sábado, 15 de diciembre de 2007
lunes, 10 de diciembre de 2007
la jornada morelos
Tierra cañera
Amacuzac de cabeza
| El movimiento por la toma de la presidencia municipal de Amacuzac durante la semana pasada, puso en evidencia varias situaciones que se han ocultado desde hace casi un año a la opinión pública, pero que ya son del dominio y de los llamados “secretos a voces” que pululan en terreno amacuzteco, en este inquieto pero agradable lugar del sur y poniente de Morelos. Lo primero es que se apunta una incapacidad política para tratar el tema en la mesa y darle una solución, aunque más que cerrazón del alcalde, Pablo Fernández Nava, improvisado edil que llegó a la primera silla de Amacuzac porque no había a quién lanzar en su momento en ese partido, hay más que la citada cerrazón, y el que muchos de sus propios allegados afirman, que ha sido mayor su temor que su incapacidad política como novato. Se dijo que tomaron el ayuntamiento por la incapacidad del alcalde Fernández para resolver diversas demandas de Casahuatlán, además por la prepotencia de directivos a los que quieren sacar, seguridad pública, Jorge Luis García Ortega, de protección civil, José Franco Sarabia, del secretario municipal, José Luis Pineda Salgado, de la tesorera y del de obras públicas. Sin embargo, hay otros factores que hay que tomar en cuenta en esto. Se sabe que desde enero, luego de tres meses que consideró suficiente el edil Fernández para pagar los favores al partido que lo llevó al triunfo, empezó también a deslindarse corriendo a funcionarios, y así fue terminando los “compromisos” que tenía con el llamado partido del “sol azteca”. Se oye coherente el dato, pues a partir de esa fecha se tensó su relación con los miembros de su propio partido en el cabildo, hablamos del síndico José Rebolledo Maxinez y el regidor de Obras, Margarito Torrecilla Valle, al grado de parecer oposición, de negar por una parte la información y por la otra con la misma postura en cuanto a la firma de las cuentas públicas. Pero también se ve la participación del suplente del presidente, José Luis Reyna Jaimes, quien se ha movido en la toma de la presidencia y quien le adjudican tener pretensiones de ocupar el puesto de Pablo Fernández. Sin embargo, lo acusan sus opositores, pues su pasado hace recordar que tiene acusaciones de sacar documentos internos de la presidencia y por eso fue penosamente despedido. Otros de los puntos criticables de los opositores de Pablo Fernández, que van a tono con los múltiples errores y milagritos que también lo sitúan a él con mala estrella, son las mismas propuestas del PRD para con el ayuntamiento, que rebasan los límites, como el que ingresara a la nómina a más gente con la que tenía compromiso este partido, ya que desde enero del presente fueron recortados varios perredistas, tesorería y obras públicas, por ejemplo. Aun así, parece que el temor de Fernández de enfrentar a la gente por falta de argumentos para defender su situación, se niega rotundamente a realizar un cabildo abierto para tratar los puntos que exigen, pues el pasado viernes un grupo de sus simpatizantes se reunieron para elaborar un documento y solicitar la intervención de la fuerza pública para retirar a la gente y dejarle el paso libre para entrar a la presidencia, pero Fernández pidió prudencia, pero no dijo que se acercará a dialogar. Mientras tanto, sigue la toma de la presidencia municipal, las actividades detenidas, la población que necesita servicios recibiendo apoyo a medias, pues a los funcionarios se les hace imposible dar solución sin tener las herramientas necesarias, papelería, sellos, equipo de cómputo, etcétera. Pura Caña Ayer domingo, a primera hora, el alcalde de Jojutla, Alberto Cabrera Díaz y la diputada Enoé Salgado Jaimez, inauguraron el nuevo “Campo Deportivo Alfonso Mejía” de la Unidad Morelos, en honor a un ciudadano vecino con este nombre, que fundó este lugar en el que dejó huella por la organización de diversos equipos en la Liga Municipal, que obtuvieron triunfos a través de varias generaciones. Mejía Flores, quien no pudo asistir al homenaje que le rindieron futbolistas y autoridades representativas del municipio, debido a que padece en etapa terminal una enfermedad, también fundó varios equipos en la comunidad de Panchimalco; su empuje y dedicación fue un ejemplo de organización en el deporte local, que finalmente le fue reconocido. A nombre del homenajeado, el reconocimiento lo recibieron sus familiares, Miguel Alberto Ceja, su primo; Martín Trejo Juárez, su yerno; Davis Barrera Mejía, su nieto; Gustavo Carnalla Mejía, su sobrino, entre otros... Mañana martes, entre las 11 y 12 horas, marcharán vecinos de Los Venados a la Subprocuraduría. Recorrerán las principales calles de Jojutla… Ante diversas denuncias por vender alcohol a menores de edad, la policía de Jojutla, realizó un operativo a las 13:30 horas del pasado viernes, y detuvo al menos a 15 adolescentes ebrios, en un billar ubicado en la calle Riva Palacio, en la cabecera municipal… Ayer por la mañana, el secretario municipal de Puente de Ixtla, David Orozco Orañegui, fue rescatado por la policía municipal, al tiempo en que era secuestrado en su propia camioneta al salir de su domicilio ubicado en el centro de la localidad, informaron fuentes locales… Hasta fin deaño. |
jose gorostiza. "Muerte sin Fin". POESÍA...
"MUERTE SIN FIN"
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí ?ahíto? me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
?más resabio de sal o albor de cúmulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante ?oh paradoja? constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso ?también? más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!
¡Más que vaso ?también? más providente!
Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma sólo advierte
en una transparencia acumulada
que tiñe la noción de Él, de azul.
El mismo Dios,
en sus presencias tímidas,
ha de gastar la tez azul
y una clara inocencia imponderable,
oculta al ojo, pero fresca al tacto,
como este mar fantasma en que respiran
?peces del aire altísimo?
los hombres.
¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul!
Un coagulado azul de lontananza,
un circundante amor de la criatura,
en donde el ojo de agua de su cuerpo
que mana en lentas ondas de estatura
entre fiebres y llagas;
en donde el río hostil de su conciencia
¡agua fofa, mordiente, que se tira,
ay, incapaz de cohesión al suelo!
en donde el brusco andar de la criatura
amortigua su enojo,
se redondea
como una cifra generosa,
se pone en pie, veraz, como una estatua.
¿Qué puede ser ?si no? si un vaso no?
Un minuto quizá que se enardece
hasta la incandescencia,
que alarga el arrebato de su brasa,
ay, tanto más hacia lo eterno mínimo
cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.
Un cóncavo minuto del espíritu
que una noche impensada,
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
con el vuelo del pájaro,
estalla en él como un cohete herido
y en sonoras estrellas precipita
su desbandada pólvora de plumas.
Mas en la médula de esta alegría,
no ocurre nada, no;
sólo un cándido sueño que recorre
las estaciones todas de su ruta
tan amorosamente
que no elude seguirla a sus infiernos,
ay, y con qué miradas de atropina,
tumefactas e inmóviles, escruta
el curso de la luz, su instante fúlgido,
en la piel de una gota de rocío;
concibe el ojo
y el intangible aceite
que nutre de esbeltez a la mirada;
gobierna el crecimiento de las uñas
y en la raíz de la palabra esconde
el frondoso discurso de ancha copa
y el poema de diáfanas espigas.
Pero aún más ?porque en su cielo impío
nada es tan cruel como este puro goce?
somete sus imágenes al fuego
de especiosas torturas que imagina
?las infla de pasión,
en la prisma del llanto las deshace,
las ciega con el lustre de un barniz,
las satura de odios purulentos,
rencores zánganos
como una mala costra,
angustias secas como la sed del yeso.
Pero aún más ?porque, inmune a la mácula,
tan perfecta crueldad no cede a límites?
perfora la substancia de su gozo
con rudos alfileres;
piensa el tumor, la úlcera y el chancro
que habrán de festonar la tez pulida,
toma en su mano etérea a la criatura
y la enjuta, la hincha o la demacra,
como a un copo de cera sudorosa,
y en un ilustre hallazgo de ironía
la estrecha enternecido
con los brazos glaciales de la fiebre.
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su término inminente
y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacación
su domingo de gracia allá en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla
se regala en el ánimo
para gustar la miel de sus vigilias!
Pero el ritmo es su norma, el solo paso,
la sola marcha en círculo, sin ojos;
así, aun de su cansancio, extrae
¡hop!
largas cintas de cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que ?hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros?
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueño de garza anochecido a plomo
que cambia sí de pie, mas no de sueño,
que cambia sí la imagen,
mas no la doncellez de su osadía
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio,
sí, como una semilla enamorada
que pudiera soñarse germinando,
probar en el rencor de la molécula
el salto de las ramas que aprisiona
y el gusto de su fruta prohibida,
ay, sin hollar, semilla casta,
sus propios impasibles tegumentos.
¡Oh inteligencia, soledad en llamas
que todo lo concibe sin crearlo!
Finge el calor del lodo,
su emoción de substancia adolorida,
el iracundo amor que lo embellece
y lo encumbra más allá de las alas
a donde sólo el ritmo
de los luceros llora,
mas no le infunde el soplo que lo pone en pie
y permanece recreándose a sí misma,
única en Él, inmaculada, sola en Él,
reticencia indecible,
amoroso temor de la materia,
angélico egoísmo que se escapa
como un grito de júbilo sobre la muerte
?oh inteligencia, páramo de espejos!
helada emanación de rosas pétreas
en la cumbre de un tiempo paralítico;
pulso sellado;
como una red de arterias temblorosas,
hermético sistema de eslabones
que apenas se apresura o se retarda
según la intensidad de su deleite;
abstinencia angustiosa
que presume el dolor y no lo crea,
que escucha ya en la estepa de sus tímpanos
retumbar el gemido del lenguaje
y no lo emite;
que nada más absorbe las esencias
y se mantiene así, rencor sañudo,
una, exquisita, con su dios estéril,
sin alzar entre ambos
la sorda pesadumbre de la carne,
sin admitir en su unidad perfecta
el escarnio brutal de esa discordia
que nutren vida y muerte inconciliables,
siguiéndose una a otra
como el día y la noche,
una y otra acampadas en la célula
como en un tardo tiempo de crepúsculo,
ay, una nada más, estéril, agria,
con Él, conmigo, con nosotros tres;
como el vaso y el agua, sólo una
que reconcentra su silencio blanco
en la orilla letal de la palabra
y en la inminencia misma de la sangre.
¡ALELUYA, ALELUYA!
Iza la flor su enseña,
agua, en el prado.
¡Oh, qué mercadería
de olor alado!
¡Oh, qué mercadería
de tenue olor!
¡cómo inflama los aires
con su rubor!
¡Qué anegado de gritos
está el jardín!
«¡Yo, el heliotropo, yo!»
«¿Yo? El jazmín.»
Ay, pero el agua,
ay, si no huele a nada.
Tiene la noche un árbol
con frutos de ámbar;
tiene una tez la tierra,
ay, de esmeraldas.
El tesón de la sangre
anda de rojo;
anda de añil el sueño;
la dicha, de oro.
Tiene el amor feroces
galgos morados;
pero también sus mieses,
también sus pájaros.
Ay, pero el agua,
ay, si no luce a nada.
Sabe a luz, a luz fría,
sí, la manzana.
¡Qué amanecida fruta
tan de mañana!
¡Qué anochecido sabes,
tú, sinsabor!
¡cómo pica en la entraña
tu picaflor!
Sabe la muerte a tierra,
la angustia a hiel.
Este morir a gotas
me sabe a miel.
Ay, pero el agua,
ay, si no sabe a nada.
[BAILE]
Pobrecilla del agua,
ay, que no tiene nada,
ay, amor, que se ahoga,
ay, en un vaso de agua.
En el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma
?ciertamente.
Trae una sed de siglos en los belfos,
una sed fría, en punta, que ara cauces
en el sueño moroso de la tierra,
que perfora sus miembros florecidos,
como una sangre cáustica,
incendiándolos, ay, abriendo en ellos
desapacibles úlceras de insomnio.
Más amor que sed; más que amor, idolatría,
dispersión de criatura estupefacta
ante el fulgor que blande
?germen del trueno olímpico? la forma
en sus netos contornos fascinados.
¡Idolatría, sí idolatría!
Mas no le basta el ser un puro salmo,
un ardoroso incienso de sonido;
quiere, además, oírse.
Ni le basta tener sólo reflejos
?briznas de espuma
para el ala de luz que en ella anida;
quiere, además, un tálamo de sombra,
un ojo,
para mirar el ojo que la mira.
En el lago, en la charca, en el estanque,
en la entumida cuenca de la mano,
se consuma este rito de eslabones,
este enlace diabólico
que encadena el amor a su pecado.
En el nítido rostro sin facciones
el agua, poseída,
siente cuajar la máscara de espejos
que el dibujo del vaso le procura.
Ha encontrado, por fin,
en su correr sonámbulo,
una bella, puntual fisonomía.
Ya puede estar de pie frente a las cosas.
Ya es ella también, aunque por arte
de estas limpias metáforas cruzadas,
un encendido vaso de figuras.
El camino, la barda, los castaños,
para durar el tiempo de una muerte
gratuita y prematura, pero bella,
ingresan por su impulso
en el suplicio de la imagen propia
y en medio del jardín, bajo las nubes,
descarnada lección de poesía,
instalan un infierno alucinante.
Pero el vaso en sí mismo no se cumple.
Imagen de una deserción nefasta
¿qué esconde en su rigor inhabitado,
sino esta triste claridad a ciegas,
sino esta tentaleante lucidez?
Tenedlo ahí, sobre la mesa, inútil.
Epigrama de espuma que se espiga
ante un auditorio anestesiado,
incisivo clamor que la sordera
tenaz de los objetos amordaza,
flor mineral que se abre para adentro
hacia su propia luz,
espejo ególatra
que se absorbe a sí mismo contemplándose.
Hay algo en él, no obstante, acaso un alma,
el instinto augural de las arenas,
una llaga tal vez que debe al fuego,
en donde le atosiga su vacío.
Desde este erial aspira a ser colmado.
En el agua, en el vino, en el aceite,
articula el guión de su deseo;
se ablanda, se adelgaza;
ya su sobrio dibujo se le nubla,
ya embozado en el giro de un reflejo,
en un llanto de luces se liquida.
Mas la forma en sí misma no se cumple.
Desde su insigne trono faraónico,
magnánima,
deífica,
constelada de epítetos esdrújulos,
rige con hosca mano de diamante.
Está orgullosa de su orondo imperio.
¡En las augustas pituitarias de ónice
no juega, acaso, el encendido aroma
con que arde a sus pies la poesía?
¡Ilusión, nada más gentil narcótico
que puebla de fantasmas los sentidos!
Pues desde ahí donde el dolor emite
¡oh turbio sol de podre!
el esmerado brillo que lo embosca,
ay, desde ahí, presume la materia
que apenas cuaja su dibujo estricto
y ya es un jardín de huellas fósiles,
estruendoso fanal,
rojo timbre de alarma en los cruceros
que gobierna la ruta hacia otras formas.
La rosa edad que esmalta su epidermis
?senil recién nacida?
envejece por dentro a grandes siglos.
Trajo puesta la proa a lo amarillo.
El aire se coagula entre sus poros
como un sudor profuso
que se anticipa a destilar en ellos
una esencia de rosas subterráneas.
Los crudos garfios de su muerte suben,
como musgo, por grietas inasibles,
ay, la hostigan con tenues mordeduras
y abren hueco por fin a aquel minuto
?¡miradlo en la lenteja del reloj,
neto, puntual, exacto,
correrse un eslabón cada minuto!?
cuando al soplo infantil de un parpadeo,
la egregia masa de ademán ilustre
podrá caer de golpe hecha cenizas.
No obstante ?¿por qué no?? también en ella
tiene un rincón el sueño,
árido paraíso sin manzana
donde suele escaparse de su rostro,
por el rostro marchito del espectro
que engendra aletargada, su costilla.
El vaso de agua es el momento justo.
En su audaz evasión se transfigura,
tuerce la órbita de su destino
y se arrastra en secreto hacia lo informe.
La rapiña del tacto no se ceba
?aquí, en el sueño inhóspito?
sobre el templado nácar de su vientre,
ni la flauta Don Juan que la requiebra
musita su cachonda serenata.
El sueño es cruel,
ay, punza, roe, quema, sangra, duele.
Tanto ignora infusiones como ungüentos.
En los sordos martillos que la afligen
la forma da en el gozo de la llaga
y el oscuro deleite del colapso.
Temprana madre de esa muerte niña
que nutre en sus escombros paulatinos,
anhela que se hundan sus cimientos
bajo sus plantas, ay, entorpecidas
por una espesa lentitud de lodo;
oye nacer el trueno del derrumbe;
siente que su materia se derrama
en un prurito de ácidas hormigas;
que, ya sin peso, flota
y en un claro silencio se deslíe.
Por un aire de espejos inminentes
¡oh impalpables derrotas del delirio!
cruza entonces, a velas desgarradas,
la airosa teoría de una nube.
En la red de cristal que la estrangula,
el agua toma forma,
la bebe, sí, en el módulo del vaso,
para que éste también se transfigure
con el temblor del agua estrangulada
que sigue allí, sin voz, marcando el pulso
glacial de la corriente.
Pero el vaso
?a su vez?
cede a la informe condición del agua
a fin de que ?a su vez? la forma misma,
la forma en sí, que está en el duro vaso
sosteniendo el rencor de su dureza
y está en el agua de aguijada espuma
como presagio cierto de reposo,
se pueda sustraer al vaso de agua;
un instante, no más,
no más que el mínimo
perpetuo instante del quebranto,
cuando la forma en sí, la pura forma,
se abandona al designio de su muerte
y se deja arrastrar, nubes arriba,
por ese atormentado remolino
en que los seres todos se repliegan
hacia el sopor primero,
a construir el escenario de la nada.
Las estrellas entonces ennegrecen.
Han vuelto al dardo insomne
a la noche perfecta de su aljaba.
Porque en el lento instante del quebranto,
cuando los seres todos se repliegan
hacia el sopor primero
y en la pira arrogante de la forma
se abrasan, consumidos por su muerte
?¡ay, ojos, dedos, labios,
etéreas llamas del atroz incendio!?
el hombre ahoga con sus manos mismas,
en un negro sabor de tierra amarga,
los himnos claros y los roncos trenos
con que cantaba la belleza,
entre tambores de gangoso idioma
y esbeltos címbalos que dan al aire
sus golondrinas de latón agudo;
ay, los trenos e himnos que loaban
la rosa marinera
que consuma el periplo del jardín
con sus velas henchidas de fragancia;
y el malsano crepúsculo de herrumbre,
amapola del aire lacerado
que se pincha en las púas de un gorjeo;
y la febril estrella, lis de calosfrío,
punto sobre las íes
de las tinieblas;
y el rojo cáliz del pezón macizo,
sola flor de granado
en la cima angustiosa del deseo,
y la mandrágora del sueño amigo
que crece en los escombros cotidianos
?ay, todo el esplendor de la belleza
y el bello amor que la concierta toda
en un orbe de imanes arrobados.
Porque el tambor rotundo
y las ricas bengalas que los címbalos
tremolan en la altura de los cantos,
se anegan, ay, en un sabor de tierra amarga,
cuando el hombre descubre en sus silencios
que su hermoso lenguaje se le agosta,
se le quema ?confuso? en la garganta,
exhausto de sentido;
ay, su aéreo lenguaje de colores,
que así se jacta del matiz estricto
en el humo aterrado de sus sienas
o en el sol de sus tibios bermellones;
él, que discurre en la ansiedad del labio
como una lenta rosa enamorada;
él, que cincela sus celos de paloma
y modula sus látigos feroces;
que salta en sus caídas
con un ruidoso síncope de espumas;
que prolonga el insomnio de su brasa
en las mustias cenizas del oído;
que oscuramente repta
e hinca enfurecido la palabra
de hiel, la tuerta frase de ponzoña;
él que labra el amor del sacrificio
en columnas de ritmos espirales,
sí, todo él, lenguaje audaz del hombre,
se le ahoga ?confuso? en la garganta
y de su gracia original no queda
sino el horror de un pozo desecado
que sostiene su mueca de agonía.
Porque el hombre descubre en sus silencios
que su hermoso lenguaje se le agosta
en el minuto mismo del quebranto,
cuando los peces todos
que en cautelosas órbitas discurren
como estrellas de escamas, diminutas,
por la entumida noche submarina,
cuando los peces todos
y el ulises salmón de los regresos
y el delfín apolíneo, pez de dioses,
deshacen su camino hacia las algas;
cuando el tigre que huella
la castidad del musgo
con secretas pisadas de resorte
y el bóreas de los ciervos presurosos
y el cordero Luis XV, gemebundo,
y el león babilónico
que añora el alabastro de los frisos
?¡flores de sangre, eternas,
en el racimo inmemorial de las especies!?
cuando todos inician el regreso
a sus mudos letargos vegetales;
cuando la aguda alondra se deslíe
en el agua del alba,
mientras las aves todas
y el solitario búho que medita
con su antifaz de fósforo en la sombra,
la golondrina de escritura hebrea
y el pequeño gorrión, hambre en la nieve,
mientras todas las aves se disipan
en la noche enroscada del reptil;
cuando todo ?por fin? lo que anda o repta
y todo lo que vuela o nada, todo,
se encoge en un crujir de mariposas,
regresa a sus orígenes
y al origen fatal de sus orígenes,
hasta que su eco mismo se reinstala
en el primer silencio tenebroso.
Porque los bellos seres que transitan
por el sopor añoso de la tierra
?¡tragos de sangre, libres,
en la pantalla de su sueño impuro!?
todos se dan a un frenesí de muerte,
ay, cuando el sauce
acumula su llanto
para urdir la substancia de un delirio
en que ?¡tú! ¡yo! ¡nosotros!? de repente,
a fuerza de atar nombres destemplados,
ay, no le queda sino el tronco prieto,
desnudo de oración ante su estrella;
cuando con él, desnudos, se sonrojan
el álamo temblón de encanecida barba
y el eucalipto rumoroso,
témpano de follaje
y tornillo sin fin de la estatura
que se pierde en las nubes, persiguiéndose;
y también el cerezo y el durazno
en su loca efusión de adolescentes
y la angustia espantosa de la ceiba
y todo cuanto nace de raíces,
desde el heroico roble hasta la impúbera
menta de boca helada;
cuando las plantas de sumisas plantas
retiran el ramaje presuntuoso,
se esconden en sus ásperas raíces
y en la acerba raíz de sus raíces
y presas de un absurdo crecimiento
se desarrollan hacia la semilla,
hasta quedar inmóviles
¡oh cementerios de talladas rosas!
en los duros jardines de la piedra.
Porque desde el anciano roble heroico
hasta la impúbera
menta de boca helada,
ay, todo cuanto nace de raíces
establece sus tallos paralíticos
en los duros jardines de la piedra,
cuando el rubí de angélicos melindres
y el diamante iracundo
que fulmina a la luz con un reflejo,
más el ario zafir de ojos azules
y la geórgica esmeralda que se anega
en el abrilde su robusta clorofila,
una a una, las piedras delirantes,
con sus lindas hermanas cenicientas,
turquesa, lapislázuli, alabastro,
pero también el oro prisionero
y la plata de lengua fidedigna,
ingenuo ruiseñor de los metales
que se ahoga en el agua de su canto;
cuando las piedras finas
y los metales exquisitos, todos,
regresan a sus nidos subterráneos
por las rutas candentes de la llama,
ay, ciegos de su lustre,
ay, ciegos de su ojo,
que el ojo mismo,
como un siniestro pájaro de humo,
en su aterida combustión se arranca.
Porque raro metal o piedra rara,
así como la roca escueta, lisa,
que figura castillos
con sólo naipes de aridez y escarcha,
y así la arena de arrugados pechos
y el humus maternal de entraña tibia,
ay, todo se consume
con un mohíno crepitar de gozo,
cuando la forma en sí, la forma pura,
se entrega a la delicia de su muerte
y en su sed de agotarla a grandes luces
apura en una llama
el aceite ritual de los sentidos,
que sin labios, sin dedos, sin retinas,
sí paso a paso, muerte a muerte, locos,
se acogen a sus túmidas matrices,
mientras unos a otros se devoran
al animal, la planta
a la planta, la piedra
a la piedra, el fuego
al fuego, el mar
al mar, la nube
a la nube, el sol
hasta que todo este fecundo río
de enamorado semen que conjuga,
inaccesible al tedio,
el suntuoso caudal de su apetito,
no desemboca en sus entrañas mismas,
en el acre silencio de sus fuentes,
entre un fulgor de soles emboscados,
en donde nada es ni nada está,
donde el sueño no duele,
donde nada ni nadie, nunca, está muriendo
y solo ya, sobre las grandes aguas,
flota el Espíritu de Dios que gime
con un llanto más llanto aún que el llanto,
como si herido ?¡ay, Él también!? por un cabello
por el ojo en almendra de esa muerte
que emana de su boca,
hubiese al fin ahogado su palabra sangrienta.
¡ALELUYA, ALELUYA!
¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una espesa fatiga,
un ansia de trasponer
estas lindes enemigas,
este morir incesante,
tenaz, esta muerte viva,
¡oh Dios! que te está matando
en tus hechuras estrictas,
en las rosas y en las piedras,
en las estrellas ariscas
y en la carne que se gasta
como una hoguera encendida,
por el canto, por el sueño,
por el color de la vista.
¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
ay, una ciega alegría,
un hambre de consumir
el aire que se respira,
la boca, el ojo, la mano;
estas pungentes cosquillas
de disfrutarnos enteros
en sólo un golpe de risa,
ay, esta muerte insultante,
procaz, que nos asesina
a distancia, desde el gusto
que tomamos en morirla,
por una taza de té,
por una apenas caricia.
¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una muerte de hormigas
incansables, que pululan
¡oh Dios! sobre tus astillas,
que acaso te han muerto allá,
siglos de edades arriba,
sin advertirlo nosotros,
migajas, borra, cenizas
de ti, que sigues presente
como una estrella mentida
por su sola luz, por una
luz sin estrella, vacía,
que llega al mundo escondiendo
su catástrofe infinita.
[BAILE]
Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!
José Gorostiza
OCTAVIO PAZ. "PIEDARA DEL SOL". poesía...
PIEDRA DE SOL un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,
un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,
una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,
voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,
voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,
tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,
voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,
corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,
a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,
busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,
busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,
tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,
rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,
no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,
sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,
mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,
oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:
frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,
no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,
miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,
¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — "ya es muy tarde"
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,
Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,
todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo pedilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombe de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;
amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;
mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;
sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,
no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas "(el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacadosen la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?
—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,
—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,
Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,
puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,
puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias...
quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre. México, 1957 la jornada cultural. POESÍA
Juan Domingo Argüelles
1968: Poesía e historia en México (II Y ÚLTIMA)
Para Octavio Paz, los signos siempre están en rotación, y el concepto de “poesía en movimiento” se concretará, en 1966, en la antología de poesía mexicana más representativa del siglo xx. En 1968 Paz publica sus célebres Discos visuales, en colaboración con Vicente Rojo; de este año datan también sus topoemas, que el poeta definió del siguiente modo: “Poesía espacial, por oposición a la poesía temporal, discursiva. Recurso contra el discurso.” El concepto de poesía se amplía, se transforma, experimenta una mutación estética o, como dijera Cortázar, una transgresión a la convención literaria.
En el escenario latinoamericano de esa época, en 1968, el Premio Casa de las Américas, que se convoca en Cuba, es obtenido, en el género de poesía, por el peruano Antonio Cisneros, con un libro que refleja perfectamente esta voluntad de ruptura: Canto ceremonial contra un oso hormiguero, que es, como bien lo señaló en su momento el crítico Saúl Yurkiévich, una forma distinta de poetizar, provocando “una reducción humorística al absurdo, una sutil oscilación entre sacralización y desacralización, entre lo prestigioso y lo pedestre. Sus súbitas amplificaciones por inflación literaria (uso de cultismos, de metáforas consagradas, de estilo heroico, de distanciamiento mayestático, de vocativos clásicos), por sorpresivas escapadas a lo fantástico y a lo maravilloso, distorsionan sabiamente la representación, la dotan de movilidad, multiplican sus planos, la tornan plurivalente”.
José Emilio Pacheco |
Y en México, al igual que en otros países latinoamericanos, 1968 es fecha clave para la mutación de la poesía y su retórica. La poesía oscila entre la experimentación del lenguaje o, más precisamente, del habla poética (como especificara Paz) y la denuncia social, en la medida en que “el poeta se contenta cada vez menos con el oficio de escribir, con el confinamiento de la literatura, con la exclusiva acción textual” (como explicara Yurkiévich).
A esta oscilación responde, sin duda, el primer libro que obtiene el Premio de Poesía Aguascalientes, en 1968, Espejo humeante, de Juan Bañuelos, oscilación que refleja el contexto de la época y que seguirá presente en mayor o en menor medida en los libros que obtienen el galardón en los siguientes años inmediatos: No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969), de José Emilio Pacheco; Contracantos (1970), de Uwe Frisch, y Estado de sitio (1971), de Óscar Oliva.
Para estos poetas, la poesía ya no es más la inmutabilidad de la preceptiva. La poesía se ha transformado. La poesía es otra. Si en un poema anterior a su libro de 1968, Juan Bañuelos había escrito “Me salgo de esta hoja./ No sirve ya el papel./ No sirve el llanto”, en Espejo humeante es más radical cuando afirma: “Quita tu mano de mi carne viva./ Si al fin te vas yo quiero estar despierto,/ Amor. Amor, destruye lo que escriba.”
Juan Bañuelos Fotos: archivo La Jornada |
José Emilio Pacheco, por su parte, dirá en No me preguntes cómo pasa el tiempo: “Escribo unas palabras/ y al minuto/ ya dicen otra cosa,/ significan/ una intención distinta,/ se hacen dóciles/ al Carbono catorce:/ Criptogramas/ de un pueblo remotísimo/ que busca/ la escritura en tinieblas.” (“Aceleración de la historia”.) Y, en otro momento memorable de ese libro, en su poema “Disertación sobre la consonancia”, expresará: “Aunque a veces parezca por la sonoridad del castellano/ que todavía los versos andan de acuerdo con la métrica;/ aunque parta de ella y la atesore y la saquee,/ lo mejor que se ha escrito en el medio siglo último/ poco tienen en común con La Poesía, llamada así/ por académicos y preceptistas de otro tiempo./ Entonces debe plantearse a la asamblea una redefinición/ que amplíe los límites (si aún existen límites),/ algún vocablo menos frecuentado por el invencible desafío de los clásicos./ Un nombre, cualquier término (se aceptan sugerencias)/ que evite las sorpresas y cóleras de quienes/ –tan razonablemente– leen un poema y dicen:/ ‘Esto ya no es poesía.'”
En efecto, a partir de 1968, en México la poesía es otra. El poeta mira su creación, mira su acción, desde el poema mismo. Poesía y crítica conviven y confluyen hacia el significado. La página, que constriñe con sus límites al verso clásico, se altera, las palabras se dispersan, los versos se vuelven prosa de pronto, y el prosaísmo no renuncia al verso. La forma de la escritura es un juego y un riesgo y, con ello, la convención literaria desaparece.
domingo, 9 de diciembre de 2007
ECONOMÍA MEXICANA
Editorial
México: dependencia económica
De acuerdo con un informe de la firma financiera Merrill Lynch, los mercados financieros de las economías emergentes se vieron beneficiados con un “récord de ingreso” en el flujo de capitales equivalente a 33 mil 200 millones de dólares en las últimas 15 semanas, una cantidad por demás importante si se toma en cuenta que representa más de 80 por ciento del total registrado en lo que va del año. El mismo reporte señala que sólo México y Taiwán registraron pérdidas –de 100 millones de dólares cada uno– en las inversiones a sus respectivos mercados financieros, lo que les ha valido el mote de “patitos feos”, en comparación con el resto de las economías emergentes.
La difusión de estos datos arroja un indicador por demás preocupante sobre la economía de nuestro país: si bien el monto de la pérdida en las inversiones no es de suyo escandaloso, sí lo es el hecho de que México resulte cada vez menos atractivo para los capitales bursátiles, en un contexto mundial en que éstos se han desplazado de manera importante a mercados financieros de los llamados países en desarrollo, en buena medida por la incertidumbre generada a partir de la crisis en el sector inmobiliario estadunidense. La situación, aunque alarmante, no resulta extraña, sobre todo si se toma en cuenta la sostenida dependencia que México exhibe, en términos económicos, con respecto a Estados Unidos: nuestro país realiza cerca de 90 por ciento de su comercio exterior con la nación vecina, en tanto que más de la mitad de la inversión extranjera directa es constituida por capital estadunidense.
En este contexto, es de imaginar el impacto negativo que una recesión en la economía de Estados Unidos –causada por una profundización en la crisis que padece el sector inmobiliario de ese país– tendría sobre la mexicana. Esta posibilidad ha sido desestimada por el titular del Ejecutivo federal –quien ha asegurado que “no habrá crisis” gracias a la solidez de las finanzas nacionales–, pero persisten las advertencias que contravienen su optimismo: el Banco de México ha asegurado, en semanas recientes, que “ha aumentado el riesgo de que el debilitamiento de la economía de Estados Unidos (…) tenga una repercusión negativa (…) en México”; la Secretaría de Economía ha advertido que la desaceleración estadunidense pudiera provocar una caída en la inversión extranjera en el siguiente año, y el presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Guillermo Prieto Treviño, ha afirmado que ese hecho se podría traducir en “una grave crisis de confianza” que acabe por afectar a la economía mexicana. La crisis del sector inmobiliario estadunidense ya se ha traducido en un estancamiento en el flujo de las remesas que los connacionales envían a sus familias en México y, a la luz de los datos difundidos por Merrill Lynch, también en pérdidas de inversiones en el mercado financiero.
En conjunto, estos elementos dan cuenta de la vulnerabilidad en que se encuentra la economía del país. Al negarlos, el gobierno mexicano pone de manifiesto una falta inaceptable del más elemental sentido económico. Es pertinente, por tanto, que el grupo gobernante comience a atender estos signos y reconozca la urgencia de reactivar el mercado interno, como una medida para contrarrestar la falta de confianza de inversionistas extranjeros y evitar una nueva crisis que tendría, a no dudarlo, graves consecuencias para la población.
sábado, 8 de diciembre de 2007
jueves, 6 de diciembre de 2007
Magdalena García Durán:
Ojarasca 127 noviembre 2007
Magdalena García Durán:
la justicia secuestrada por las mafias
En memoria de Miguel Luna
La mejor manera de celebrar la liberación de la comerciante y dirigente mazahua Magdalena García Durán es señalando que las autoridades federales y del Estado de México cometieron con ella una grave injusticia, y más, un delito tipificable, al mantenerla en prisión un año y medio sin más motivo que la venganza política y el “escarmiento” autoritario contra una mujer, para colmo indígena, quien contra toda disuasión violenta se sostuvo del lado de la libertad fiel a su lucha, que no es personal sino colectiva. Nacional.
El gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto, temprano aspirante a la presidencia de la República, enseñó de qué está hecho. No sus millonarias campañas de autopromoción, ni su nexo con peligrosas mafias en la política y la economía. Su mejor retrato es la “decisión de Estado” de escarmentar a doña Magdalena, y enviar un amenazador mensaje al pueblo mazahua: “fuera de mi control, nadie se mueve”. Claro, por encima de aquella acción particular, el mandatario priísta quiso castigar al pueblo de San Salvador Atenco y a quienes se atrevieron a apoyarlo en mayo de 2006.
En confabulación con los gobiernos federales de Vicente Fox y Felipe Calderón, el gobernador de marras y el sistema judicial del Estado de México en su conjunto hicieron golpear y amenazar de muerte a Magdalena; tras vejarla, la procesaron con un desaseado uso de la ley y el orden para “castigarla” sin existir delito alguno, y por sus pistolas le robaron 18 meses de su libertad. De poco sirvió que el mundo entero los viera y supiera. A estos políticos del poder ni esos ojos, ni los mexicanos en particular, les importamos.
Los policías que la patearon y humillaron sin motivo siguen impunes. Como los fiscales y jueces que primero ofendieron la verdad, y luego los amparos y demostraciones de inocencia que se levantaron en defensa de la comerciante originaria de Patria Nueva. En términos judiciales, Magdalena debió salir en noviembre del año pasado. Pero la consigna era castigarla. Así de proporcionalmente absurdos son los procesos que siguen más de cien personas, y las penas de cárcel a los dirigentes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, literalmente secuestrados en un penal para criminales de altísima peligrosidad (y para algunos otros reos políticos similarmente despreciables para los mandones).
Las penas de más de 60 años contra Ignacio del Valle y sus compañeros resultarían risibles de no ser trágicas. Y el fiscal mexiquense todavía quiere más. Cuando vemos las penas impuestas a asesinos seriales, secuestradores, capos del narco y defraudadores de la Nación, con frecuencia no llegan ni a la mitad. En México, son reos de cadena perpetua los luchadores sociales que no se dejan aplastar. Los medios impresos y electrónicos no pestañean para difamar a estos ciudadanos ejemplares y generosos con selectividad cómplice. Y de clase.
Indios, campesinos, estudiantes, guerrilleros con causa. Todos gente pobre, de abajo, que defienden su terruño y así defienden nuestra Nación. Ellos son el “enemigo” que justifica la excepción: represiones brutales, persecución en su vida privada, encarcelamientos sin fundamento, desaparición. Lo estamos viendo hoy mismo en Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Yucatán, Michoacán, San Luis Potosí, Tabasco, Sonora. La neo “celebración” de la masacre de Acteal por parte de la intectualidad burguesa (disculpe el lector lo arcaico del término, pero no hay otro) respira el mismo aire de aplastamiento y arrogancia.
Plumas hay que se burlan con regocijo escatológico de “la viejita de Zongolica” o los “tzotziles alborotados y primitivos” de Chenalhó. Son incapaces de sentir esas muertes; no las conocen, ni comprenden, ni respetan. Al contrario: las desprecian. Y llegan más lejos. Con tal de quitar la responsabilidad de las instituciones en sus muertes y las condiciones que condujeron a ellas, culpan a los pueblos de donde son estas personas, y a las propias víctimas. Ellos, y nadie más, labraron su desgracia, nos quieren decir.
Los sectores encumbrados de la intelectualidad mexicana actúan como partícipes de una guerra de baja intensidad que no quieren ver. Pertenecen a las mismas mafias del poder. De su teta se atascan, en sus aventuras se embarcan. El pueblo mexicano no merece esas élites, como no merece a los gobernantes y los criminales que tienen al país agarrado por la garganta. Tienen miedo. Lo seguirán teniendo.
DE UN FAN DE PANDROCATS
POR ESO, CUANDO ESCUCHAS A LOS PANDROCATS, (OBVIO, SON DE ZACATEPEC, MORELOS) TU CORAZÓN COMO QUE SE INFLA, COMO QUE SE HACE GRANDE, Y EN OTROS MOMENTOS COMO QUE SE TE DESVANECE...COMO QUERIENDO DESPARRAMARSE POR TODOS LADOS...ASÍ, TUS PENSAMIENTOS VIAJAN LEJOS Y RÁPIDO, COMO QUERIENDO ABARCAR TODOS LOS HORIZONTES QUE EXISTAN...
POR ESO, CUANDO ESCUCHAS LAS VOCES DE SUS MAJESTAJESTADES, LOS GATUNOS PANDROSOS, CUANDO CIMBRAN EN TUS TÍMPANOS SUS SONIDOS, TUS PIES COMO QUE SE TROPIEZAN CON LAS NOTAS, Y TE HACEN TRASTABILLAR Y SALTAR Y SORTEAR TODO OBSTÁCULO...Y TE HACEN GIRAR, ROTANDO Y TRASLADÁNDOTE, COMO SI ENTRARAS A UN REMOLINO DE AGRADABLES Y LIBERADORES VÉRTIGOS...
...¡ Y ES QUE ES EL SKA ,
... Y ES QUE ES PANDROCATS !
P.D. SI NO ME CREEN, VEAN ESTOS MINIVIDEOCLIPS...
miércoles, 5 de diciembre de 2007
ANTIGUA AMIGA
HOLA, AMIGA,
¡PASA! ¡PASA POR FAVOR
AL JARDÍN DE MI CASA!
¡TAMBIÉN ES TU HOGAR!
¡SUS PASTOS E INSECTOS
TAMBIÉN SON TUYOS!
AFUERA HACE FRÍO
Y EL MAL ANDA SUELTO,
¡TAN SUELTO Y DESATADO!
¡TAN TRISTE E IMPÍO!
HUBO TIEMPOS MEJORES
QUE HEMOS COMPARTIDO:
TIEMPOS DE ALEGRÍA Y DE BONANZA,
DONDE LO MÍO NO ERA MÍO,
NI LO TUYO ERA TUYO,
SINO QUE DE AMBOS ERA,
COMO EL AIRE,
COMO EL RÍO.
¿Y QUÉ HACEMOS?
ASÍ SON LAS COSAS
QUE DEBEMOS ENFRENTAR,
SOBREVIVIR ES NUESTRA META
Y MOTIVO DE NUESTRO PESAR.
PERO,
¡PASA A MI CASA!
¡TU CASA!
COMPARTAMOS AÚN EL PAN
Y NUESTRO DESTINO.
HEMOS ANDADO JUNTOS
TANTO TIEMPO,
TANTOS AIRES
Y TANTOS RUMBOS.
HEMOS SORTEADO BARRERAS,
CRUZADO DESIERTOS,
Y HECHO CAMINOS.
LAS MISMAS AGUAS NOS HAN BAÑADO,
LOS MISMOS VIENTOS NOS HAN MOVIDO...

