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viernes, 11 de enero de 2008

DEMOS UN PASEO POR ZACATEPEC


DEMOS UN PASEO POR ZACATEPEC

viernes, enero 11, 2008

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EL OBISPO DE LOS PERSEGUIDOS

FOTO:LUIS SUAREZ

Méndez Arceo y el '68

Carlos Fazio

En 1960, San Juan XXIII -como llamaba Sergio Méndez Arceo al papa Roncalli– le dijo: “Usted fórmese su conciencia y proceda tranquilamente.” Y desde entonces, el hombre del aggiornamento en la Iglesia católica mexicana se enfrentó a las corrientes conservadoras y se hizo partidario del diálogo teórico y práctico en su diócesis de Cuernavaca. Se reunió con masones, habló con ateos, se relacionó con protestantes, se opuso a la condenación de los judíos, se hizo amigo de David Alfaro Siqueiros y se sentó junto a él y de sotana en la Cámara de Diputados.
En septiembre de 1966, unas declaraciones de Méndez Arceo, en Caracas, sobre el cura colombiano Camilo Torres, la revolución y la violencia, dieron la vuelta al mundo. Citado por el diario venezolano La Esfera, el obispo de Cuernavaca dijo que “las revoluciones violentas de los pueblos pueden estar en algunos momentos de su historia absolutamente justificadas y ser totalmente lícitas, porque la revolución en el propio sentido de renovación es finalizar lo inacabado o aquello que se puede perfeccionar”. En noviembre del año siguiente, en el Teatro Calderón de la ciudad de Monterrey, don Sergio pronunció la conferencia “Cristianismo y cultura” ante estudiantes de la Universidad de Nuevo León. Allí hizo alusión a la necesidad de un diálogo entre marxistas y cristianos. Andaba, decía el obispo, a campo traviesa, examinando el fenómeno ateo, buscando una convivencia humana que pudiera acabar con “el eclipse de Dios”.
En Morelos, el antecedente zapatista y las luchas libertarias campesinas ayudaron a la conversión de don Sergio. El obispo se nutrió del lenguaje social de la Revolución mexicana y se dejó influenciar por los movimientos sociales liberadores, como el jaramillismo en el campo, experiencias de convivencia colectiva reprimidas con saña. Su historia personal y ese caldo de cultivo lo pusieron en el campo sin fin del anuncio profético. Su palabra se hizo oír una vez más en septiembre de 1968. El país era una caldera que explotaba. El movimiento estudiantil había catalizado las frustraciones de participación de obreros y campesinos en la suma de frustraciones, y el poder civil no lo había comprendido. Se había cerrado.
Estaba en plena vigencia el artículo 130 de la Constitución y estaban acuartelados los cuerpos represivos cuando, el domingo 22 de septiembre, Méndez Arceo anunciaba desde su cátedra, angustiosamente, recordando las palabras del profeta Isaías: “Me aterroriza ser perro mudo [ …] Me conmueven las impotencias, las inconformidades, las frustraciones, las impaciencias, las rebeldías de los jóvenes ante las estructuras inoperantes.” Allí, dentro de los muros de la catedral, frente a los campesinos pobres de Morelos, don Sergio dijo que había pasado días suplicando una luz para no dejar a los hombres sin la palabra de Dios en los sacudimientos del conflicto estudiantil. “También nosotros, tus obispos mexicanos, hemos anunciado en tu nombre la injusticia de la marginación, de la discriminación, de la pobreza institucionalizada”, prosiguió su homilía. “Hemos manifestado los temores de que la violencia de un orden envejecido llegase a provocar la violencia de los oprimidos o impotentes.” Reconoció que los obispos mexicanos habían sido “tímidos” al hablar de las inquietudes de los jóvenes y de las causas que las provocan. Y como los profetas, tronó:
No entiendo el legalismo, la dureza, la incomprensión, la amenaza, la impaciencia del poder; me confunden sus pasos contradictorios, el empleo de la fuerza violenta, la ausencia de su flexibilidad tradicional. Me hace hervir la sangre la mentira, la deformación de la verdad, la ocultación de los hechos, la autocensura cobarde, la venalidad, la miopía de casi todos los medios de comunicación. Me indigna el aferramiento a sus riquezas, el ansia de poder, la ceguera afectada, el olvido de la historia, los pretextos de la salvaguardia del orden, la pantalla del progreso y del auge económico, la ostentación de sus fiestas religiosas y profanas, el abuso de la religión, que hacen los privilegiados.
No me sorprende, pero lamento la falta de continuidad en el diálogo no acertadamente iniciado, único escape para la crisis de autoridad y de obediencia [ ...] Se me entenebrece el porvenir de la libertad en la investigación, en la expresión, en la acción de ciudadanos responsables, consagrados, aun con errores, al desarrollo integral de México, cuando miro los rostros adustos, muchos inexpresivos, de nuestros soldados obligados a la represión.
Sintió compasión por quienes utilizaban a la Iglesia para calumniar e injuriar al movimiento estudiantil, los mismos que antes lo habían denostado a él. Supo percibir aquel día los anhelos juveniles, las críticas y deseo de cambio de los estudiantes. “Me ilusiona contemplar en este movimiento la aurora de un despertar cívico, en el encuentro de las generaciones, el toque de trompeta inconfundible de las exigencias de un cambio rápido y profundo. Estoy seguro de que en un próximo futuro ni el lenguaje, ni las actitudes serán las mismas en nuestra Nación.” Todavía, pidió que se le concediera serenidad a la Iglesia en su crisis de crecimiento: “Arráncale la añoranza de la paz fundada en el olvido”, dijo.
Como muchas veces antes, su palabra fue seguida de un profundo silencio institucional. El 2 de octubre, la Plaza de las Tres Culturas se convirtió en una ratonera para miles de estudiantes. El Ejército disparó sobre una multitud inerme y hubo más de quinientos muertos; sólo treinta y cinco según la versión oficial. La masacre y el horror dieron la vuelta al mundo y exhibieron el paroxismo criminal del presidente Gustavo Díaz Ordaz, el “padre colérico” que escindió de un tajo la vida pública de México. La matanza de Tlatelolco fue un parteaguas. El país vitrina hecho añicos. México también era América Latina.

El 27 de octubre, durante su homilía, don Sergio volvió a decir que “ante los acontecimientos que nos llenan de vergüenza y de tristeza [ ...] hay que considerar positivo y consolador el hecho de que los jóvenes hayan despertado así a una conciencia política y social, y que aporten a México una esperanza que es nuestro deber alentar”. En Ciudad de México los Juegos Olímpicos llegaban a su fin. Recordó el hecho y propuso “inaugurar la Olimpíada del civismo con una amnistía general”. Y clamó una vez más en el desierto: “Que la certidumbre en los estudiantes y en la ciudadanía de la magnanimidad y del respeto a la justicia y del imperio de la libertad, borre el temor de que tenga lugar en México, después de las Olimpíadas, un periodo de dureza, de represión, de mano férrea, de persecución al pensamiento y a su expresión.”
Al cumplirse el primer aniversario de la matanza de Tlatelolco, el obispo convocó con discreción a un grupo de sacerdotes a concelebrar una misa “que a muchos podría extrañar y muchos podrían desfigurar”, en solidaridad “con los hermanos muertos el 2 de octubre, porque en tal singular acontecimiento nos vimos todos los mexicanos representados”. La homilía de don Sergio confirmó su pensamiento cristiano en relación con la vida de este mundo, en un momento difícil. Dijo: “El trascendental acontecimiento de Tlatelolco, punto álgido de una serie de acontecimientos de alcance nacional, no debe escamotearse a la reflexión madura del cristiano mexicano, como lo ha hecho inexplicablemente la prensa hoy, en lugar de contribuir al desarrollo integral de nuestra nación, con la consideración serena y el análisis justo de nuestras realidades inocultables.” Tras algunas citas del Evangelio de Mateo, agregó:
Descendamos, hermanos, con el riesgo de todo anuncio concreto a semejanza del riesgo del Señor: el culto al poder económico, opresor, desilusionante, inhumano, ha tomado la forma de sistema de la producción, del consumo, de la acumulación, de la propiedad ilimitada, es decir, del capitalismo –en cualquiera de sus formas– que la Populorum Progressio describió como sistema nefasto, causa de muchos sufrimientos injustos [ … ] Esta es la raíz de muchas inconformidades, fue el origen de nuestra revolución [ … ] La Biblia contiene la condenación irremisible de la violencia de los opresores y estimula la violencia de los oprimidos [ … ] La opción entre la violencia de los opresores y la de los oprimidos se nos impone, y no optar por la lucha de los oprimidos es colaborar con la violencia de los opresores.
¿Había ido demasiado lejos el obispo? ¿No era ése el mismo espíritu y casi la misma letra del grito guevarista que respondía a la violencia de los opresores con la violencia de los oprimidos? En esa misma homilía, y en otras antes y después del 2 de octubre de 1968, don Sergio concedió licitud a la Revolución mexicana y expresó admiración por uno de sus líderes, Emiliano Zapata, tan frecuente como vanamente desacreditado por sectores reaccionarios a causa de la violencia revolucionaria que ejerció. Pastor de almas y no guerrillero, al fin y al cabo, Sergio Méndez Arceo abrió aquella noche, ante los estudiantes, otra alternativa que ya no dependería tanto de ellos como de las circunstancias: “Si hubiera un tercer camino eficaz, la no violencia activa, por ejemplo, el cristiano tendría que optar por ella.”
Citó, de acuerdo con el Concilio Vaticano ii , el decreto sobre libertad religiosa núm.74 que fundamenta la licitud de los ciudadanos de defenderse contra el abuso de autoridad. Con libertad evangélica, andaba rumiando nuevas definiciones y tentaleando nuevos senderos. Allí mismo respondió a las interrogantes que podían perturbar la simple reflexión por los caídos el 2 de octubre, al decir: “No señala la Iglesia ni puede en general señalar la meta o el camino, no propone un socialismo cristiano, como no es debido hablar de democracia cristiana; pero sí estimula el compromiso de buscar, con generosidad y entereza. En nuestras asambleas eucarísticas deberíamos reflexionar en la obligación de compromisos con quienes buscan la superación del esquema violento sobre el que está montada nuestra sociedad capitalista.”
El 10 de diciembre de 1969, los presos políticos comenzaron una huelga de hambre en protesta por la lentitud de los procesos y en reclamo de su libertad. El 12, día de la Virgen de Guadalupe, don Sergio leyó su homilía en la catedral de Cuernavaca y se refirió a los noventa detenidos en huelga de hambre. Pidió a sus fieles solidaridad con los presos políticos. “Todos somos responsables”, dijo. “No podemos permanecer indiferentes y excusarnos [ … ] Pidamos al Señor que ilumine a todos, a los presos y a las autoridades, en especial al Supremo Magistrado, de quien en México, para bien o para mal todo depende, a fin de que, en espera y como anuncio de la transformación de las estructuras de pecado, opresoras e injustas, superando los términos legales, haya un encuentro conciliador en la generosidad de la amnistía inmediata y general.”
La Navidad del '69 el obispo apareció ante la puerta del Palacio Negro de Lecumberri. Allí, descubierto por Elena Poniatowska y el fotógrafo Héctor García, explicó que era su segundo intento por visitar a los presos, “como particular”. La periodista le preguntó si no lo irían a tildar de comunista por visitar a esos hombres que posiblemente no eran creyentes. Don Sergio respondió: “Acaso no han dicho que el Papa es hereje.” De nuevo Poniatowska: “¿Y por qué se está usted portando tan bien, señor obispo?”. “No, Elena, eso no es portarse bien. Es la única reacción posible ante el sufrimiento humano.” Cuando finalmente las autoridades le permitieron entrar, dijo a quienes voluntariamente vivían a base de agua con limón y azúcar: “He venido a regocijarme porque ustedes están trabajando por la liberación.”
Jorge Enrique Botero (Enviado)

Caracas, 10 de enero. El camino hacia la libertad de Clara Rojas y Consuelo González duró más de 20 días y estuvo sembrado de peligros que por poco impiden el rencuentro con sus familiares, dijo hoy la senadora colombiana Piedad Córdoba, quien recibió a las dos mujeres en un remoto paraje del suroriente de Colombia.
En declaraciones a La Jornada, la legisladora dijo que se sorprendió cuando las vió en tan buen estado de salud y admitió que en un principio no las reconoció. “Yo me imaginaba que recibiríamos a dos personas en lamentables estado y cuando las vi desde la ventanilla del helicóptero no podía creer que fueran ellas”, relató.
Tras los abrazos, los saludos y las despedidas, Córdoba hizo con ellas el trayecto desde el lugar de entrega hasta la localidad venezolana de Santo Domingo, y desde allí hasta Caracas, tiempo durante el cual ellas le narraron la odisea de sus últimos días en cautiverio. Según la senadora colombiana, el viaje de las dos mujeres con el pequeño grupo de unos 20 guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que las conducían a su libertad demoró unas tres semanas y se hizo en medio de sucesivos peligros, el mayor de ellos los bombardeos que realizaba la aviación del ejército colombiano sobre el área.
“Su relato me estremeció, pero también me dejó percibir a dos personas totalmente lúcidas, en buen estado de salud que eran capaces hasta de hacer bromas”, dijo Piedad Córdoba. De acuerdo con la senadora, las dos mujeres liberadas hoy pasaron angustiosos momentos cuando sintieron que los bombardeos y las operaciones militares en el área podían frustrar su regreso a la libertad.
Córdoba también reveló que las dos mujeres liberadas trajeron cartas de un grupo de secuestrados con los que compartían cautiverio en la profundidad de la selva amazónica. Entre ellos, dijo, se encuentran el senador Jorge Eduardo Gechem, la diputada Gloria Polanco, el legislador Orlando Beltrán y el ex gobernador del departamento del Meta, Alan Jara. También mencionó al coronel de la policía Luis Mendieta, quien este año cumple 10 años en poder de las Farc.
Tras viajar en helicópteros y aviones del gobierno venezolano, Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo arribaron hacia las cuatro de la tarde al Palacio de Miraflores, donde fueron recibidas por el presidente venezolano, Hugo Chávez. Tras un breve y solemne acto en el patio de armas de la sede de gobierno, el mandatario se reunió con las recién liberadas y sus familiares. Un par de horas antes, los familiares se habían fundido en largos abrazos con Clara y Consuelo a su llegada al aeropuerto Simón Bolívar.
Según Córdoba, tanto Clara Rojas como Consuelo González de Perdomo le pidieron al presidente Chávez que continuara sus gestiones para la liberación de los demás cautivos. Perdomo le comunicó al presidente que las personas que habían quedado en la selva privadas de su libertad le pedían que no desmayara en sus esfuerzos ante las FARC y el gobierno colombiano.
En declaraciones a la radio colombiana minutos después de llegar a Caracas, Clara Rojas, quien tuvo un hijo en cautiverio, fruto de una relación con un guerrillero, narró que el parto se había complicado hasta el punto de poner en riesgo la vida del niño, ante lo cual los enfermeros de la guerrilla optaron por hacerle una cesárea en condiciones extremas. Relató que pasó 40 días en recuperación, durante los cuales una guerrillera hizo las veces de niñera.
Al caer la tarde, las liberadas y sus familiares se refugiaron en las habitaciones de un céntrico hotel de Caracas y anunciaron que mañana atenderán a la prensa.
El gobierno colombiano y la insurgencia han mantenido un largo pulso para la realización de un acuerdo que permita intercambiar guerrilleros presos en las cárceles del Estado por políticos y militares cautivos en la selva.
Tomado del periódico mexicano LA JORNADA...

YA ESCUCHEMOS SUS VOCES


Víctor M. Quintana Silveyra

La rebelión de los inaudibles

Los campesinos tuvieron que bloquear un puente internacional, formar un muro humano en su parte más alta; resistir ahí por 36 horas temperaturas hasta de siete grados bajo cero para que los volvieran a ver, para que los volvieran a oír. Así fue hace cinco años en el arranque del movimiento El campo no aguanta más. Tal parece que sólo cuando se ponen en el umbral del estallamiento la nación voltea a verlos, a escucharlos. Eso reflexiona uno desde el puente Córdoba-Américas en este frío amanecer del año. Cuando la noticia ya se ha regado por toda la República y más allá. Cuando empiezan a llegar las manifestaciones solidarias; cuando se siente que la toma del puente sirvió para detonar decenas de movilizaciones por todas partes, es cuando la mayoría de los medios de comunicación –con muy honrosas excepciones– le espetan a uno: “si había 14 años para la liberación total del comercio agropecuario, ¿por qué hasta ahora se manifiestan?” Hace uno de tripas corazón y le responde educadamente al reportero, a la reportera. Pero luego calla uno junto a los leños y en la soledad de la cobija le da vueltas a lo que está detrás de esta pregunta-reclamo.
Las organizaciones campesinas independientes y sus aliadas llevan por lo menos 17 años de lucha y denuncia ante el TLCAN y sus efectos perversos en el campo y entre los trabajadores. Han desplegado una serie de acciones locales, nacionales e internacionales y tejido relaciones como pocos: han buscado y construido foros, se han fundamentado en los análisis de investigadores y en la labor de periodistas comprometidos. Pero han tenido que enfrentarse a una estrategia múltiple de invisibilización, de inaudibilización por parte de la clase dominante.
Es un hecho que éste es un país en el que sólo unos cuantos tienen derecho a la “visibilidad”, a la “audibilidad”: los políticos, los grandes empresarios, las figuras de la industria mediática, los narcos, o fugazmente, los protagonistas de lo más rojo de la nota roja. Los campesinos, y aún más los indígenas, son invisibles e inaudibles casi por definición. Y eso no es casualidad: hay una estrategia muy clara de invisibilización de los actores sociales de las clases populares por parte de quienes dominan en lo político, en lo económico y en lo simbólico.
A esta estrategia confluyó también el papel traicionero de las cúpulas de la CNC mientras ésta se ostentó como el monopolio de la representación campesina en la República. Durante los sexenios de Salinas y de Zedillo todas las políticas neoliberales de ajuste, todas las medidas anticampesinas, entre ellas la contrarreforma agraria y el TLCAN, fueron respaldadas por las gargantas profundas del cenecismo. Ellos se llevaron los titulares de los periódicos y de los medios electrónicos avasallando a las voces disidentes que auguraban todos los males que a final de cuentas acarreó el TLCAN.
Pero también hicieron inaudibles –o al menos dieron coartada para considerarlas así– las demandas básicas de los campesinos, las contradicciones de sus propias organizaciones.
En momentos clave, sobre el planteamiento básico de rescate de la soberanía alimentaria nacional y de la agricultura campesina, predominaron los celos, los arreglos particulares, las mieles de los financiamientos fáciles o del ser aparentemente tomados en cuenta o incluso los incrementos al presupuesto rural. Entonces se bajó la guardia, se comprometió toda la energía en los programas y en las reglas de operación y se hizo inaudible el reclamo fundante: “fincar la soberanía de la nación en una base alimentaria propia, producida por campesinos e indígenas que de ello vivan dignamente y proporcionen a los consumidores alimentos básicos baratos, de calidad y suificientes”. En el griterío por las decenas de programas y por los millones de pesos apenas se escuchaba el clamor de algunos denunciando la catástrofe del campo y exigiendo la renegociación del TLCAN en materia agropecuaria.
Por eso, ahora que se vuelve a ver la figura de los invisibles, que se vuelve a escuchar la voz de los inaudibles no hay que dejar que se pierda. Ahora que especialistas, académicos, líderes de opinión, organizaciones campesinas, tanto las consecuentes como las contritas, se han unido, hay que fijar bien en los ojos y en la voz el grito fundamental: por la soberanía alimentaria de la nación y el rescate del campo con campesinos e indígenas. Sostenerlo, defenderlo de los cantos de las sirenas de acuerdos y de pactos mezquinos, sustraerlo de las grillas y de los pleitos por el protagonismo, levantarlo como bandera hasta el triunfo, ésa es la gran tarea actual de la nueva revuelta campesina, de la actual rebelión de los inaudibles.
Tomado del periódico mexicano LA JORNADA...

LA REGRESION


Luis Javier Garrido

La regresión

El estallido social que el gobierno panista de facto niega todos los días que se vaya a producir parece, sin embargo, cada vez más cercano por la miopía de quienes se han apoderado del aparato estatal.
1. El proceso político que ha vivido el país entre 1988 y 2000 y en el cual el PAN se ha erigido instrumento de los poderes fácticos, ha sido de una regresión en casi todos los órdenes, y lo que la propaganda oficial insistió en calificar como una “transición democrática” –utilizando los términos que los ideólogos del Pentágono impusieron en América Latina desde los 90–, no ha sido a fin de cuentas más que una operación tendiente a destruir la capacidad soberana del Estado y a cancelar derechos fundamentales del pueblo a fin de poder desmantelar a la nación mexicana.
2. La que ahora se pretende llamar oficialmente “alternancia política”, y que en realidad ha sido desde 1997 un cogobierno del PRI y el PAN, no ha constituido más que una estrategia de recomposición del aparato de dominación política a fin de “legitimar” a las autoridades tras el desgaste de 75 años de gobiernos priístas. Por consiguiente, el Partido Acción Nacional en el gobierno ha negado en los hechos todas sus tesis históricas, y ha sido durante los gobiernos de Fox y de Calderón el partido del fraude electoral, de la corrupción, de la cancelación de los derechos fundamentales del pueblo y de la entrega de los recursos estratégicos de la nación al extranjero.
3. El PAN carece desde hace tiempo de un proyecto y sus actuales cuadros no tienen más propuesta que la de los grupos de la extrema derecha de cualquier país. Desde los años en que Carlos Castillo Peraza fungió como presidente panista (1993-1997) y entendió que el partido fundado por Manuel Gómez Morín carecía ya de una identidad y un proyecto propio, y sus miembros no eran más que pragmatistas de derecha sin escrúpulos, lo vinculó al Partido Popular de España, que se tornó en su modelo, y asumió el perfil neofranquista que tiene ahora como partido del clero conservador, de los empresarios golpistas y de la pequeña burguesía fascistizada.
4. Los panistas en cargos públicos, a nivel estatal como federal, han hecho suyos a su vez todos los vicios que señalaban a los priístas, y han sido mucho más corruptos que aquéllos: han gobernado de manera patrimonialista, obsesionados por los negocios, sin más proyecto político que entregar el país al dominio de las multinacionales para lo cual han recurrido a las prácticas que pretendieron combatir en el PRI durante los 50 años en que fueron una fuerza pequeña de oposición (1939-1988), por lo que reprimen lo mismo a los movimientos sociales –y ahí están encarcelados sin sustento legal Ignacio del Valle, de Atenco, y Flavio Sosa, de la Asamblea Popular de los Pueblo de Oaxaca–, que desaparecen a opositores o acallan a los medios.
5. El gobierno panista de Calderón no oculta su extrema debilidad, pues sabe que es un gobierno sin respaldo social, y ante su compromiso con los poderes trasnacionales para entregarles el sector energético, actúa con pánico frente a un pueblo que a pesar de sus esfuerzos sigue respaldando a López Obrador. De ahí que como todos los poderes de talante totalitario se lance ahora contra las personalidades moderadas y se oponga lo mismo a que Genaro Góngora, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ocupe la presidencia del Instituto Fedela Electoral, que a que la periodista Carmen Aristegui tenga un espacio importante en la radio.
6. El esquema de la actual mecánica del poder no ha sido del todo desastroso para los priístas, pues si el PAN carga con el costo de las políticas antipopulares, la toma de decisiones sigue estando en manos de los priístas. Carlos Salinas de Gortari tiene más poder político que Felipe Calderón, quien actúa como su pelele, no sólo por controlar varias secretarías de Estado y el Congreso (por coducto de de sus esbirros: el senador Manlio Fabio Beltrones y el diputado Emilio Gamboa), sino por su poderío económico, pues es codueño de las principales empresas del país a través de decenas de empresarios que son sus prestanombres, desde Carlos Slim hasta Lorenzo Zambrano, o a los que se encuentra asociados, aquí y en el exterior, desde Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas Pliego hasta Jesús de Polanco.
7. Los panistas, a cambio de no intervenir en las grandes decisiones, tienen sus pequeños cotos de poder y han podido apoderarse del aparato estatal, ponerlo al servicio del clero y de los empresarios, y dedicarse ellos mismos a los negocios impunemente. Calderón ha encubierto los gravísimos actos de corrupción de Fox, Marta Sahagún y sus hijos, no sólo porque le debe la silla presidencial a la que llegó por el fraude, sino porque él mismo y sus allegados están dedicados a hacer negocios ilegales.
8. La prepotencia con la que el aventurero gallego Juan Camilo Mouriño (jefe de la Oficina de la Presidencia y vicepresidente de facto de México) se está apoderando del sector energético (Proceso 1627) sólo rivaliza con la actitud desvergonzada en el tráfico de influencias de los cuñados ya no tan incómodos de Calderón, Juan Ignacio Zavala y Diego Hildebrando Zavala.
9. El panismo de hoy no sorprende por su vocación de traicionar a México y entregar los recursos estratégicos del país al capital trasnacional, ni por su esfuerzo en cancelar los derechos sociales de campesinos y trabajadores, o de atentar contra las garantías constitucionales, pues la experiencia desastrosa del corrupto Vicente Fox ya lo exhibió tanto como ahora lo hace el gobierno ilegítimo de Calderón.
10. Los acuerdos de Salinas y el PAN en 1988 llevaron al país no a la democracia, sino a la grave crisis institucional en que se halla ahora, y el dilema de México es el de hace 20 años, nada más que con el país devastado, amplios sectores de la sociedad confundidos y un pueblo al que ha llegado a sus límites.
Tomado de LA JORNADA...

happy birthday


Es cierto,
nada es falso:

La vida es un camino
lleno de piedras
y espinas,

donde los ríos,
en vez de aguas cristalinas,
son veneros de lágrimas inauditas.

¡Todo es cierto!
¿Cómo podemos negarlo?

Pero, también es verdad
que de las piedras surge el oro,
y ellas ocultan las gemas más finas.

Así como tampoco es mentira
de que las espinas cubren las flores,
las portadoras de vida.

Y, si te has dado cuenta,
en tu apreciada vida,
las lágrimas también son de alegría.

¿Qué podemos hacer?
de barro fuimos creados,
y somos materia que se corrompe
y se transforma:

Pero...por decisión de quien haya sido

...¡Con un Soplo Divino!

...y con una alma y espíritu,
que viajan hasta el infinito,

y que,
con suma de voluntades,
cambiar pueden el mundo.


Panchito...