un autobús que se detenía en cada población. Ya en el andén de salida, mi madre nos lanzó una advertencia:
—Tengan cuidado: allá están locos. 

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domingo, 29 de julio de 2012

CUENTO EN LENGUA SERI: Oot quih conteetxyat quih cöiscaao ac (El coyote y el pinacate)



“OOT QUIH CONTEETXYAT QUIH CÖISCAAO AC”
(Seri)
Conteetxyat quij haaho com iti tiij toc cöquiijiha. Oot timoca mos haaho timoca itaao toc cömocaha.
Ziix quij cöiifp cah hant iqui xah itoocta ox xah itai yoque;
— Hihamiigo ¿az iscasiiijimya hizaax cötiiijaha?
Hihamiigo ihpocaao xoque — ox itai yoque.
Ox tpactama conteetxyat quij ox tee yoque:
— Mmmm. He ziixo zo casiijim xahxaii hiz cohpyiij — ox tee yoque.
Ox tpactama oot quij ox xah itai yoque:
— ¿Azj iscacatimayaha? — ox tee yoque.
Ox tpactama conteetxyat quij ox itai yoque:
— Cooza hant ipot coii hiza toiima he taax cquecölihi hiz cohpmiij — ox tee yoque.
Ox tpactama oot quij ox tee yoque:
— Hihamiigo ¿zo tooza? Yaza quih impoaax he cmesxö — ox tee yoque.
Ox teema conteetxyat quij ox tee yoque:
— Ihahi. ¿Taax ziixah z isahii queeya? ¿Taax ziix az hant isiip haaya? Taaxo cötquimjöc ox tcoozaha. Haaho quih it hapx caap coox cah pti icx popaquim spacotim ha teque hiz cömiihca — ox tee yoque conteetxyat quij.
Ox tpactama oot quij ox tee yoque:
— Ox popactatax ihpsojoz haahi — ox tee tojoz yoque. Ziix cop aa ihacoxl iti hapx iqui tpanzx yoque.
Hapx iqui tpanzx toii ntitama xajii hantaxlaa cahca pac toc cötahcama taax contita toii ntita yoque conteetxyat quij. Oot quij hipi xah quiho cah cöitaasitim yoque oot quij. Cöitaasitim toii ntiya.
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miércoles, 25 de abril de 2012

JULIO CORTÁZAR: El Perseguidor y otros cuentos de cine

copiado de EL LECTOR PERDIDO. COM  http://www.ellectorperdido.com



by SILVIA BARDELÁS on FEBRUARY 14, 2012
EL PERSEGUIDOR Y OTROS CUENTOS DE CINE
Julio Cortázar
RBA
La realidad es un concepto fundamental, yo diría que el más fundamental, si queremos mantener nuestra existencia en plenitud tenemos que sentirnos reales, o también se puede formular de otra manera, teniendo una existencia plena nos sentimos reales. Pero la realidad no es una cosa, es un sentimiento que nace de la relación con algo distinto a mí, sólo me puedo sentir real si tengo una presencia fuera de mí, si soy con otros, entre otros.
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jueves, 22 de marzo de 2012

JUAN VILLORO: Cuentos

copiado de MATERIAL DE LECTURA   http://www.materialdelectura.unam.mx

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juan-villoro.jpgJuan Villoro



Selección
y nota
introductoria de
Laura Zavala

lunes, 13 de febrero de 2012

"EL ECLIPSE": Cuento de Augusto Monterroso

copiado de CIVILIZACIONES INDÍGENAS  http://chuma.cas.usf.edu/


eclipse
Este breve cuento del guatemalteco Augusto Monterroso retrata, no sin toques de ironía, el sentido de superioridad -- a veces equivocada -- de los europeos.  Los pueblos autóctonos de América habían logrado muchos conocimientos científicos, sobre todo en el campo de astronomía.
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-- Si me matáis --les dijo-- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

--Augusto Monterroso, Obras completas (y otros cuentos)

jueves, 19 de enero de 2012

CUENTOS ZAPATISTAS: "La Historia de los Sueños"


 
La historia que te voy a contar no me la contó nadie. Bueno, me la contó mi abuelo pero él me advirtió que sólo la entendería cuando la soñara. Así que te cuento la historia que soñé y no la que me contó mi abuelo:
“En cada surco de piel que se nace en el rostro de los grandes abuelos se guardan y se viven los dioses nuestros. Es el tiempo de lejos que se llega hasta nosotros. Por el tiempo camina la razón de nuestros antepasados. En los viejos más viejos hablan los grandes dioses, nosotros escuchamos. Cuando las nubes se acuestan sobre la tierra, apenas agarradas con sus manitas de los cerros, entonces se bajan los dioses primeros a jugar con los hombres y mujeres, cosas verdaderas les enseñan. Poco se muestran los dioses primeros, traen cara de noche y nube. Sueños son que soñamos para ser mejores.

LEE EL CUENTO COMPLETO DANDO CLIC A "Más información":

domingo, 27 de noviembre de 2011

CUENTOS PARA NIÑOS Y JÓVENES

copiado de CUATROGATOS  http://www.cuatrogatos.org



Aleksandr Nikolaevich Afanasiev (Rusia):
La bruja Baba Yaga
María Teresa Andruetto (Argentina):
El árbol de lilas
Triunfo Arciniegas (Colombia):
Caperucita Roja
Luis Cabrera Delgado (Cuba):
La muchacha más bella del pueblo
Luis Caissés Sánchez (Cuba):
De cómo nacen los chiviríes
Marina Colasanti (Brasil):
Siete años y siete más



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viernes, 4 de noviembre de 2011

"RUMORES", cuento de Elisa Cárdenas Ayala


copiado de ARGOS 5/NARRATIVA   http://fuentes.csh.udg.mx

Elisa Cárdenas Ayala

Rumores
1

La culpa de todo la tienen las paredes de la casa. Esas que creímos que no hablaban. Luego resulta que mil años después nos vienen sacando a relucir las cosas, así a pedazos, como restos de un cuerpo roído por los perros.
La culpa de todo la tienen las paredes y las ventanas de la casa. Esas que creímos qué no dejaban salir los miedos a la calle, que no eran de salida. Luego tuvimos que andar escondiéndonos en las esquinas de nuestros propios miedos, sacándoles la vuelta.
Dicen las paredes que la culpa es toda nuestra por no haber dejado entrar a los perros por la tarde. Esos perros que no tuvimos y que le ladraban a la vecina de enfrente esos mismos perros.
Dicen y vuelven a decir cosas que teníamos por perdidas para siempre, dichas a media voz y con los ojos vueltos hacia dentro evitando el eco; palabras que cuidamos no dejar prendidas a cabellos sueltos para evitar murmullos.
Ahora las paredes no paran de hablar. Están desatadas. Más avanza el día y más vigor cobran sus palabras. Ya después de las cuatro empieza a vibrar toda la casa. La pintura se ha venido cayendo en pedazos. Apenas se puede respirar cuando en la madrugada por fin se calman.
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jueves, 4 de agosto de 2011

BATA Y ANUBIS: Cuentos y Leyendas del Antiguo Egipto



Bata y Anubis, Cuentos y Leyendas del Antiguo Egipto 



BATA era el hermano pequeño de ANUBIS y vivía junto a este y su esposa como si fuera un hijo. Cooperaba en las tareas de la casa, de las tierras y los animales incansablemente junto a ANUBIS.
Pero un día estando en el campo, BATA fue enviado por su hermano a la casa a recoger semillas para la siembra y al llegar la esposa de su hermano le hizo proposiciones nada honestas. BATA lleno de rabia le recordó, que ella era además de una madre para él, la esposa de su hermano y que olvidaría ese momento para que su hermano no sufriera.
Al llegar la noche, ANUBIS entró en la casa y encontró a su mujer en la cama simulando haber sido golpeada y le contó que el causante de sus heridas había sido BATA enfadado porque ella se había negado a aceptar sus proposiciones.
ANUBIS cogió un cuchillo y se dirigió a los establos con la intención de acabar con la vida de su hermano, que al darse cuenta de las intenciones de ANUBIS emprendió la huida. Mientras ANUBIS le perseguía, BATA consiguió que RA escuchase su llamada y creó entre ambos un lago lleno de cocodrilos que hacía imposible que llegasen el uno al otro. A la mañana siguiente se sometieron al juicio de RA, en el que BATA contó a su hermano lo que le había sucedido realmente con su esposa y le dijo que pensaba irse lejos de él, al valle de los cedros, donde se arrancaría el corazón y lo dejaría sobre una flor de cedro. Le dijo también que en algún momento, cuando el árbol se cortase, el moriría, y que si realmente le quería debería ir a recoger su corazón y meterlo en vaso de agua fresca para que pudiera resucitar y vengar el trato recibido. La señal sería una jarra de cerveza que se desbordaba.
BATA se dirigió al valle de los cedros y ANUBIS volvió a su casa y asesinó a su mujer.
En el valle de los cedros BATA construyó un bonito palacio al que llegó la Enéada, que sintiendo compasión por él, mandaron modelar a la mujer más bella del mundo para que fuese su esposa.
La existencia de tan bella mujer llegó a oídos del faraón que mandó a buscarla para hacerla su esposa principal, la gran favorita del harén. La favorita contó al faraón quien era su esposo y también el secreto para destruirlo. Así el rey, envió a sus hombres a cortar el cedro que guardaba el corazón de BATA, y al instante, murió.
ANUBIS, que había seguido con su vida, al llegar ese día a su casa, pidió una jarra de cerveza que al serle servida se desbordó. Recordando las palabras de su hermano, se puso en marcha al valle de los cedros donde lo encontró muerto.
Buscó su corazón sin éxito durante años hasta que ya a punto de desistir lo encontró y siguiendo las instrucciones que le diera BATA consiguió resucitarlo.
Ahora a BATA le tocaba vengar la traición de su esposa y se convirtió en un gran toro al que ANUBIS debía conducir a palacio. Todo salió según los planes y el faraón nada ver al toro quiso cambiárselo a ANUBIS por una importante cantidad de oro con la que regreso a su casa como había acordado con BATA.
Una vez en palacio, BATA con forma de toro le hizo saber a la favorita que no estaba muerto y ella pidió al faraón que matase al toro. Al matarlo, dos gotas de su sangre hicieron crecer dos hermosas perseas junto a las puertas de palacio. BATA aún seguía con vida, esta vez, en forma de persea y al hacérselo saber a la favorita, esta volvió a pedir al faraón que cortase las perseas ya que quería acabar con él a toda costa y de nuevo el faraón consintió y las cortó. Esta vez, una astilla de las perseas al ser cortadas, se clavó en la favorita y esta quedó embarazada. Nadie lo sabía, pero el futuro bebe sería de nuevo BATA.
El faraón encantado con el pequeño varón lo nombró heredero del reino y al ser anciano y morir, el príncipe le sucedió e inmediatamente contó a sus consejeros todo lo que había sufrido a causa de la maldad de su mujer y esta fue castigada con la muerte.
Reinó durante treinta años y fue sucedido por ANUBIS a quien había nombrado príncipe heredero.




Fuente: http://egipto.com/

miércoles, 9 de febrero de 2011

BESTIARIO DE INDIAS, por Gonzalo Fernández de Oviedo (FCE)

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     DE LOS ANIMALES, Y PRIMERAMENTE DEL TIGRE


El tigre es animal que, según los antiguos escribieron, es el más velocísimo de los animales terrestres; y tiguer en griego quiere decir saeta; y así, por la velocidad del río Tigris se le dio este nombre. Los primeros españoles que vieron estos tigres en Tierra-Firme llamaron así a estos animales, los cuales son según y de la manera del que en esta ciudad de Toledo dio a vuestra majestad el almirante don Diego Colón, que le trajeron de Nuevo España. Tiene la hechura de la cabeza como león o onza, pero gruesa, y ella y todo el cuerpo y brazos pintado de manchas negras y juntas unas con otras, perfiladas de color o concierto de pintura; en el lomo y a par de él mayores estas manchas, y disminuyéndose hacia el vientre y brazos y cabeza; éste que aquí se trajo era pequeño y nuevo, y a mi parecer podría ser de tres años; pero haylos muy mayores en Tierra-Firme, y yo le he visto más alto bien que tres palmos y de más de cinco de luengo; y son muy doblados y recios de brazo y piernas, y muy armados de dientes y colmillos y uñas, y en tanta manera fiero, que a mi parecer ningún léon real de los muy grandes no es tan fiero ni tan fuerte. De aquestos animales hay muchos en la Tierra-Firme, y se comen muchos indios, y son muy dañosos; pero yo me determino si son tigres llamamos en las Indias. Verdad es que, según las maravillas del mundo y los extremos que las criaturas, más en unas partes que en otras, tienen, según las diversidades de las provincias y constelaciones donde se crían, ya vemos que las plantas que son nocivas en unas partes, son sanas y provechosas en otras, y las aves que en una provincia son de buen sabor, en otras partes no curan de ellas ni las comen: los hombres, que en una parte son negros, en otras provincias son blanquísimos, y los unos y los otros son hombres: ya podría ser que los tigres asimismo fuesen en una parte ligeros, como escriben, y que en la India de vuestra majestad, 

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domingo, 30 de enero de 2011

EL DEL ANTIFAZ AZUL SE LLAMABA LEONARDO, por Ánuar Zúñiga Naime

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Desde que vamos en el taxi, voy contándole historias a Bren sobre los lugares por los que pasamos pero sobre todo me sorprendo con los que desaparecieron o han cambiado: la farmacia que ahora es OXXO, la tiendita que ahora es farmacia, las casas que han cambiado de color y las calles que han cambiado de sentido.
Vamos a la casa donde pasé los primeros veinte años de mi vida. Las calles huelen igual que cuando me fui, si es que eso es posible.
Cuando estamos a punto de tocar el timbre, un hombre de traje se detiene en la puerta de la casa contigua y nos mira. Tardo unos segundos en reconocerlo, es Ricardo, el único amigo que tuve en la cuadra cuando era niño. Se acerca a saludarme y veo las entradas en la cabeza, los cañones de la barba a medio crecer. Me cuenta que se licenció en Derecho y que ahora trabaja en la asamblea del PAN. Prometemos llamadas para tomar café que nunca sucederán.
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